miércoles, 20 de mayo de 2026

 HIJO, NO ME QUITES LA LUZ TERRENA…



 INICIO En el año 1916, la sociedad vergarense, se vio sacudida en toda su estructura, por el crimen de un hombre apreciado por la comunidad y asesinado, en su propia cama, en la casa de campo donde vivía. Hay que remontar el relato, no solo a ciento diez años atrás sino también a una vida rural, que no ofrecía otro atractivo que el del trabajo constante y la lucha despiadada, donde hombres y mujeres casi de leyendas, consuetudinariamente, tenían que lidiar las 24 horas, con la propia sobrevivencia. Estaban lejos de todo. Las comunicaciones con el mundo exterior se hacían a pata de caballo o a tranco de buey. Y cada mundo interior, se alimentaba de las costumbres, del ejercicio diario sobre la tierra, del honor y del respeto con que se reverenciaba la memoria de los ancestros. Una rueda de fogón, en el rancho más pobre, se convertía en “una Universidad”, donde el conocimiento y la intuición, la aportaban los más viejos, mientras que los más jóvenes eran fieles discípulos, que recogían aquellas experiencias de vida, como quien abre la rudeza muda de un cofre y guarda para sí, las joyas interiores, sin quitarles ni el brillo ni los engarces. La casa de campo, era propiedad de Nicolás Tolentino Olmos Aguilera. Estaba ubicada a unos 12 kilómetros de Vergara, cerca de la Cañada Grande y al fondo de la casa y del campo, donde nació el poeta, escritor, narrador y ensayista Serafín J. García. Ese lugar, años después, era conocido como “La chacra del Nene Padula” y también en el lugar, vivieron las hermanas Brinkerhoff-Machado, muy conocidas en Vergara, por su cultura acorde a una época, su incipiente catolicismo, sus polleras largas, sus labios pintarrajeados y sus desvaríos psiquiátricos que por momentos las aventaban del mundo real y las convertían en seres excéntricos y de cierta peligrosidad. Para el paraje Cañada Grande, el año 1916, era comprar alimentos y ropas a cuenta, en la pulpería de “La Buena Vista”, entrada para la estancia “La Madrugada”, donde una casona de ladrillos y de tejas, albergaba en su interior el negocio del catalán Agustín Olivé, cuyos descendientes, perdieron para siempre el tilde de la última vocal. A veces, transitaban los caminos interiores, las carretas tiradas por bueyes de los hermanos Doroteo Bonifacio o Braulino Alza Guillermo. Ellos, eran quienes traían las noticias del mundo exterior, porque Vergara “estaba lejos” y para ir, había que darse un baño en cualquier curso de agua, vestir las mejores pilchas, calzarse los zuecos más nuevos y “aperar” con esmero al caballo….. Sino, era muy difícil tallar entre los puebleros y un paisano o una familia después que “se encuevan” en los ranchos, hay que sacarlos a ladridos de perros y a pechadas de caballo Así era la vida, donde el Uruguay post-revoluciones de lanzas y de fusiles, conservaba intactos sus caudillos, pero no podía equilibrar los “dos mundos” hoscos y disímiles que tenía en el interior de su geografía. AMBIENTE VERGARENSE…. El pueblo ya había sido declarado con ese rango en marzo de 1903, por iniciativa del Senador Doroteo Navarrete, a la vez que se le cambió de nombre y PUEBLO DE EL PARADO o PARAO pasó a denominarse VERGARA. Don Pepe Batlle, en su calidad de Presidente de la República en 1903, le puso el CÚMPLASE, a la iniciativa de Navarrete. En 1916, existían varios comercios en Vergara de Ramos Generales. Llegaban carretas y diligencias; habían sastres, hojalateros, fotógrafos y retratistas, carpinteros, herreros, lecheros, leñadores, albañiles, carboneros, aguateros, Oficinas de Telégrafo y de Correos, una barraca que compraba frutos del país, faroles a nafta, empotrados en las esquinas del Centro, faroleros, hoteles, curanderos, viejas que ayudaban a nacer a los gurises, “desnucadoras” que nunca se les conoció la identidad, un escribano, mèdico, boticas, un chileno “que sacaba dientes y muelas”, prensa escrita, una Capilla, la Cruz Alta, un Cura, que venía de Treinta y Tres a dar misas y recorría en charret la campaña, bautizando niños, confirmando a otros, casando parejas,dando consejos a las adolescentes y hasta suministrando la extremaunción en aquellos que ya no tenían vuelta…. Los bailes formales y “de capelina” se hacían en el hotel del vasco José Senosiain o en el de Claussen, mientras que los otros “los de cojinillo en la cintura” se hacían en el prostíbulo donde vendían besos y cuerpos: “La Colorada”, “La Bordada”, que se llamaba Isabel Techera o “La Toranza”, que se llamaba Adelaida Méndez. Donde en agosto de 1915, “El Rubio” Padula, lo había limpiado de un tiro a Porfirio Martínez, alias “El Firoca”, proxeneta, ganguero barato y de mala bebida, disparando “El Rubio” para Yaguarón (Brasil) donde vivió y trabajó de carpintero, hasta que prescribió el delito. El auto ya había llegado a Vergara, aunque de pasada, traído por Arturo Cuenca y Lamas,, en setiembre de 1911 y luego, el 5 de noviembre, del mismo año, en una visita protocolar del Dr. Pedro Manini Ríos, con el Ingeniero Víctor Sudriers y el General Basilisio Saravia. Recién en 1917, se establecería el primer auto en la zona, pero había Concejo Auxiliar establecido, Comisaría, Juzgado de Paz, timbas con naipes por varios ranchos, peleas de gallos en la herrería del vasco Gurruchaga y deportes tales, como el fútbol, la pelota de mano y las carreras de caballos, en cancha recta. Habían músicos de guitarra, acordeón de dos hileras, flauta dulce y violín, mientras que desde 1914, el Dr. David Preve, había patentado un tónico creado por sus fórmulas químicas y sustentado por extracto de bazo y sangre vacuna. Su nombre CORYNANTHINA y se vendía en las farmacias de Montevideo. El viejo Pedro Alquilino Icart y Alvariza, tenía servicio de Pompas Fúnebres, arreglaba relojes de bolsillo y de péndulo y era uno de los poquitos que tenía una radio a galena, donde entre el barullo de la estática y la debilidad de la onda magnética expansiva, picoteaba alguna novedad que otra de la Primera Guerra Mundial. Pero la guerra, era lejos y aunque el Uruguay, estaba sufriendo los coletazos económicos de la misma, a la gente, no le daba para detenerse a pensar en el conflicto, una, que no comprendían los hechos, no los negaban ni los justificaban, porque estando el estómago lleno y buena la salud…..”El hombre piensa mejor”- como decía Ruben Lena-...... La gente común no tenía ambiciones, porque las novedades de la ciudad, llegadas desde “Las Europas”, no entraban a los ranchos de paja y terrón ni se sentaban en las ruedas de fogón, con mate amargo y paletas o costillas de oveja, porque el mundo de la radiotelefonía, gateaba y estaba en pañales, todavía… Cuando logró ponerse pantalones largos, abrió candados, derribó puertas, convenció a los indomables y se sentó en la sala, en el galpón o donde fuera, para hacer callar a los contadores de historias y quedarse a vivir para siempre. PROTAGONISTAS…… El Presidente de la República Dr. Feliciano Viera, ordenó ponerle “UN ALTO” a la catarata de reformas que impulsaba el Batllismo de Don Pepe. Era momento de aflojar la cincha a los caballos y dejarlos resollar ….. La guerra venía apretando fiero y antes que reformar y reformar, el Presidente, se preocupó de la economía del país, objetando, que con tiempo se podían realizar las reformas y no dudó un minuto, en seguir adelante con la reforma de la Constitución de 1830. Nicolás Tolentino Olmos Aguilera, era uno de los catorce hijos, entre varones y mujeres, que había concebido la pareja formada por: Ramón Miguel Olmos Méndez y Fausta Aguilera Delfín. Por el lado paterno, Nicolás, era nieto de los esposos: Nicolás Olmos Rodríguez y María Feliciana Méndez Rodríguez. Esta última pareja, tenía campos en Tacuarí y en Cañada de Santos (13a. y 3era. Sección de Cerro Largo) adonde habían llegado cuando el Virreinato Español, con ancestros venidos de las Islas Azores. A estos últimos, súbditos del Reino de Portugal, les entregó tierras el Capitán Agustín de la Rosa, en su afán de perpetuar el dominio español, ante la cercanía de la frontera con el Brasil. De ahí, surgen los Méndez, legatarios de campos en la zona. Cuando la Cisplatina, Nicolás Olmos Rodríguez, además de estanciero fuerte en la zona, desempeñó el cargo de Teniente Alcalde y en 1822, fue de los que simpatizó con el emergente Imperio Brasilero. En el año 1836, se encontraba poblando campos, en la margen izquierda de Corrales del Parao, hoy, 9na. Sección del departamento de Treinta y Tres, sin abandonar las heredades antedichas, en el viejo Cerro Largo. Su prolífica familia, por ejemplo se emparentó con los Teixeira de Mello, que luego pasaron a ser solo “Techera”, con los Megarejo, con los Iguiní, con los Corbo, con los Mier, con los Aguilera, con los Batalla, con los Mariño, con los Mendizábal, con los Guillermo, con los Alza, etc.etc. Mientras que su nieto Nicolás Tolentino Olmos Aguilera, casó con Francisca Caraballo Antoria o Sequeira, hija de brasileros que tenían campos cerca del arroyo del Oro. Con el campo antedicho, en la zona de la Cañada Grande, Olmos, se dedicó a la crianza de ovinos y de vacunos, a la vez que plantaba y sembraba sus campos. Le fueron llegando hijos: Cipriano, Cándido, Heraclio o Eraclio, Eledina y Sixto. Por lo menos, estos, son los que registra la Genealogía. Los hijos, fueron creciendo apegados a la tierra, como debía de ser en el ambiente rural de la época. Sin embargo Cándido, voló joven para Montevideo, donde aprendió el oficio de carpintero y formó su propio hogar. Los datos con los cuales cuento, por momentos se vuelven fragmentos y los fui obteniendo, de la vía oral, de gente que ya no existe y que tampoco tenían muchos detalles de lo ocurrido, aquel trágico 8 de setiembre de 1916. Otros contemporáneos, como Waldemar Vaz Melgarejo, mi prima Berta Cuello, Pachacho González y Walter Ramos, me acercaron versiones que habían escuchado o descubierto en Internet. Al parecer, Cipriano había formado hogar y conocí algunos de sus hijos que vivieron en Vergara: Caraciolo, Fidel, “El Coatí”, otro que víctima de cierta enajenación mental, que casi todos ellos la padecieron en mayor o menor forma, se largó a campear la zona a caballo, sin domicilio fijo y con una guitarra a la espalda, acampando donde cayera y comiendo lo que le dieran, más otro, que joven emigró para Montevideo, donde se hizo muy buen carpintero y en su madurez, padeció la amputación de un tercio de una de sus piernas. La madre de estos Olmos, se llamaba María. Desconozco, el apellido….. EL PARRICIDIO….. Llámase así, al trágico evento donde un hijo, le da muerte a su progenitor. Según la genealogía Nicolás Tolentino Olmos, tendría alrededor de 51 años de edad, aunque Paseyro y Monegal, en su semanario LA FRONTERA, de manifiesto en Internet, no aporta la edad del occiso, ni tampoco si el suceso a destacar, sucedió de día o de noche. Lo cierto fue que el 8 de setiembre de 1916, Cipriano, ingresó al dormitorio del padre Nicolás, que se encontraba acostado y sin darle tiempo a nada, le pegó una puñalada en el abdómen y no conforme con ello, le descerrajó dos tiros, uno, en el vientre y otro en la cabeza…… Muerto el padre, salió en busca de Sixto, que tenía 17 años de edad y ambos cargaron con el cadáver y lo tiraron para adentro de un pozo con agua. Después, Cipriano, agarró una de las ovejas del finado, la degolló y la tiró para adentro del pozo. En sus oscuros y retorcidos laberintos mentales, se le cruzó la idea de que una vez que fuera encontrado el cuerpo del hombre, podrían argumentar que éste, andaba “caponeando” y que al ser descubierto por alguno de los vecinos, había sido atacado y muerto de la peor manera. Pero se le escapó un detalle primordial. La oveja degollada, tenía la señal del finado Nicolás…..Y el crimen, no acepta errores… LO QUE VINO DESPUÉS….. El día 11 de setiembre, un billete anónimo, al parecer dictado o escrito por Francisca Caraballo de Olmos y que lo trajo uno de los hijos del brasiero Germán Cuello da Silva, vecino de la zona, alertó a la Policía de Vergara, de que Nicolás Olmos, yacía muerto en el interior de un pozo con agua, en campos de su propiedad El Comisario José Muiño con gente a su cargo, el Juez de Paz Seccional Vicente Rivero y el Médico de Policía Dr. Andrés Blanco, concurrieron al lugar y asumieron el procedimiento en cuestión. Muiño, hombre de campo como había sido, con experiencia en hechos de sangre, desde su rango de Comisario, enseguida encontró el detalle de la oveja con la señal del establecimiento y como no le convencieron las declaraciones de los tres Olmos-Caraballo, los trajo detenidos para la Comisaría de Vergara, convencido ya, de que uno de ellos era el culpable. Intentaron, alguna que otra coartada, pero Muiño, que no era ni cerca de liviano, no tuvo problemas en mandar “estaquearlos” en el patio de la Seccional. Al poco rato, Cipriano y Sixto, contaron la verdad y corridos los trámites correspondientes, Heraclio, quedó en libertad y los otros dos “con el pasaporte firmado para Montevideo” dado que en ese tiempo, los hechos de sangre aclarados, iban a parar al Juzgado del Crimen, de Montevideo y allí los inculpados, cumplían condenas muy severas en las Penitenciarias de Miguelete o de Punta Carretas. Por otro lado el Dr. Blanco dispuso que el cadáver del infortunado Nicolás Olmos fuera llevado a Treinta y Tres, a efectos de practicarle la autopsia. Se supone, que fue sepultado en el cementerio de Treinta y Tres. Paseyro y Monegal, en su semanario LA FRONTERA, del 13 de setiembre de 1916, aporta los nombres de Cipriano y de Sixto Olmos, a la vez que brinda una síntesis del suceso. El móvil del parricidio, según declaró Cipriano Olmos ante el Comisario Muiño, era eliminar al padre para repartir la herencia con su madre y hermanos..…Le dijo a Muiño, que pensaba sacar el cuerpo del pozo, enterrarlo en el campo y luego pasar por arriba de la tierra removida con un rebaño de ovejas, así las marcas de las pezuñas, borraban toda evidencia. Pero, tal vez sin saberlo, la madre horrorizada le ganó de mano. Otras versiones orales indicaron que Cipriano, quería ir para Montevideo a estudiar el oficio de sastre y luego instalar un taller en Vergara. Para eso, necesitaba plata, pero su padre aducía que no le cerraban las cuentas, para mantenerlo estudiando y todavía, solventar a la familia. La solución, fue eliminar al padre y promover la oscura decisión antedicha. Heraclio, tuvo que hacerse cargo del campo, de los semovientes y convertirse en salvaguarda de su madre, de su cuñada y de sus sobrinos….. Cipriano y Sixto, marcharon para Montevideo a purgar sus penas. Los estigmas verbales y escritos, no demoraron en llegar. Todo el mundo, en varias leguas a la redonda y sorteando más de tres generaciones, se hicieron eco del hecho desafortunado, poniéndole más detalles, llenando de opiniones el asunto y evitando a la familia del parricida, porque en ese caso y siempre, son los más vulnerables de una película que parece no tener final. Juan Paseyro y Monegal, desde su semanario LA FRONTERA, editado en Vergara, también contribuyó a echarle leña al fuego y a juzgar al parricida, como “un verdadero monstruo”..... Cuándo comprenderemos los hombres, qué hay un Código Penal para castigar a los culpables y una Justicia Divina, que a todos nos mide con la misma vara!..... Cuándo comprenderemos los hombres, qué las familias de los delincuentes, son las más vulnerables! Sin embargo “les caemos con el mazo y la porra” cuando están atravesando su propio duelo….. Hoy, mientras escribo estas líneas, pienso en los problemas psiquiátricos que tenían Fidel, Caraciolo, “El Coatí”, el otro que andaba a caballo atravesando mundos de fantasía, con su guitarra, con su mirada “sin mirar”, mal vestido, con un apero maltrecho, viviendo de la caridad, etc. sumados a los prejuicios de una sociedad que limita, que critica perfecciones e imperfecciones sin mirarse al espejo y que pone muros de concreto, a los que en realidad necesitan de una mano para ayudarlos a salir del pozo. Allá ellos y sus conclusiones, fruto de una liviandad, donde se dice, pero, no se tiene en cuenta “que escupir para arriba, puede caer en la cara”..... LAS EVASIONES DE CIPRIANO OLMOS…. Pasaron los años y en 1924, Sixto Olmos Caraballo, al parecer con la pena cumplida, recordemos que era menor de edad cuando ayudó a esconder el cuerpo del padre, se casó en Montevideo, un 24 de diciembre, con la Sra. Juana Paula Brisunes Gutiérrez e inició una nueva vida. Heraclio Olmos Caraballo, falleció en 1926 en el Hospital de Treinta y Tres, a causa de “Carbunco” Cándido Olmos Caraballo, falleció en 1927 en Montevideo, a consecuencia de un fallo cardíaco. Estaba casado y trabajaba como carpintero. En la inscripción de su Defunción, se testifica la existencia de su señora madre: Francisca Caraballo de Olmos, Al parecer, solo quedaron en campaña: doña Francisca, su hija Eledina, la esposa de Cipriano y los hijos de éste. Los muchachos, tuvieron que madurar de golpe, a destiempo ... .Y a pura intuición, autodidactas de sus propias carencias, salieron a rodar por la vida, señalados por los índices de los pesimistas y rotulados, como gente de poca confianza. Es común en la gente de campaña, fijar con lujo de detalles un hecho, aunque despojado de fecha, mes y año. Apenas, si recuerdan las condiciones climáticas o pueden separar el día de la noche. Así pues contaba Elodina Torcuata Melgarejo Silva de Vaz, que incluso estaba emparentada con los Olmos, que Cipriano, una vez logró fugarse de Montevideo y se le apareció una noche a su hermano Heraclio, en el campo de la Cañada Grande, pidiéndole caballo y apero, para irse para el Brasil. Después se supo que hasta Treinta y Tres, había viajado en el tren, pasando desapercibido entre los demás pasajeros. El encuentro entre los dos hermanos, fue breve y en cuanto el caballo estuvo ensillado, Cipriano, cargó unas vituallas en las maletas y partió, hasta desaparecer absorbido por las sombras. Cansado y sabiéndose perseguido, optó por dormir unas horas, en el interior del Mausoleo de Alves, cuando aún no lo circundaba el cementerio y era un monumento solitario dominando los campos. Desensilló, largó el caballo e hizo cama con el apero y se durmió profundamente. Cuando despertó vio que la luz de un nuevo día, se colaba para el interior del mausoleo, ya que la losa que tapiaba naturalmente la cámara mortuoria, estaba corrida hacia un lado. Entonces, sucedió lo imprevisto. Cipriano Olmos, se terminó desorientando y no faltó una voz que alertara a la Policía, quienes lo interceptaron, comunicaron a la superioridad y prontamente, marcharon con él, atado por debajo de la barriga del caballo, con destino a la Jefatura de Policía de Treinta y Tres. Desde ahí, con férrea custodia en tren, para ser restituido a Montevideo. LO QUE DICE LA PRENSA ESCRITA…. En realidad y según consigna el diario LA MAÑANA, de Montevideo, del día 10 de agosto de 1920, Cipriano Olmos, se evadió dos veces del Hospital Vilardebó, donde se encontraba internado. La primera vez, fue en el mes de mayo de 1920, en compañía de cuatro internos más. No tuvo éxito y fue apresado a los pocos días, sin lograr salir de Montevideo. La segunda vez, fue la noche del 9 de agosto de 1920, cuando y de acuerdo al informe periodístico, “alguien” lo ayudó a irse del Vilardebó, en compañía de otro interno, llamado Alfredo Santuriello. El periodista, los describió a los evadidos como: “dos pajarracos peligrosos”. Comúnmente, por las noches, eran encerrados en una celda de máxima seguridad. Sin embargo, el 10 de agosto, cuando la guardia fue a sacarlos del carcelaje, la celda estaba abierta y no mostraba signos de violencia alguna. Esta segunda vez, fue cuando logró llegar a la Cañada Grande y luego apresado, tal como lo contó Elodina Melgarejo de Vaz. “ SOY TU PADRE MIJO”…… Pasaron los años, pero el acicate del recuerdo del parricidio de Nicolás Olmos, se clavó a fuego en cada mente y en cada rancho, donde la distancia no fue obstáculo para cerrarle el paso al terrible insuceso. Pasaron veinte o más años del hecho referido. Contaba mi madre, que fue noticia en el vecindario rural, que una noche, quizás de los inicios de 1940, en los ranchos de los Olmos, en la Cañada Grande se bailaba sobre piso de tierra, al compás de una victrola gangosa. Habían ciertos invitados, de los ranchos más cercanos. En eso estaban cuando escucharon que alguien golpeaba las manos y gritaba; Genteeee……..Genteeee… Uno de los invitados se comidió a salir a ver quien era el recién llegado. Hecho esto, cuando alumbró con un candil, se topó con un hombre veterano, pelo canoso, cara arrugada, falto de dientes, quien luego de saludarlo, le preguntó si era de la casa. …No don…Yo soy envitao y vecino…Pero si quiere le yamo a uno de los Olmo…. - Si me hace el favor… Agradezco… El otro volvió a entrar al rancho y le dijo a uno de los Olmos:- Hay un viejo ahí ajuera que quiere hablar con uno e’ la casa. Uno de los Olmos, agarró el candil y salió puerta afuera, abriéndose paso entre la oscuridad: -Guena noche….Soy Olmo…Qué si le ofrece, don ? -Guena noche…Arrimate pues, quiero darte un abrazo…Hace munchos años que no te veo…. Medio lagrimeando alcanzó a decirle: SOY TU PADRE MIJO! …PUEDO DENTRAR AL RANCHO?...... Y aquí, se esfumó la historia que contaba mi madre, que ella a su vez la había escuchado de los labios de mi abuelo Cuello. No se si la madre de Olmos, aún vivía y por más que busqué e indagué datos acerca de esa gente, nada pude encontrar en el Libro de Defunciones del cementerio de Vergara. Ni de él ni de su esposa…. Aunque la muerte que a todos nos iguala, lo condujo a él y a su esposa, al hueco del olvido, la memoria del parricidio, le ha sobrevivido tres generaciones. Y hoy la cuento, porque de pronto a la cuarta y quinta generación, les puede interesar. Decidí alivianar el cofre de la memoria, para que este insuceso, no se fuera conmigo en el tránsito inevitable. 

Jorge Muniz. 

Vergara, 20 de mayo del 2026.