viernes, 5 de junio de 2026

 “.....Y LA LUZ DEL REDENTOR, LLEGARÁ POR EL ORIENTE….” EL MAUSOLEO DE ALVES INICIO 



El 23 de enero de 1900, falleció el brasilero Venancio Alves Pereira, propietario de la estancia “La Trinidad”, en el Rincón de Ramírez, 3era. Sección del departamento de Treinta y Tres y esposo de Dorotea Petrona Felicia Fernández Machado, hija de brasileros, pero nacida en tierra oriental. Venancio Alves Pereira, había nacido en Piratiní, Río Grande del Sur, Brasil, en el año 1833, siendo hijo del (oriundo de Yaguarón) Francisco Alves Pereira (1813-1874) en su segundo matrimonio con Esmerilda Bueno de Assunçao (1814- ?). Según genealogía consultada, el primer matrimonio de Francisco Alves Pereira con María Antonia da Conceiçao, registra el nacimiento de 13 vástagos entre varones y mujeres. Mientras que del segundo matrimonio, ya dicho, registra además de Venancio a un hermano mayor: Francisco Alves Pereira (1829-1918). Nada más se conoce, de la estirpe, de la niñez y de la adolescencia de Venancio Alves Pereira. Se cuenta que siendo joven se vino para el Uruguay    a trabajar como colaborador rural con integrantes de la familia, de la que luego sería su esposa, gente que estaba ubicada desde 1820 por lo menos, en la zona de Molles de Godoy e Illescas, hoy departamentos de Lavalleja y Florida, donde poseían enormes extensiones de campo y se dedicaban a la compra y a la venta de ganado vacuno. Ese gran estanciero que se llamaba David Fernandes Souto esposo de Comba Machado da Silveira y que provenía de un antiguo linaje portugués, originado en Torres do Pinhao, florecido en Río Grande del Sur y afincado en la Provincia Oriental, antes o durante la Cisplatina, luego convertido en suegro de Alves Pereira, supo transitar las tempestades políticas, con una pericia de gran capitán y una porfiada voluntad de increíble timonel. Cuando la Revolución de los Farrapos, fue un adalid al servicio de sus hermanos republicanos y una vez que reventó la Guerra Grande, no echó afuera el rumbo de la nave y cuando Oribe, instaló el Sitio Grande en 1843 y dominó la campaña, Fernandes Souto, fue su amigo y servidor, obteniendo del General, licencia correspondiente para comercializar con ganado alzado. Ese hecho, llenó las arcas del estanciero, quien al morir el 19 de diciembre de 1890, dejó 700.000 pesos oro de la época y una cuasi leyenda, de una serie de barricas enterradas, repletas de onzas, que jamás fueron encontradas porque el hombre viejo, ni se acordaba dónde las había enterrado…..  De ese ambiente rural y épico, que forjó, patentó y tuteló varias épocas del Uruguay de a caballo, procedían Venancio Alves Pereira y Dorotea Fernández Machado quienes contrajeron matrimonio bajo la supervisión de la Iglesia Nuestra Señora del Pilar y San Rafael de Cerro Largo, el 13 de junio de 1856. Procrearon 11 hijos entre varones y mujeres, de acuerdo a la genealogía de Internet, algunos de ellos, nacieron en Río Grande del Sur y casi que todos esparcieron una estirpe que generó y sigue generando descendientes dentro y fuera del país. Más allá de que la pareja comenzó a explotar campos en Molles de Godoy (hoy, Lavalleja) aproximadamente en 1881, compraron campos en el Rincón de Ramírez, en las costas del Parao y levantaron “La Trinidad”, estructura que con falta de algunos detalles, hasta hoy existe. Venancio Alves Pereira, finó en ese lugar físico, de “muerte natural” a los 67 años de edad.-

 EL CEMENTERIO DE LA TRINIDAD…. 

En abril de 1870, en plena Revolución de las Lanzas, el General Timoteo Aparicio al frente del ejército blanco, estuvo asediando e intentando romper el cerco militar que le interponía la guarnición colorada de la Villa de Melo, al mando del Coronel Máximo Pérez, caudillo de Soriano. Visto que el cerco de la guarnición por el momento era insuperable, tras tres días de refriega, Aparicio, ordenó la retirada hacia el Rincón de Ramírez. A su vez, Máximo Pérez, al frente de varios hombres, entre ellos una división del Batallón Florida, todos bien montados y municionados, salieron detrás de los blancos, pisándoles los talones y dispuestos a dar batalla donde fuera. Aparicio, cortando campos, se dirigió hacia la zona de La Trinidad, cuando eran heredades de los Cibils, de los Buxareo y de Clara Heber de Jackson, obviamente, no contaba con el nombre antedicho y frente adonde hoy, se levanta el casco de la estancia  en un campo donde se divisa una enorme piedra, el General Aparicio aprovechó la altitud del terreno, giró su cabalgadura, mandó a gran parte de su gente que desmontaran y les ordenó presentar combate a los perseguidores. A su vez, mandó a Ángel Muniz, que los cargará a lanza con la caballería. Y se produjo el encontronazo. Mientras Muniz, cargaba una y otra vez, desparramando a gran parte de los colorados, los que quedaban en el campo, se sacudían a los tiros con la demás gente de Aparicio, presintiendo ya una evidente derrota. Máximo Pérez, con gente herida y algunos muertos, mandó suspender el fuego, mientras Aparicio, con doce muertos y otros heridos, abandonó el campo de combate, cruzó el Parao en la Picada de las Piedras y se dirigió hacia la hoy ciudad de Treinta y Tres, a la que tomó por asalto. Los soldados de la guarnición de Melo, enterraron a todos los muertos del combate y luego retornaron a su destino, mientras el Coronel Máximo Pérez, pidió relevo como jefe de la guarnición y traslado para donde fuera. Así nació el cementerio de La Trinidad, con un saldo de veintipico o treinta hombres fallecidos en combate. En junio de 1897, al pasar por la zona el ejército colorado del General Santos Arribio el escribiente Teniente Jaime Bravo nombra en su diario de combate, el cementerio de La Trinidad, con unas pocas tumbas, algunos nichos y varias flores resecas. En este lugar fue sepultado Venancio Alves Pereira, el 23 de enero de 1900….. Años después, ya ni se sabe cuando, las tumbas y nichos fueron arrasadas, el viento del progreso, borró todo proyecto de necrópolis y la muerte, le arrebató la vida a varios memoriosos, que por suerte, pudieron contar sus endechas, antes de emprender el viaje eterno. Quizás, los cuerpos de otros vecinos fueron enterrados en ese cementerio. Hoy, es nada más que una mera suposición. 

SURGE EL MONUMENTO FUNERARIO

 Para el año 1906, doña Dorotea y uno de sus hijos: Floro Agapito Alves Pereira, decidieron que se debía de recordar al finado pero de forma tal, que la perseverancia laboral, la vida pacífica, el buen ejemplo de esposo y padre, sumado a la creencia en Dios que éste tenía pudiera resumirse y sobrevivir a los tiempos, desde la grandiosidad arquitectónica y escultural de un mausoleo. Desde 1880 por lo menos, se había impuesto una marcada tendencia en el Uruguay y adyacencias, de un arte funerario, donde las familias pudientes elegían para sus muertos, una arquitectura de vanguardia, basada en panteones y mausoleos, con alegorías cristianas y masónicas, que trascendieron al futuro, dando a conocer las virtudes y el protagonismo, que había tenido el fallecido en su periplo terrenal. En Montevideo, ya estaban establecidos dos escultores italianos del mármol, que entre varios más, marcaban fina presencia en el arte funerario, ambientado a la época del Renacimiento. Ellos eran: José Livi y Juan Azzarini. El último de ellos, fue quien se entendió con el Mausoleo de Alves. Azzarini, era genovés, nacido en las costas de la Liguria, en marzo de 1853, había estudiado escultura en la Escuela de Génova y estaba radicado en el Uruguay con su esposa Teresa Arabanti e hijos, desde el año 1879. Fue profesor de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios, de Montevideo, un excelente y minucioso escultor, con taller propio instalado en la Ciudad Vieja. A lo largo de su vida, falleció en 1924 a los 71 años, fue y es el artista con más obras funerarias en el Cementerio Central de Montevideo y dejó su sello cultural, en cementerios de Artigas, Salto, Paysandú, Fray Bentos, Batlle y Ordóñez y en Río Grande del Sur (en la estancia de la madre del caudillo Republicano Coronel Joao Francisco Pereyra de Souza, donde estuvo sepultado un tiempo el cuerpo del General Aparicio Saravia). Además, dejó varios mausoleos y panteones, en campos de estancias del Uruguay y en lugares apartados y de difícil acceso, como es el de un mausoleo que se encuentra casi que abandonado en el límite de Tacuarembó con Paysandú. También participó de la construcción de estatuas para parques y plazas, participando como uno de los autores del monumento a los 400 años del Descubrimiento de América, que en 1892, fue colocado en la plaza central de la ciudad de Durazno.  Azzarini, importó monumentos construidos en Italia, conforme a sus elaborados diseños (uno de ellos, fue el Mausoleo de Alves) y particularmente, se le recuerda por el busto de Artigas, hecho en bronce, que desde 1899, está emplazado en la Meseta, que domina el paisaje sobre el río Uruguay. El Mausoleo de Alves, fue elegido por catálogo y Azzarini, encomendó a su amigo y colega Enrico Butti, renombrado escultor en Génova, con varios primeros premios nacionales en haber y otro conseguido en Francia, que se abocara a la hechura del mismo, utilizando mármol blanco, del tipo lunense y originario de las canteras de Carrara. Vale decir que Enrico Butti, le dio volumen, espacio y vida al monumento. Juan Azzarini, fue quien lo diseñó y lo llevó al libro de consultas y ventas. 

EL VIAJE DEL MAUSOLEO

 No se conocen las fechas de salida ni de llegada del mausoleo, al puerto de Montevideo y a su destino final en Vergara. Por cierto que se conoce que la pieza funeraria en su totalidad viajó 11.380 kms. Del puerto de Génova al de Montevideo, viajó unos 11.002 kilómetros por mar, demorando entre 14 y 21 días, de acuerdo a los puertos intermedios que el barco fue alcanzando. Desde el puerto de Montevideo, hasta la estación ferroviaria de Nico Pérez, viajó en tren 215 kilómetros. Desde la estación Nico Pérez a Vergara, como aún no había llegado el tren, hasta esta última localidad y recién llegaría a Treinta y Tres en 1911, el mausoleo, repartido en piezas en un convoy de 7 carretas tiradas por bueyes, cuyo capataz era Damasio Martínez y los restantes fueron: Eustaquio Navarro, Carmelo y Eustaquio Barboza, Rosa Olmos Aguilera, el brasilero Bernabel Ferreira Soares, alias “El Portugués” y  Ángel Custodio Techera, a quien llamaban “El Teniente”, recorrió 163 kilómetros, que con buen tiempo y caminos regulares, las carretas echaban 15 días para ir y 15 para retornar. Cabe acotar que cada carrero, tenía su o sus ayudantes. Lamentablemente, no sobrevivieron los nombres de éstos. El mausoleo, fue entregado a doña Dorotea y a su hijo Floro, sin ninguna pieza dañada, un hecho que hay que destacar por todo el esfuerzo que hicieron aquellos hombres, picana, tranco y silbido, para los paisajes con horizontes largos y campos incultos. Quijotes de los Caminos, para el recuerdo y la dimensión literaria…… En 1906, Floro Alves, se había dirigido por carta al Concejo Auxiliar de Vergara, solicitando autorización para que el monumento fuera emplazado en la estancia “La Trinidad”. El Concejo no le permitió la petición y en ese caso, le ofrecieron una parcela en el campo perteneciente a Isidro Tellechea Salvarrey, cuya adquisición correría por cuenta del Concejo, quienes además veían con muy buenos ojos, que la obra funeraria de reconocido valor cultural, se emplazara en las proximidades de Vergara, actual necrópolis local. Floro Alves, aceptó el ofrecimiento, pero cuando se tiraron las medidas para el emplazamiento, la parcela inicial quedaba chica y por lo tanto, arreglaron por la que exhibe actualmente el mausoleo.  A pesar de que no quedó documentada, ni en forma escrita ni a través de la fotografía, detalles obvios del emplazamiento de la obra, se sabe por versiones de familiares de Azzarini, ya desaparecidos, que éste, estuvo en Vergara supervisando el trabajo y según familiares de Alves, cobró por el monumento 10.000 pesos oro….. 

APUNTES GENERALES SOBRE EL MONUMENTO

 El mausoleo, que quedó listo el 1ero. de agosto de 1908 y por muchos años, se puede decir que hasta 1938 aproximadamente, estuvo solo, en el medio de los campos y circundado por un tejido con una portera, para que los animales, no pudieran dañar su estructura. En 1938, alguien, no sé quién o quiénes, tuvieron la idea de trasladar la necrópolis que existía desde 1906, en donde funciona la piscina y la plaza de deportes del barrio La Cuchilla, para los alrededores del mausoleo y le dieron a éste, la prevalencia del centro de la misma. El monumento, que se separa de las definiciones normales de tumba y de panteón, tiene una altura aproximada de 3.60 metros y su base es un cuadrado de aproximadamente 9 metros por cada lado; albergando hasta ahora, en el interior de la cámara funeraria subterránea el ataúd con el cuerpo de Venancio Alves Pereira. La estructura exterior, está construida con mármol lunense, de grano harinoso, textura fina, color blanco, en ciertos lugares con vetas ligeramente grisáceas, que le dan una preponderancia especial, una singular privacidad y un estatus propio, típico de las clases pudientes, que rinden homenaje a un personaje en especial a la vez que honran el linaje de un apellido. Al fin y al cabo los preceptos formulados anteriormente, encajan con una de las características por las cuales se distingue un mausoleo, que normalmente está hecho para un solo enterramiento y excepcionalmente, para varios. El mármol, conocido desde las épocas del Imperio Romano, alabado entre otros por Augusto y por Trajano, extraído de las canteras de Carrara, en la Toscana italiana, cerca de Génova y originado en las entrañas mismas de los Alpes Apuanos, fue utilizado por los maestros escultores, que vieron en él, un elemento maleable, resistente, sobrio y de estructura cristalina, que les permitió hacer impecables tallados y un aditivo esencial para prestigiar sus esculturas de valores insospechables. Dadas todas esas condiciones y los antecedentes del arte funerario romano, el mármol de Luni, fue muy usado por Azzarini y excepcionalmente, también usó granito rosado. Las estatuas que utilizó el escultor en éste y en otras obras funerarias, se ajustan al Renacimiento, donde el ser humano era el centro de todo el Universo (antropocentrismo) y la belleza especial que emana del monumentalismo, de la perspectiva lineal, del virtuosismo, de la armonía, del equilibrio y de la simbología mixta, rayan en una exuberancia y un hiperrealismo tal, que no aceptan comparación alguna.

 SIMBOLOGÍA DEL MAUSOLEO DE ALVES 

El mausoleo, está orientado hacia el punto cardinal Oeste (Occidente u Ocaso). Según la lectura del Antiguo Egipto, hablamos de la Puerta de Occidente, región de los muertos y del Dios Osiris, umbral exacto por donde penetra el alma al inframundo.  El Ocaso por su parte, significa el fin de la vida y el descanso eterno. A su vez la concepción cristiana, asocia al Occidente, con el reposo del alma antes de la Segunda venida de Cristo; dado que éste llegará por el Este (Oriente) con la luz y la resurrección.  Seguidamente, la lectura se encauza en la estructura piramidal del monumento y considerándolo desde su parte superior, destaca un ángel, con las proporciones naturales de un humano, alas desplegadas, viste quitón doble, tiene una tiara o diadema en su cabeza, pendientes en las orejas, está descalzo, parado sobre una nube y con una corona de olivos en sus manos, en un claro acto de colocar la misma, sobre la testa del retrato funerario de Venancio Alves Pereira. Muchos, erróneamente, le han atribuido al ángel, una cara de mujer; sin embargo estas criaturas exaltadas por el mundo cristiano, son andróginas, vale decir, que comparten inequívocamente, los caracteres de hombre y de mujer a la vez. Son seres celestiales, mensajeros divinos, conexión entre la tierra y el cielo y quienes se encargan de trasladar las almas, al sitio de la redención final. Este ángel, específicamente, tiene su lectura pieza por pieza, desde la tiara hasta sus pies descalzos sobre la nube, que simbolizan humildad, respeto y reverencia por la tierra celestial que está pisando (nube) que se emparenta con la realeza y el estatus divino, que le brindan la tiara y los pendientes, que continúa irradiando pureza con el quitón helénico y que culmina su mensaje, con la corona de olivos, que significa: la victoria espiritual, la paz para el difunto y para el mundo terrenal, sumado a la reconciliación con Dios, luego de producido el  juicio postrero. Por lo tanto el mensajero celestial es un Ángel de la Resurrección, que ha descendido del cielo y posado en un gesto de transición, con la corona en sus manos. Actitud de guardián y fiel custodio del alma del difunto, contra los malos espíritus. En este caso especial, se aprecia a simple vista y especialmente, desde la parte posterior del monumento, que Azzarini aseguró la permanencia y el equilibrio del ángel con un sistema de contrapesos de plomo, en su parte inferior. Realmente, ha pasado más de un siglo y ningún ventarrón ha movido al mensajero de su lugar original. En orden descendente, sigue el retrato funerario de Alves, en este caso representado con un busto sobre una pilastra jónica. En el arte clásico la pilastra jónica tiene una antigua concepción de sabiduría y de equilibrio y se le compara con el eje del mundo. El retrato del difunto, coronando la misma simboliza el respeto, la memoria familiar y colectiva que de él se tiene, su ascensión al mundo espiritual; sumado al rostro que indica permanencia en el tiempo, sabiduría y valores morales, espirituales y cívicos que tuvo en vida. Siguiendo la verticalidad descendente, está la urna, que representa el reservorio del cuerpo físico (el polvo, de las escrituras bíblicas) semi-tapada con un paño con flecos o drapeado, que representa el sudario de la Resurrección y el límite que hay entre la vida terrenal y el mundo espiritual. Las dos cruces latinas (cruces de Cristo resucitado) indican la firme creencia en Dios del difunto, la redención, el sacrificio, la Resurrección del alma y la vida eterna. Las cuatro garras del león, como sostén de la urna, tanto en la iconografía funeraria como en la heráldica, representan coraje, valentía e invencibilidad, lo que demuestra el triunfo de la vida sobre la muerte y la protección del fallecido ante la presencia de espíritus malignos. En este caso, las garras del león al igual que el Ángel de la Resurrección, se convierten en guardianes inexpugnables de la morada del fallecido. Seguidamente, tenemos rosas, espinas y amapolas. Las rosas y las espinas, simbolizan el sacrificio de la vida terrenal, con sus obstáculos naturales, enfermedades, desencuentros, desilusiones, etc. Las rosas, aseguran la memoria del fallecido y como son blancas, asoma en ellas la pureza y las buenas virtudes, que éste experimentó en la vida; mientras que las amapolas, “adormideras” para los romanos, simbolizan el sueño eterno, la transición pacífica del alma y el recuerdo perenne del difunto. A derecha e izquierda de la iconografía central, se encuentran dos urnas cinerarias,con flores blancas. En los inicios del mausoleo y hasta el año 1911, en que le fue sacada una foto por un medio de prensa de Montevideo, encima de estas urnas cinerarias, había una lámpara de aceite por cada lado. Dos, en total. Hoy, no existen. Desconociendo quién escribe estas líneas si fueron quitadas por alguien o dañadas voluntariamente. Las urnas cinerarias, indican la finitud de la vida, guardan las cenizas del fallecido y nos recuerdan que el cuerpo vuelve como polvo o ceniza a la tierra, mientra que el alma, perdura eternamente. Las flores esculpidas, conservan la memoria del difunto, pero, evidencian la fragilidad del ser humano, la etapa en la cual se marchita y muere, sin embargo, renace en el más allá. La lámpara de aceite, es guía en la oscuridad y la llama de la misma representa, la fe y la luz divina que concede la inmortalidad del alma. Por ende  se exalta la eterna memoria del difunto y su victoria espiritual; luz potente, que ha derrotado las tinieblas de la muerte.  A la derecha del mausoleo, en actitud de recogimiento, sentada y con los pies encima del escalón superior de los tres que existen, está una mujer, envuelta en un largo manto y que no es otra cosa, que la alegoría de una figura doliente, que encarna el dolor que produce la pérdida y es una metáfora, del luto eterno que arropa el corazón de la familia. Esta figura doliente, que no es ni una Plañidera o Llorona ni tampoco es la imagen de La Dolorosa o sea que ni es un retrato ni es una virgen, fue utilizada como elemento estético en los períodos del romanticismo y del neoclasicismo europeo, en los siglos XIX y XX. Una de las tantas alegorías paganas, que utilizó Azzarini, para la imponencia de sus obras. Tres escalones geométricos, que representan el ascenso del alma y contados desde abajo se clasifican en: Tierra, Purgatorio y Cielo. Luego, la lápida que cubre la entrada a la cámara funeraria, donde hasta ahora existe el ataúd, con los restos de Alves, pese a los deterioros normales de sus más de cien años y al agua, que más de las veces inunda el lugar. Por último, el mausoleo presenta en su base, una cerca con pilares y caños, que circundan el mismo, lo separan del resto del cementerio y simbolizan armonía, equilibrio, elevación del alma al mundo espiritual y el recuerdo perenne de los deudos del fallecido. Los pilares, frutos del arte etrusco, presentan un tallado ecléctico, acorde con la escultura piramidal. 

COMENTARIOS GENERALES

 En suma el Mausoleo de Alves, para el arte funerario simboliza el estatus socioeconómico de una familia y de una época en el Uruguay, donde varias familias adineradas, como la que nos ocupa, consolidaron éxito y prestigio en el mundo terrenal. La belleza y grandiosidad del monumento, evocan, el triunfo de la memoria sobre la muerte. Hay quienes han  visto en la estructura de marras, símbolos cercanos a la Masonería e incluso han hecho sus lecturas correspondientes.  No se conoce que Venancio Alves Pereira, tuviera vinculaciones con alguna Logia. Es más, tampoco se le conoce vinculación política alguna. Todo lo contrario a su esposa, que además de estar afiliada al Partido Nacional fue muy amiga del Dr. Luis Alberto de Herrera, quien hasta que se murió, lucía un llamativo anillo, regalo de doña Dorotea, quien lo consideraba un mozo simpático, galante y guapetón…. Tampoco tengo respaldo documental, que me diga que Azzarini, era masón. Estuvo muy vinculado a la Masonería, no sólo por los símbolos usados en sus obras funerarias sino también, por su amistad con gente activa en la Logia, ejemplo  Francisco Piria, a quien le hizo por encargo, en el Cementerio del Buceo (Montevideo) un panteón (YO Y ELLA) en granito rosado, que fuera extraído de una cantera de Pan de Azúcar (Maldonado), 

En las historias y en las inventivas que pululaban en los corrillos de nuestra generación de adolescentes en la década de 1970, se comentaba que Floro Alves, también a la par de la disposición municipal de no permitir la instalación del mausoleo en campos de La Trinidad, también se había convencido que con lo blando del campo y el mal estado del camino, a las carretas se les iba a dificultar y mucho, el traslado de las piezas, por el peso de las mismas.

 Hace varios años atrás, en la ciudad de Treinta y Tres, una persona que se dedicaba a la fotografía artística, tuvo la inmensa bondad de acercarme una copia de la acuarela original del monumento, que había sido diseñada por Azzarini. En ella es dable apreciar, que si bien se omitieron algunos símbolos iniciales, otros como el Ángel de la Resurrección, la urna, escalinatas y pilares decorativos de la base, que contienen caños en su estructura, obrando como cerco perimetral, se mantuvieron con total fidelidad.

 En cuanto al agua que más del tiempo (a pesar de los vaciados con bomba eléctrica por empleados municipales) inunda la cámara funeraria, es consecuencia de la filtración de napas subterráneas y de la acumulación intensa de aguas pluviales, en la base exterior de la obra arquitectónica. Es lógico que al no haber desagües o declive naturales del terreno, el drenaje se produce hacia la cámara. En otro tiempo, amén de lo dicho anteriormente, la lápida que cubre el ingreso a la cámara, estaba retirada de su lugar original, motivando el ingreso sin obstáculos, del agua de la lluvia.

 Referente a que cada cierto tiempo el monumento adquiere en varias de sus partes una pátina verdi-negra, es consecuencia de la porosidad del mármol, que se ve afectada por las inclemencias del tiempo: agua, viento, sol intenso,etc…. La polución del ambiente: humo, hollín, lluvia ácida, etc. Sumados todos estos factores al deterioro natural de una obra de arte que tiene más de cien años.  

SUCEDIDOS

 Para la gente de esta zona del departamento y de varias generaciones, se instaló la leyenda de que por las noches, alguien, antes de huir sin mirar atrás, había logrado ver como el ángel guardián descendía de su atalaya y recorría todo el perímetro del cementerio, en un vuelo pacífico, lento y moviendo las alas, con imperceptible sonido. 

Hubieron muchos que de noche no se animaban a cruzar por el cementerio y bien pronto se corrió la voz que casi todas las noches un animal desconocido, de color blanco, en el campo frente al mausoleo, emitía por momentos gritos, gemidos y hasta una especie de carcajada, por demás, aterradora. No faltó uno o más coraje dos que una noche, armados hasta los dientes y dispuestos a prenderle bala a todo lo que no se identificará, descubrieron que el animal mitológico y aterrador, era un barro llorón, propiedad de Viterbo Roda, alias El Chongo, que junto a su esposa Carmen Viana, vivían y ocupaban la chacra, con campos frente al cementerio. Los gritos y gemidos fantasmales, eran los clásicos rebuznos del burro llorón, de pelo blanco, que finalizan imitando una breve carcajada humana, que de noche, a oscuras y con miedos premeditados, les ganó el tirón a varios, que nunca habían oído las expresiones orales de los équidos de esa especie. 

También se cuenta que una noche el peluquero vergarense Dadier Zuluaga, alias Pelano, con unos tragos encima se apersonó al cementerio, extrajo su revólver 38 largo de la cintura y sin proferir palabra alguna, le apuntó de frente al ala derecha del ángel y con un solo tiro, le hizo volar un trozo de la parte superior del ala derecha. Al fin y al cabo tuvo que venir el marmolista Brogliatti desde Treinta y Tres, para solucionar satisfactoriamente el entuerto suscitado.

 La creencia general de que la figura doliente del mausoleo, es la Virgen María, se volvió un mito, que nadie nunca trató de manifestar la verdad y hasta ahora se pueden ver por diferentes lugares anatómicos de la figura, prendas y objetos de las más variadas especies, que la gente le deja como ofrenda de pago, para promesas recibidas. Un mediodía de hace muchos años atrás, Justino Viana, un paisano de Vergara, se presentó ante la imagen doliente y le pidió que le salvará la vida a una potranca mora, que se le estaba muriendo. Prometió, que si la misma se salvaba, nunca más le cortaría, ni la cerda de la cola ni la cerda del pescuezo… La potranca mora, que era petisa, se salvó y hasta que murió de vieja, andaba con la colaboración arrastrando y con la crin del pescuezo y frente, espesa, como un matorral. Justino, apenas le sacaba unas cerdas a tijera, para que no le cubrieran los ojos y por ende no le perturbaran el desplazamiento ni la molestaran para comer.

 Quien escribe estas líneas, siendo niño vio a una Señora, que vivió un tiempo en Vergara, descalza y de rodillas, arrastrándose sobre el damero blanco y negro, que conduce al mausoleo, con unas rosas blancas entre sus manos, con el fin de pagar una promesa a la doliente; se decía en el pueblo, que lo hacía como tributo, por haber conseguido un novio…. Lógico que las pequeñas piedras de las baldosas, le herían las rodillas desnudas. Detenía su tránsito, se paraba, caminaba unos pasos y volvía a arrodillarse. 

En agosto del año 1920, Cipriano Olmos Caraballo, que había cometido un parricidio en esta zona y se encontraba purgado condena en Montevideo, fue llevado al Hospital Vilardebó, para una revisión psiquiátrica. Desde allí se escapó y se vino en tren hasta la ciudad de Treinta y Tres. Luego caminando y cortando campos, logró llegar a la estancia de su familia en la Cañada Grande, hoy, 9na. Sección de Treinta y Tres. Allí se encontró con su madre y hermano y consiguió un caballo ensillado para huir para el Brasil. Al pasar frente al mausoleo, ya a boca de noche, decidió largar el caballo en el predio y guarecerse en la cámara funeraria, donde con el apero y los cojinillos, preparó una cama, se tapó con un poncho y se acostó a dormir.  Estaba muy cansado y se durmió como piedra. Al otro día, con el sol alto ya, salió de la cámara y a pesar de que había dejado el cabo del rebenque apuntando para donde iba, igual se mareó, perdió el rumbo y fue carnada fácil, para que la Policía lo detuviera, con la consiguiente restitución a Montevideo.

PALABRAS FINALES

 Hace mucho tiempo que  los vergarenses esperamos que el Mausoleo de Alves sea declarado Patrimonio Histórico Nacional. A pesar de que se ha bregado por esto e incluso ha sido incorporado a una de las Rutas Del Necroturismo que hay en el Uruguay, quizás, todo eso y estas mal trazadas líneas, no alcanzan para una ansiada declaración. Por lo tanto hay que seguir luchando y alimentando con fe esa esperanza que renace cada día y que acerca el optimismo necesario para seguir valorando nuestra identidad, para compartirla con nuestros contemporáneos, analizarla, discutirlas y documentada, para que las nuevas generaciones veneran y exaltan esos recuerdos, que han tenido la dicha de que nuestra generación se las ha servido en bandeja y no tuvieron que salir a campear datos. No es echarles en cara la situación ni pretender que nos alfombren de flores el sendero, simplemente, es para que no dejen apagar la llama que otorga luz a la cultura identitaria de una comunidad. Nada somos si no sabemos de donde provenimos y peor aun, si cortamos las amarras que nos unen al pasado. No se trata de vivir enjugando lágrimas sobre fotos amarillentas. Se trata de cimentar el terreno del pasado, abrir los cimientos en el presente y construir los edificios que han de albergar las mentes de los paladines del futuro. Consideremos por entonces que el Mausoleo de Alves, cercano o distante para los vergarenses, es un PATRIMONIO HISTÓRICO QUE ESTÁ INSCRIPTO EN LAS CONCIENCIAS, de quienes realmente aman a su terruño natal. Por ahora, solo a ese precepto podemos remitirnos. 

Jorge Muniz.-
Vergara, 6 de junio del 2026.-

 


miércoles, 20 de mayo de 2026

 HIJO, NO ME QUITES LA LUZ TERRENA…



 INICIO En el año 1916, la sociedad vergarense, se vio sacudida en toda su estructura, por el crimen de un hombre apreciado por la comunidad y asesinado, en su propia cama, en la casa de campo donde vivía. Hay que remontar el relato, no solo a ciento diez años atrás sino también a una vida rural, que no ofrecía otro atractivo que el del trabajo constante y la lucha despiadada, donde hombres y mujeres casi de leyendas, consuetudinariamente, tenían que lidiar las 24 horas, con la propia sobrevivencia. Estaban lejos de todo. Las comunicaciones con el mundo exterior se hacían a pata de caballo o a tranco de buey. Y cada mundo interior, se alimentaba de las costumbres, del ejercicio diario sobre la tierra, del honor y del respeto con que se reverenciaba la memoria de los ancestros. Una rueda de fogón, en el rancho más pobre, se convertía en “una Universidad”, donde el conocimiento y la intuición, la aportaban los más viejos, mientras que los más jóvenes eran fieles discípulos, que recogían aquellas experiencias de vida, como quien abre la rudeza muda de un cofre y guarda para sí, las joyas interiores, sin quitarles ni el brillo ni los engarces. La casa de campo, era propiedad de Nicolás Tolentino Olmos Aguilera. Estaba ubicada a unos 12 kilómetros de Vergara, cerca de la Cañada Grande y al fondo de la casa y del campo, donde nació el poeta, escritor, narrador y ensayista Serafín J. García. Ese lugar, años después, era conocido como “La chacra del Nene Padula” y también en el lugar, vivieron las hermanas Brinkerhoff-Machado, muy conocidas en Vergara, por su cultura acorde a una época, su incipiente catolicismo, sus polleras largas, sus labios pintarrajeados y sus desvaríos psiquiátricos que por momentos las aventaban del mundo real y las convertían en seres excéntricos y de cierta peligrosidad. Para el paraje Cañada Grande, el año 1916, era comprar alimentos y ropas a cuenta, en la pulpería de “La Buena Vista”, entrada para la estancia “La Madrugada”, donde una casona de ladrillos y de tejas, albergaba en su interior el negocio del catalán Agustín Olivé, cuyos descendientes, perdieron para siempre el tilde de la última vocal. A veces, transitaban los caminos interiores, las carretas tiradas por bueyes de los hermanos Doroteo Bonifacio o Braulino Alza Guillermo. Ellos, eran quienes traían las noticias del mundo exterior, porque Vergara “estaba lejos” y para ir, había que darse un baño en cualquier curso de agua, vestir las mejores pilchas, calzarse los zuecos más nuevos y “aperar” con esmero al caballo….. Sino, era muy difícil tallar entre los puebleros y un paisano o una familia después que “se encuevan” en los ranchos, hay que sacarlos a ladridos de perros y a pechadas de caballo Así era la vida, donde el Uruguay post-revoluciones de lanzas y de fusiles, conservaba intactos sus caudillos, pero no podía equilibrar los “dos mundos” hoscos y disímiles que tenía en el interior de su geografía. AMBIENTE VERGARENSE…. El pueblo ya había sido declarado con ese rango en marzo de 1903, por iniciativa del Senador Doroteo Navarrete, a la vez que se le cambió de nombre y PUEBLO DE EL PARADO o PARAO pasó a denominarse VERGARA. Don Pepe Batlle, en su calidad de Presidente de la República en 1903, le puso el CÚMPLASE, a la iniciativa de Navarrete. En 1916, existían varios comercios en Vergara de Ramos Generales. Llegaban carretas y diligencias; habían sastres, hojalateros, fotógrafos y retratistas, carpinteros, herreros, lecheros, leñadores, albañiles, carboneros, aguateros, Oficinas de Telégrafo y de Correos, una barraca que compraba frutos del país, faroles a nafta, empotrados en las esquinas del Centro, faroleros, hoteles, curanderos, viejas que ayudaban a nacer a los gurises, “desnucadoras” que nunca se les conoció la identidad, un escribano, mèdico, boticas, un chileno “que sacaba dientes y muelas”, prensa escrita, una Capilla, la Cruz Alta, un Cura, que venía de Treinta y Tres a dar misas y recorría en charret la campaña, bautizando niños, confirmando a otros, casando parejas,dando consejos a las adolescentes y hasta suministrando la extremaunción en aquellos que ya no tenían vuelta…. Los bailes formales y “de capelina” se hacían en el hotel del vasco José Senosiain o en el de Claussen, mientras que los otros “los de cojinillo en la cintura” se hacían en el prostíbulo donde vendían besos y cuerpos: “La Colorada”, “La Bordada”, que se llamaba Isabel Techera o “La Toranza”, que se llamaba Adelaida Méndez. Donde en agosto de 1915, “El Rubio” Padula, lo había limpiado de un tiro a Porfirio Martínez, alias “El Firoca”, proxeneta, ganguero barato y de mala bebida, disparando “El Rubio” para Yaguarón (Brasil) donde vivió y trabajó de carpintero, hasta que prescribió el delito. El auto ya había llegado a Vergara, aunque de pasada, traído por Arturo Cuenca y Lamas,, en setiembre de 1911 y luego, el 5 de noviembre, del mismo año, en una visita protocolar del Dr. Pedro Manini Ríos, con el Ingeniero Víctor Sudriers y el General Basilisio Saravia. Recién en 1917, se establecería el primer auto en la zona, pero había Concejo Auxiliar establecido, Comisaría, Juzgado de Paz, timbas con naipes por varios ranchos, peleas de gallos en la herrería del vasco Gurruchaga y deportes tales, como el fútbol, la pelota de mano y las carreras de caballos, en cancha recta. Habían músicos de guitarra, acordeón de dos hileras, flauta dulce y violín, mientras que desde 1914, el Dr. David Preve, había patentado un tónico creado por sus fórmulas químicas y sustentado por extracto de bazo y sangre vacuna. Su nombre CORYNANTHINA y se vendía en las farmacias de Montevideo. El viejo Pedro Alquilino Icart y Alvariza, tenía servicio de Pompas Fúnebres, arreglaba relojes de bolsillo y de péndulo y era uno de los poquitos que tenía una radio a galena, donde entre el barullo de la estática y la debilidad de la onda magnética expansiva, picoteaba alguna novedad que otra de la Primera Guerra Mundial. Pero la guerra, era lejos y aunque el Uruguay, estaba sufriendo los coletazos económicos de la misma, a la gente, no le daba para detenerse a pensar en el conflicto, una, que no comprendían los hechos, no los negaban ni los justificaban, porque estando el estómago lleno y buena la salud…..”El hombre piensa mejor”- como decía Ruben Lena-...... La gente común no tenía ambiciones, porque las novedades de la ciudad, llegadas desde “Las Europas”, no entraban a los ranchos de paja y terrón ni se sentaban en las ruedas de fogón, con mate amargo y paletas o costillas de oveja, porque el mundo de la radiotelefonía, gateaba y estaba en pañales, todavía… Cuando logró ponerse pantalones largos, abrió candados, derribó puertas, convenció a los indomables y se sentó en la sala, en el galpón o donde fuera, para hacer callar a los contadores de historias y quedarse a vivir para siempre. PROTAGONISTAS…… El Presidente de la República Dr. Feliciano Viera, ordenó ponerle “UN ALTO” a la catarata de reformas que impulsaba el Batllismo de Don Pepe. Era momento de aflojar la cincha a los caballos y dejarlos resollar ….. La guerra venía apretando fiero y antes que reformar y reformar, el Presidente, se preocupó de la economía del país, objetando, que con tiempo se podían realizar las reformas y no dudó un minuto, en seguir adelante con la reforma de la Constitución de 1830. Nicolás Tolentino Olmos Aguilera, era uno de los catorce hijos, entre varones y mujeres, que había concebido la pareja formada por: Ramón Miguel Olmos Méndez y Fausta Aguilera Delfín. Por el lado paterno, Nicolás, era nieto de los esposos: Nicolás Olmos Rodríguez y María Feliciana Méndez Rodríguez. Esta última pareja, tenía campos en Tacuarí y en Cañada de Santos (13a. y 3era. Sección de Cerro Largo) adonde habían llegado cuando el Virreinato Español, con ancestros venidos de las Islas Azores. A estos últimos, súbditos del Reino de Portugal, les entregó tierras el Capitán Agustín de la Rosa, en su afán de perpetuar el dominio español, ante la cercanía de la frontera con el Brasil. De ahí, surgen los Méndez, legatarios de campos en la zona. Cuando la Cisplatina, Nicolás Olmos Rodríguez, además de estanciero fuerte en la zona, desempeñó el cargo de Teniente Alcalde y en 1822, fue de los que simpatizó con el emergente Imperio Brasilero. En el año 1836, se encontraba poblando campos, en la margen izquierda de Corrales del Parao, hoy, 9na. Sección del departamento de Treinta y Tres, sin abandonar las heredades antedichas, en el viejo Cerro Largo. Su prolífica familia, por ejemplo se emparentó con los Teixeira de Mello, que luego pasaron a ser solo “Techera”, con los Megarejo, con los Iguiní, con los Corbo, con los Mier, con los Aguilera, con los Batalla, con los Mariño, con los Mendizábal, con los Guillermo, con los Alza, etc.etc. Mientras que su nieto Nicolás Tolentino Olmos Aguilera, casó con Francisca Caraballo Antoria o Sequeira, hija de brasileros que tenían campos cerca del arroyo del Oro. Con el campo antedicho, en la zona de la Cañada Grande, Olmos, se dedicó a la crianza de ovinos y de vacunos, a la vez que plantaba y sembraba sus campos. Le fueron llegando hijos: Cipriano, Cándido, Heraclio o Eraclio, Eledina y Sixto. Por lo menos, estos, son los que registra la Genealogía. Los hijos, fueron creciendo apegados a la tierra, como debía de ser en el ambiente rural de la época. Sin embargo Cándido, voló joven para Montevideo, donde aprendió el oficio de carpintero y formó su propio hogar. Los datos con los cuales cuento, por momentos se vuelven fragmentos y los fui obteniendo, de la vía oral, de gente que ya no existe y que tampoco tenían muchos detalles de lo ocurrido, aquel trágico 8 de setiembre de 1916. Otros contemporáneos, como Waldemar Vaz Melgarejo, mi prima Berta Cuello, Pachacho González y Walter Ramos, me acercaron versiones que habían escuchado o descubierto en Internet. Al parecer, Cipriano había formado hogar y conocí algunos de sus hijos que vivieron en Vergara: Caraciolo, Fidel, “El Coatí”, otro que víctima de cierta enajenación mental, que casi todos ellos la padecieron en mayor o menor forma, se largó a campear la zona a caballo, sin domicilio fijo y con una guitarra a la espalda, acampando donde cayera y comiendo lo que le dieran, más otro, que joven emigró para Montevideo, donde se hizo muy buen carpintero y en su madurez, padeció la amputación de un tercio de una de sus piernas. La madre de estos Olmos, se llamaba María. Desconozco, el apellido….. EL PARRICIDIO….. Llámase así, al trágico evento donde un hijo, le da muerte a su progenitor. Según la genealogía Nicolás Tolentino Olmos, tendría alrededor de 51 años de edad, aunque Paseyro y Monegal, en su semanario LA FRONTERA, de manifiesto en Internet, no aporta la edad del occiso, ni tampoco si el suceso a destacar, sucedió de día o de noche. Lo cierto fue que el 8 de setiembre de 1916, Cipriano, ingresó al dormitorio del padre Nicolás, que se encontraba acostado y sin darle tiempo a nada, le pegó una puñalada en el abdómen y no conforme con ello, le descerrajó dos tiros, uno, en el vientre y otro en la cabeza…… Muerto el padre, salió en busca de Sixto, que tenía 17 años de edad y ambos cargaron con el cadáver y lo tiraron para adentro de un pozo con agua. Después, Cipriano, agarró una de las ovejas del finado, la degolló y la tiró para adentro del pozo. En sus oscuros y retorcidos laberintos mentales, se le cruzó la idea de que una vez que fuera encontrado el cuerpo del hombre, podrían argumentar que éste, andaba “caponeando” y que al ser descubierto por alguno de los vecinos, había sido atacado y muerto de la peor manera. Pero se le escapó un detalle primordial. La oveja degollada, tenía la señal del finado Nicolás…..Y el crimen, no acepta errores… LO QUE VINO DESPUÉS….. El día 11 de setiembre, un billete anónimo, al parecer dictado o escrito por Francisca Caraballo de Olmos y que lo trajo uno de los hijos del brasiero Germán Cuello da Silva, vecino de la zona, alertó a la Policía de Vergara, de que Nicolás Olmos, yacía muerto en el interior de un pozo con agua, en campos de su propiedad El Comisario José Muiño con gente a su cargo, el Juez de Paz Seccional Vicente Rivero y el Médico de Policía Dr. Andrés Blanco, concurrieron al lugar y asumieron el procedimiento en cuestión. Muiño, hombre de campo como había sido, con experiencia en hechos de sangre, desde su rango de Comisario, enseguida encontró el detalle de la oveja con la señal del establecimiento y como no le convencieron las declaraciones de los tres Olmos-Caraballo, los trajo detenidos para la Comisaría de Vergara, convencido ya, de que uno de ellos era el culpable. Intentaron, alguna que otra coartada, pero Muiño, que no era ni cerca de liviano, no tuvo problemas en mandar “estaquearlos” en el patio de la Seccional. Al poco rato, Cipriano y Sixto, contaron la verdad y corridos los trámites correspondientes, Heraclio, quedó en libertad y los otros dos “con el pasaporte firmado para Montevideo” dado que en ese tiempo, los hechos de sangre aclarados, iban a parar al Juzgado del Crimen, de Montevideo y allí los inculpados, cumplían condenas muy severas en las Penitenciarias de Miguelete o de Punta Carretas. Por otro lado el Dr. Blanco dispuso que el cadáver del infortunado Nicolás Olmos fuera llevado a Treinta y Tres, a efectos de practicarle la autopsia. Se supone, que fue sepultado en el cementerio de Treinta y Tres. Paseyro y Monegal, en su semanario LA FRONTERA, del 13 de setiembre de 1916, aporta los nombres de Cipriano y de Sixto Olmos, a la vez que brinda una síntesis del suceso. El móvil del parricidio, según declaró Cipriano Olmos ante el Comisario Muiño, era eliminar al padre para repartir la herencia con su madre y hermanos..…Le dijo a Muiño, que pensaba sacar el cuerpo del pozo, enterrarlo en el campo y luego pasar por arriba de la tierra removida con un rebaño de ovejas, así las marcas de las pezuñas, borraban toda evidencia. Pero, tal vez sin saberlo, la madre horrorizada le ganó de mano. Otras versiones orales indicaron que Cipriano, quería ir para Montevideo a estudiar el oficio de sastre y luego instalar un taller en Vergara. Para eso, necesitaba plata, pero su padre aducía que no le cerraban las cuentas, para mantenerlo estudiando y todavía, solventar a la familia. La solución, fue eliminar al padre y promover la oscura decisión antedicha. Heraclio, tuvo que hacerse cargo del campo, de los semovientes y convertirse en salvaguarda de su madre, de su cuñada y de sus sobrinos….. Cipriano y Sixto, marcharon para Montevideo a purgar sus penas. Los estigmas verbales y escritos, no demoraron en llegar. Todo el mundo, en varias leguas a la redonda y sorteando más de tres generaciones, se hicieron eco del hecho desafortunado, poniéndole más detalles, llenando de opiniones el asunto y evitando a la familia del parricida, porque en ese caso y siempre, son los más vulnerables de una película que parece no tener final. Juan Paseyro y Monegal, desde su semanario LA FRONTERA, editado en Vergara, también contribuyó a echarle leña al fuego y a juzgar al parricida, como “un verdadero monstruo”..... Cuándo comprenderemos los hombres, qué hay un Código Penal para castigar a los culpables y una Justicia Divina, que a todos nos mide con la misma vara!..... Cuándo comprenderemos los hombres, qué las familias de los delincuentes, son las más vulnerables! Sin embargo “les caemos con el mazo y la porra” cuando están atravesando su propio duelo….. Hoy, mientras escribo estas líneas, pienso en los problemas psiquiátricos que tenían Fidel, Caraciolo, “El Coatí”, el otro que andaba a caballo atravesando mundos de fantasía, con su guitarra, con su mirada “sin mirar”, mal vestido, con un apero maltrecho, viviendo de la caridad, etc. sumados a los prejuicios de una sociedad que limita, que critica perfecciones e imperfecciones sin mirarse al espejo y que pone muros de concreto, a los que en realidad necesitan de una mano para ayudarlos a salir del pozo. Allá ellos y sus conclusiones, fruto de una liviandad, donde se dice, pero, no se tiene en cuenta “que escupir para arriba, puede caer en la cara”..... LAS EVASIONES DE CIPRIANO OLMOS…. Pasaron los años y en 1924, Sixto Olmos Caraballo, al parecer con la pena cumplida, recordemos que era menor de edad cuando ayudó a esconder el cuerpo del padre, se casó en Montevideo, un 24 de diciembre, con la Sra. Juana Paula Brisunes Gutiérrez e inició una nueva vida. Heraclio Olmos Caraballo, falleció en 1926 en el Hospital de Treinta y Tres, a causa de “Carbunco” Cándido Olmos Caraballo, falleció en 1927 en Montevideo, a consecuencia de un fallo cardíaco. Estaba casado y trabajaba como carpintero. En la inscripción de su Defunción, se testifica la existencia de su señora madre: Francisca Caraballo de Olmos, Al parecer, solo quedaron en campaña: doña Francisca, su hija Eledina, la esposa de Cipriano y los hijos de éste. Los muchachos, tuvieron que madurar de golpe, a destiempo ... .Y a pura intuición, autodidactas de sus propias carencias, salieron a rodar por la vida, señalados por los índices de los pesimistas y rotulados, como gente de poca confianza. Es común en la gente de campaña, fijar con lujo de detalles un hecho, aunque despojado de fecha, mes y año. Apenas, si recuerdan las condiciones climáticas o pueden separar el día de la noche. Así pues contaba Elodina Torcuata Melgarejo Silva de Vaz, que incluso estaba emparentada con los Olmos, que Cipriano, una vez logró fugarse de Montevideo y se le apareció una noche a su hermano Heraclio, en el campo de la Cañada Grande, pidiéndole caballo y apero, para irse para el Brasil. Después se supo que hasta Treinta y Tres, había viajado en el tren, pasando desapercibido entre los demás pasajeros. El encuentro entre los dos hermanos, fue breve y en cuanto el caballo estuvo ensillado, Cipriano, cargó unas vituallas en las maletas y partió, hasta desaparecer absorbido por las sombras. Cansado y sabiéndose perseguido, optó por dormir unas horas, en el interior del Mausoleo de Alves, cuando aún no lo circundaba el cementerio y era un monumento solitario dominando los campos. Desensilló, largó el caballo e hizo cama con el apero y se durmió profundamente. Cuando despertó vio que la luz de un nuevo día, se colaba para el interior del mausoleo, ya que la losa que tapiaba naturalmente la cámara mortuoria, estaba corrida hacia un lado. Entonces, sucedió lo imprevisto. Cipriano Olmos, se terminó desorientando y no faltó una voz que alertara a la Policía, quienes lo interceptaron, comunicaron a la superioridad y prontamente, marcharon con él, atado por debajo de la barriga del caballo, con destino a la Jefatura de Policía de Treinta y Tres. Desde ahí, con férrea custodia en tren, para ser restituido a Montevideo. LO QUE DICE LA PRENSA ESCRITA…. En realidad y según consigna el diario LA MAÑANA, de Montevideo, del día 10 de agosto de 1920, Cipriano Olmos, se evadió dos veces del Hospital Vilardebó, donde se encontraba internado. La primera vez, fue en el mes de mayo de 1920, en compañía de cuatro internos más. No tuvo éxito y fue apresado a los pocos días, sin lograr salir de Montevideo. La segunda vez, fue la noche del 9 de agosto de 1920, cuando y de acuerdo al informe periodístico, “alguien” lo ayudó a irse del Vilardebó, en compañía de otro interno, llamado Alfredo Santuriello. El periodista, los describió a los evadidos como: “dos pajarracos peligrosos”. Comúnmente, por las noches, eran encerrados en una celda de máxima seguridad. Sin embargo, el 10 de agosto, cuando la guardia fue a sacarlos del carcelaje, la celda estaba abierta y no mostraba signos de violencia alguna. Esta segunda vez, fue cuando logró llegar a la Cañada Grande y luego apresado, tal como lo contó Elodina Melgarejo de Vaz. “ SOY TU PADRE MIJO”…… Pasaron los años, pero el acicate del recuerdo del parricidio de Nicolás Olmos, se clavó a fuego en cada mente y en cada rancho, donde la distancia no fue obstáculo para cerrarle el paso al terrible insuceso. Pasaron veinte o más años del hecho referido. Contaba mi madre, que fue noticia en el vecindario rural, que una noche, quizás de los inicios de 1940, en los ranchos de los Olmos, en la Cañada Grande se bailaba sobre piso de tierra, al compás de una victrola gangosa. Habían ciertos invitados, de los ranchos más cercanos. En eso estaban cuando escucharon que alguien golpeaba las manos y gritaba; Genteeee……..Genteeee… Uno de los invitados se comidió a salir a ver quien era el recién llegado. Hecho esto, cuando alumbró con un candil, se topó con un hombre veterano, pelo canoso, cara arrugada, falto de dientes, quien luego de saludarlo, le preguntó si era de la casa. …No don…Yo soy envitao y vecino…Pero si quiere le yamo a uno de los Olmo…. - Si me hace el favor… Agradezco… El otro volvió a entrar al rancho y le dijo a uno de los Olmos:- Hay un viejo ahí ajuera que quiere hablar con uno e’ la casa. Uno de los Olmos, agarró el candil y salió puerta afuera, abriéndose paso entre la oscuridad: -Guena noche….Soy Olmo…Qué si le ofrece, don ? -Guena noche…Arrimate pues, quiero darte un abrazo…Hace munchos años que no te veo…. Medio lagrimeando alcanzó a decirle: SOY TU PADRE MIJO! …PUEDO DENTRAR AL RANCHO?...... Y aquí, se esfumó la historia que contaba mi madre, que ella a su vez la había escuchado de los labios de mi abuelo Cuello. No se si la madre de Olmos, aún vivía y por más que busqué e indagué datos acerca de esa gente, nada pude encontrar en el Libro de Defunciones del cementerio de Vergara. Ni de él ni de su esposa…. Aunque la muerte que a todos nos iguala, lo condujo a él y a su esposa, al hueco del olvido, la memoria del parricidio, le ha sobrevivido tres generaciones. Y hoy la cuento, porque de pronto a la cuarta y quinta generación, les puede interesar. Decidí alivianar el cofre de la memoria, para que este insuceso, no se fuera conmigo en el tránsito inevitable. 

Jorge Muniz. 

Vergara, 20 de mayo del 2026.

domingo, 26 de abril de 2026

 




ALBORADA SANGRIENTA
INICIO
Desde 1929 a la fecha, se ha transitado mucho e indistintamente, por las espesas tinieblas
que dejó la Tragedia del Arroyo del Oro como por la senda augural y eterna que nos legó
Dionisio Díaz.
A lo largo del tiempo historiadores, investigadores, ensayistas, narradores, poetas,
dramaturgos y actores de cine, asistidos muchas veces por estudiosos del psicoanálisis y
de la criminología, han abordado el tema que nos ocupa, buscando sin cesar la forma de
clarificar ciertos detalles que componen la real dimensión del hecho.
Las conclusiones no han sido positivas en su totalidad y por ende, aún se necesitan muchas
respuestas para un caso que cautivó y cautiva, mentes y corazones a través de los tiempos
y sigue teniendo relevancia a la par de sus propios enigmas.
Mi encuentro primigenio con el tema, fue el de un escolar, común y corriente, de corta edad,
sumamente inquieto por aprender historias que generaban los entornos de la década de
1960, cuando en Vergara, pueblo del departamento de Treinta y Tres, sólo se accedía a las
noticias de la radio o de aquellos que viajaban a otros lugares, porque ni soñar que se
pudieran ver programas de televisión.
Nuestro pasatiempo intelectual era el de leer todo lo que cayera en nuestras manos y
escuchar aquel rosario de historias cuasi leyendas, que parecían reverdecer épocas
pasadas y alimentaban favorablemente la llama de vida, que campeaba en los labios y en
las mentes, de nuestros ancestros.
Eran historias contadas con el corazón.
Se elegían las tardecitas de frío o las horas tempranas de la noche, luego del cese de
actividades diarias y allí, con el mate amargo como denominador común, los oyentes,
éramos ojos y oídos, para quien llevaba la voz cantante. Con orden y respeto, se levantaba
la mano para formular una pregunta que casi siempre, nos dejaba una respuesta
satisfactoria.
Esos momentos hasta solemnes diría yo, a medida que fuimos creciendo despertó la
creatividad y la curiosidad en nuestro intelecto tomando la senda del saber, ambicionando
conocer qué había más allá del horizonte y generando un campo fértil, donde los valores,
morales, espirituales y éticos, forjaron la normal convivencia con nuestros similares.
Mi madre nos contaba la historia oficial, por decir así, acerca de la Tragedia del Arroyo del
Oro.
Agregaba en sus dichos que tanto ella como mis tíos, habían conocido personalmente a
Juan Díaz, el abuelo de Dionisio y al hijastro de éste, Marcelo Fasciolo Rosa, quienes en la
década de 1920, desempeñaban funciones de carreros, circulando con carretas con
bueyes, hacia o desde Vergara.
Tanto Fasciolo como Juan Diaz, eran amigos de mi abuelo materno: María Salomé Cuello
Das Neves “Adramantino” quien para ese tiempo, junto a la familia, vivían en el paraje Bajo
Hondo, a la vera derecha del camino que unía Treinta con Vergara y a 10 kilómetros del
pueblo antedicho.
Mi madre y mi tía, nacidas en 1922 y 1921 respectivamente, con sus memorias de niñas,
recordaban a un Fasciolo, joven, buen mozo, guapo y que le encantaba conversar
contrastando con un Juan Díaz, callado, muy reflexivo, cabeza gacha de palabras básicas
para comunicarse, pero muy respetuoso, comedido y solidario. Curtido de intemperie en el
camino y a pesar de sus 70 años, su piel y sus manos callosas, acusaban el deterioro de

veranos y pamperos vividos, volviendo su andar más lento y su estructura esquelética, con
el espinazo algo doblado hacia la tierra.
Muchas veces que pernoctó en la casa de mi abuelo, lo veían en las tardecitas, luego de
liberar los bueyes y acondicionar la carreta, sentado al costado de un fuego, tomando mate
y mirando en silencio la muerte del crepúsculo.
Contaba mi madre, que hasta ellos había llegado la versión de que el viejo Díaz, se había
venido de Florida, porque sobre su lomo, pesaba la muerte de un socio de la carreta que se
le quiso avivar y se le quedó con un dinero que no le correspondía. Al parecer, el viejo,
obligado por las circunstancias de reclamar su parte y no poder obtenerla, empuñó el hacha
de mano que usaba en la carreta y le desarmó la vida al antiguo socio.
Al parecer no hubo intervención policial y don Juan, quizás amenazado por los familiares del
occiso, vaya a saberse, decidió cambiar de lugar y se vino para El Oro, en 1902, con su
esposa italiana, cuatro de sus hijastros, algunos nacidos en Italia, su hijastra Felicia, nacida
oriental y los dos hijos de ésta: Eduardo y María Luisa.
Aclaro en este acto, que en reportaje brindado por Marina Ramos, al Canal 5 el día 22 de
julio del 2014, al referirse a Felicia como familiar, utilizó estas palabras en un fragmento de
la entrevista: “ELLA ERA LA MADRE DE MI MADRE….VENÍA A SER MI ABUELA”........
También se decía en el ambiente campesino de la época, donde las madres solteras sufrían
escarnios sociales, que la medida adoptada por Díaz, de cambiarse de pago obedecía
también al tema de que en suelo
desconocido, el “lavado de culpas” del homicidio y la madre soltera, iban a ser más
soportables….
A pesar de ello, el mundo rural amplio en amistades, abundante en prosas fogoneras, rígido
en valores morales y espirituales, “ejemplarizante” en castigos corporales y cerrado con
candado y siete llaves el nido familiar de cada rancho, filtraba sus goteras más ocultas, que
pasaban por el tamiz del silencio y se comentaban a escondidas para no mancillar el honor.
Esa sociedad netamente campesina, tutelada por la Santa Iglesia Católica, con una fuerte
impronta “machista”, ocultó y trató de borrar vestigios de muchos errores cometidos, porque
temían de sobremanera a los castigos de Dios y se convencían fácilmente que con el solo
hecho de contar la verdad, se volvían pasibles no solo de que los flagelara un vendaval
Divino sino que también, a que los llenaran de estigmas los índices y las bocas de los
tribunales terrenales.
En ese ambiente rural, donde la palabra dada era un documento, donde la honra se resolvía
a tajo de cuchillo o a bramido de revólver, donde los ideales partidarios se lavaban con
sangre y los silencios pactados, quedaban encerrados en una tumba oscura y fría, se
desarrolló la tragedia del Arroyo del Oro.
Quien de antemano no comprenda estas premisas, es lógico que no va a entender lo
medular del asunto y las suposiciones que emita, jamás podrán ser de recibo.
PRIMERA CONSIDERACIÓN
Durante muchos años, fui tomando fragmentos del hecho en cuestión, que me los
entregaron distintas personas de mis zonas de influencias, entre ellos mis abuelos
maternos, mi madre, mis tíos y una pléyade de amigos de distintas edades y de diferentes
estatus sociales, que dicho sea, cuando comencé con mis primeros balbuceos históricos,
me pidieron que diera mi versión del caso, entre tantas más.
Sinceramente, nunca estuvo en mis planes escribir algo, ya fuera un ensayo o una
narración sobre Dionisio Diaz y el entorno que rodeó su muerte.

A pesar de todo el material acumulado, no quería insistir con algo que está muy trillado,
con algo que a cierta gente le molesta y a otros lisa y llanamente ya los tiene aburridos,
dado que persiste la versión oficial y como que ya no hay más informaciones que conocer
porque muchos autores han desplegado abundantemente sus rescates, han enunciado
suposiciones dudosas y no se puede obviar que quienes conocían realmente lo ocurrido,
silenciaron sus voces, evadieron a los que preguntaban y se llevaron los datos a la tumba.
Con el paso del tiempo, fui observando que múltiples versiones aparecidas en la prensa o
en diferentes libros, además de no ser de recibo, tendían a herir susceptibilidades y a
brindar nombres, donde la ética que conservo en mis alforjas me lleva a pedir permiso a los
familiares, para divulgar esas informaciones.
Cada escritor, historiador, poeta, etc. sabe o percibe que el dar nombres y apellidos en
todos los casos que se narran, conlleva a responsabilidades que muchas veces no están
avaladas por documentos. Y en este caso puntual se deben de usar suposiciones y datos
anónimos porque los documentos, dejan poco o nada de campo para poder maniobrar.
En suma, cada quien que haya abordado el tema de Dionisio, que lo haya hecho con
seriedad y con tranquilidad de conciencia, porque al fin y al cabo, ese procedimiento es útil
para todos nosotros, no sólo afirma un concepto en el tiempo sino que amplía el espectro de
acción, que se le entrega al futuro lector.
Decidí por fin, escribir estas memorias y suposiciones, ya que percibo que el tema lejos de
ver un ramalazo de luz, está viendo un temporal de oscuridades. Y quiero dar una mano.
Sin criticar a nadie, sin inventar datos, sin buscar discusiones estériles y sin crucificar a
ningún protagonista, porque ésa es mi manera de trabajar y de conducirme en la vida.
Los errores del pasado y el honor de cada familia y de sus descendientes, se merecen el
mayor de mis respetos y mis más sinceras consideraciones.
SEGUNDA CONSIDERACIÓN.
Personalmente conocí a Luis Ramos; a Víctor Prigue; a Carlos Yelós Plada; a Manuel
Olmos; a Fortunato Ramos; a Salvador Acosta Gorosito; a casi todos los hermanos
Vergara-Gigena; a varios de los Núñez-Fasciolo; y con mi esposa, hemos tratado a Marina e
incluso en el año 2011, nos sacamos una foto con ella en el monolito que está en El Oro.
Muchos de los descendientes de estos apellidos que he nombrado, son mis amigos y
algunos de ellos viven en Vergara.
Para todos, mi sincero respeto.
Debo decirles que en compañía de mi esposa, hicimos dos viajes a las taperas de Dionisio y
esos viajes por adentro del monte, con salida y llegada al pueblo, atravesando dos cañadas
y tres alambrados, me dieron también el espaldarazo para que un día dejara mis apuntes
plasmados en el papel.
Y acá los dejo, para que nuevas generaciones que les interese el tema, puedan edificar una
verdadera construcción sobre cimientos que pretender ser firmes.
TERCERA CONSIDERACIÓN
No pretendo escribir ni un libro ni un ensayo.
Tampoco soy dueño de LA VERDAD ABSOLUTA. Solo espero sembrar en paz para que la
cosecha sea generosa y útil.

Adelante pues y que la Divina Providencia, brinde luz y paz a todos los partícipes directos, a
todos los testigos y a los hombres de letras, dramaturgos y cineastas que ya partieron hacia
otro plano.
NARRACIÓN 1.
(Aclaro que voy a brindar algunos nombres de informantes y que ordenadamente voy a
darle vuelo y sentido a alguna que otra suposición).
Siempre se ha escrito y se ha divulgado desde nuestra generación escolar de la década de
1960, que Dionisio, herido “ de una puñalada penetrante en el vientre, otra leve en la ingle y
otra en la muñeca” según comunicó el Comisario da Rosa a sus superiores, trasladó en
brazos a su hermanita, durante cinco kilómetros.
No sólo eso. Además, tuvo evisceración de cierta parte del intestino grueso, la cual vendó
con un trozo de trapo y esperó oculto gran parte de la noche. Salió de madrugada, atravesó
parte de monte natural, cañadas y alambrados; en una palabra, sin desfallecer nunca.
COMENTARIO: Para la ciencia es algo inexplicable, que una puñalada penetrante en el
abdomen, no haya provocado por lo menos ni hemorragia interna o externa ni tampoco un
dolor insoportable, que a decir verdad no habría podido dar un paso, siquiera.
Una puñalada penetrante, para quienes estudiamos Enfermería y vimos casos en el
Hospital Regional de Treinta y Tres, no sólo provoca sangrado y dolor intolerable; puede
afectar bazo, estómago, diafragma, hígado e intestinos.
Se considera una Emergencia y se resuelve en el Block Quirúrgico, instaurando además
suero fisiológico y volúmenes de sangre……
También este tipo de herida, muchas veces es preámbulo de una peritonitis o de una
infección generalizada (sepsis) eventos con alta tasa de mortalidad; mucho más grave
cuando hay una evisceración (salida del intestino al exterior).
La peritonitis, por lo general se declara en menos de seis horas…..
Para la ciencia médica: Lisa y llanamente, Dionisio, no pudo haber trasladado a su
hermanita y mucho menos caminar cinco kilómetros.
Para la religión católica: Se produjo un milagro e ignorando herida grave y dolor, caminó
todo el trayecto y salvó la vida de Marina.
Bien. Tengo la información que Dionisio, una vez en el rancho del Alcalde Adelaido
González, le fue cambiado el vendaje porque estaba tinto en sangre. Según las expresiones
del dueño de casa al quitar la venda cayeron encima de la mesa, donde había ubicado a
Dionisio “un lote como de gusanitos, iguales a los que quedan cuando se mecha un
queso”..........Ni más ni menos que estos “gusanitos” eran vestigios del epiplón mayor, tejido
que recubre gran parte de la cavidad abdominal y que demuestra a las claras la gravedad
de la puñalada.
Llama la atención que el Alcalde no acompañó al niño a la Comisaría…..”Deje don Lalo, que
yo voy solo”- habría dicho DionisioO en suma, fue un relato fabricado para tratar de enredar la verdad?....Deja mucho que
desear, si se piensa en el dolor, en la fatiga y en la desazón que el niño experimentaba.

Ordenando los tantos para una segura comprensión lectora, atendiendo el parte policial del
Comisario da Rosa, donde expresa que Dionisio compareció a la hora 11 en la Comisaría,
luego de haber estado en la casa de Lalo González, surge el primer indicio de que la pelea
no fue el día 9 en horas de la noche y sí, el día 10, en horas de la mañana.
Las graves heridas que presentaba Dionisio en su abdomen, no le habrían permitido pasar
la noche y salir de mañana para iniciar el trayecto. Son muchas horas…..
Y es real que la hemorragia interna o externa, como la infección que se le habría declarado,
lo habría matado en los ranchos de la familia.
Tengo el dato, de que llegó moribundo a la casa de Lalo González y que trasladado a la
Comisaría, falleció en el interior de ésta, a poco de haber llegado.
Cuando concurrieron a El Oro, procedentes de Vergara, el Juez de Paz, el Médico y los
testigos, primero se dirigieron a los ranchos y recién, después, próximo a la hora 17,
llegaron a la Comisaría para atender a Dionisio…..
Y ante dichas y desdichas de testigos presenciales, lo más raro del caso fue que no se
ordenó el traslado inmediato a Treinta y Tres. Estaban con el auto parado frente a la puerta
de la Comisaría y el chófer disponible….
Me contaba Domingo Rial Guerra, que el Dr. José Gorosito Tanco, quien también ejercía la
medicina en Vergara en 1929, varias veces le había comentado que Dionisio había fallecido
de peritonitis, a consecuencia de las puñaladas y de la evisceración del intestino grueso. No
dijo o al menos Rial Guerra no lo manifestaba, en que lugar se habría producido el deceso.
Recordemos que el Dr. Gorosito en su calidad de poeta gauchesco, escribió el poema “Gurí
Guapo”, donde pone de manifiesto sus dotes poéticos y su exquisita sensibilidad.
La suposición de que el niño, falleció en la Comisaría, poco después de haber ingresado a
la misma, parece ganar terreno, con los detalles antes expuestos.
También es dable anotar que el día 11 de mayo, cuando por fin fue trasladado a Treinta y
Tres, en el auto de Parra, que manejaba Víctor Prigue, Yelós, lo llevaba envuelto en un
poncho, casi oculto el rostro del niño y ¡oh casualidad!.....constató que había dejado de
respirar justo en el límite de las Seccionales Segunda y Once.
Al parecer no dieron cuenta a nadie. No lo llevaron a la presencia de un médico para que
constatara el deceso.
Simplemente, pararon frente al cementerio de la ciudad de Treinta y Tres y allí lo bajó Yelós,
acompañado de Parra y de Prigue, lo depositaron en la pieza donde hacían las autopsias y
donde trabajaba el Médico Forense Dr. Bañales…
Cómo qué ya todo estaba convenido de antemano?.....
Por último, quiero dejar aclarado que no es mi voluntad interceder o desplazar el Vía Crucis,
que hizo Dionisio, llevando en brazos a su hermanita, ya que eso está instalado en el
ideario popular y debe de ser respetado y venerado por más que transcurran los tiempos y
surjan una o más versiones en contrario.
Como creyente, no eludo los milagros propiciados por Dios.
Como enfermero e investigador de la historia, tampoco puedo eludir las premisas de la
ciencia.

Solo doy los testimonios que he recogido a lo largo de muchos años, con el fin de que
puedan encajar las piezas de este “rompecabezas”.
NARRACIÓN 2.
Policías y vecinos, no dudaron en que el homicida, se trataba de Juan Díaz.
Sus desencuentros familiares con Eduardo y con María Luisa; su tirria contra Luis Ramos;
las intervenciones policiales de las cuales fue objeto y sus manifestaciones a Salvador
Acosta, en Vergara de que iba a tramitar Porte de Armas, por sentirse perseguido y a
Eustaquia Fernández de Larronda, que era empleada del hotel de Claussen y le curaba la
famosa mordedura del perro, con pomada de árnica, adquirida en una de las farmacias del
pueblo, le manifestaba “MI CASA ES UN PUTERO VIVO” y que en cualquier momento iba a
tomar una decisión letal, lo condenaron desde el inicio e involuntariamente fue esclavo de
sus palabras.
Todo el mundo sabía que el viejo mascullaba amenazas a su familia e incluso, me contó
Salustiano Azambullo que era Policía de la época, que una mañana el viejo Díaz, había
venido a Vergara y fue a comprar una camisa de abrigo y una bombacha de campo a la
tienda de José Larrambebere y que cuando el dependiente le entregó el paquete con lo
solicitado, dijo; “AURA SÍ CARAJO, TENGO CON QUE ME CUEZAN LA MORTAJA”....
Con estos testimonios y el boca a boca de varias leguas a la redonda, la autoridad no tuvo
inconvenientes en señalar como el homicida, desde el primer instante que tomaron
conocimiento del caso.
Hace varios años atrás, mi gran amigo “Pepe” Vergara, hijo de Natalio Vergara, vecino y
amigo de la familia Díaz, me contó que el viejo Juan, hacía dos o tres días que no estaba en
sus ranchos. Andaba de visita por la casa de su amigo y vecino Porfirio Guillermo Araújo (se
aclara que “Guillermo” es apellido) y que retornó el día 10 de mayo, en horas de la mañana
y que posiblemente, al enterarse o ver el “desorden” que había quedado del festejo de
cumpleaños de Dionisio, “EXPLOTÓ Y LOS LIQUIDÓ A TODOS”......
Ésa, fue la creencia general y muchos, se largaron a la captura DEL DELINCUENTE- como
escribió la autoridad policial, en uno de sus partes……
Ahora: ¿Quién trasladó a Dionisio y a Marina, al rancho del Alcalde González?.... Importante
pregunta….
He recibido dos versiones al respecto: Una, de que fue el mismo Juan Díaz, que lo acostó y
le vendó las heridas a Dionisio, eso explicaría las manchas de sangre que aparecieron en el
colchón que estaba en el suelo y que inmediatamente, decidió llevarlos a lo del Alcalde,
porque intuyó de plano, que si iba a la Comisaría, no se escapaba de quedar preso como
principal inculpado……
Con González había amistad de años y sabía que de la casa de éste, escapaba
fácilmente…. De la Comisaría, ni pensar….
Al retornar a los ranchos, desensilló presurosamente, largó el caballo y se perdió monte
adentro, como una fiera perseguida….

La otra versión, me indica que quien había vendado a Dionisio y luego hizo el traslado de
los niños hasta lo de Adelaido González, fue el homicida de María y de Eduardo y por
supuesto quien hirió a Dionisio…Después al igual que Juan Díaz, se esfumó en el
horizonte….
Y acá, subrayo…..QUIÉN MATÓ A EDUARDO, MARÍA E HIRIÓ DE MUERTE A DIONISIO,
NO FUE JUAN DÍAZ.
Ese tema lo analizo y lo explico en los relatos que continúan…
NARRACIÓN 3.
La noticia de que Juan Díaz, andaba vagando por los campos de la zona, se convirtió en
una especie de psicosis colectiva.
Lo veían por todos lados. Se habían formado piquetes de vecinos, entre los cuales por
ejemplo estaba Quintín Núñez, el padre de Dionisio y esposo de Felicia Fasciolo, hijastra
del fugitivo; estaba Marcelo Fasciolo, hermano de Felicia y también hijastro de Díaz; estaba
Luis Ramos, el padre de Marina, algunos de los hermanos de Luis; estaban dos hijos de
Natalio Vergara, quienes colaboraban con la Policía de El Oro, que unida a la de la Primera
Sección Rural, a la de la Cuarta y a la de la Novena, batían pajonales, montes, registraban
con anuencia judicial, distintos hogares, sin embargo los resultados eran negativos…..
Cuando ocurrió la tragedia dos personas que quedaron desvinculadas de toda sospecha,
fueron Quintín Núñez, que estaba trabajando en una estancia del Rincón de Ramírez junto
a su familia y Luis Ramos, que andaba “para la costa” con su amigo Santos Barreto, a
efectos de cumplir con las tareas del contrabando en cargueros, que era una forma de
ganarse la vida.
Posteriormente, en el transcurso de la búsqueda de Juan Díaz, ambos participaron de la
misma.
Contaba Genaro Vaz Gabriel, que había sido Policía en El Oro, en ese tiempo, que una
tarde, dos días después de los asesinatos,le habían ordenado a otro Policía y a él, que esa
noche cumplieran un servicio de ronda en los ranchos de Díaz.
Llegaron al lugar de tardecita, fueron hasta uno de los ranchos, comprobaron que no había
nadie y como la puerta estaba abierta, la cerraron y la aseguraron con varias vueltas de
alambre entre el marco y el agujero, que había dejado la falta del pomo.
Como hacía frío, metieron los caballos juntos para adentro del monte, previniendo que no
fueran a relinchar si estaban separados, se envolvieron en los ponchos y sin querer se
durmieron.
Con los primeros rayos de sol, se despertaron y concurrieron hasta los ranchos,
constatando que el que le habían dejado la puerta atada con alambre, ésta, estaba abierta y
una vez que entraron al interior sobre una mesa allí existente, había un trozo de galleta San
Ramón, con secuelas inconfundibles de que una persona, había estado comiéndola.
No les quedó dudas, de que Juan Díaz, andaba en la zona y tal vez que por las noches,se
ocultaba al abrigo de sus ranchos
Llama la atención que gente conocedora de la zona, no pudieran detectar su presencia. Y
no digo por estos dos Policías, sino por los restantes que lo buscaban, quienes además de
ser probadamente camperos, conocían cada recoveco existente en los montes, pajonales y
campos.

Luego se conoce que el día 6 de setiembre, Asunción Barreto, un vecino de la zona,
encuentra el cadáver del viejo Díaz, constatándose que tenía un trozo de tiento atado en su
pescuezo el cual a su vez estaba atado a una piedra, que servía para fondearlo en la laguna
donde se encontraba, sita en el Arroyo del Oro y a dos cuadras de los ranchos.
El cuerpo vino a flote, porque el tiento luego de estar varios meses debajo del agua se
pudrió y reventó.
A pesar de que el cadáver estaba bastante descompuesto, el Dr. Pisano, constató que tenía
una puñalada debajo de las costillas, del lado derecho……
Imposible, de que fuera un suicidio como muchos pretendieron…
Alguien comentó a su familia: “YO SABÍA BIEN QUE ESE HIJUNAGRAMPUTA ESTABA EN
EL FONDO E’ LA LAGUNA !”
Este hombre que pronunció esta frase cargada de mucha cólera, fue, quien le dio muerte a
Juan Díaz y es muy probable, que vivió el resto de sus días convencido de que el homicida
de Eduardo, de María y heridor de Dionisio, había sido el viejo Díaz.
En el transcurso de estas narraciones iré explicando el verdadero trasfondo de esta
tragedia, oscuro e intrincado, capturado en una red de inventos de toda clase y tamaño.
El hombre que pronunció la frase, murió muchos años después del hecho y era uno de los
tantos que cuando se tocaba el tema del evento, los cortaba de raíz: "ACÁ NO SE HABLA
DE ESO”.....
Pero todos los mortales, tienen su “Tendón de Aquiles” y la ancianidad los va aflojando.
Ésa, fue una de las puntas de la madeja….
NARRACIÓN 4.
Trato de poner en orden mis narraciones, ya que el tema, siempre lo manejé “de cabeza” sin
grabadores y sin apuntes, vanidad aparte,valiéndome de una memoria prodigiosa.
Los últimos datos que he recabado de las genealogías de Internet, me han demostrado y
esto ya lo mencioné anteriormente, que Juan Díaz, esposa, hijastros y nietos, diría,
refiriéndome a Eduardo y a María Luisa, llegaron a El Oro, en febrero de 1902.
Por ahí alguno que otro investigador, han escrito y han dicho, que se sabía poco y nada del
núcleo familiar.
Por el contrario, muy pocos, se detuvieron a estudiarlo, como que sólo importaban la sangre
vertida y los dos puñales homicidas.
Juan de Dios Díaz Hernández, había nacido en Montevideo, en 1855.
Era hijo de los inmigrantes “canarios” al parecer de Tenerife: Mariano Ðíaz Guerra y Teresa
Hernández Méndez, quienes habían contraído matrimonio en la ciudad de Montevideo, en el
año 1854.
El matrimonio, tuvo tres hijos: María Benancia, Juan de Dios y Tiburcio, quien nació en 1861
en el departamento de Florida, lo que confirma que Mariano Díaz y su familia se habían
mudado para ese departamento, donde Juan Díaz se crió y comenzó sus primeras armas
como carrero.
En cuanto a la esposa de Juan, llamada María Verónica Rosa Scorza, habría llegado a
Florida, procedente de la Liguria en Italia, entre 1870 y 1877, en compañía de su esposo
José Fasciolo, con quien había contraído enlace en Italia, en febrero de 1864.
Con ellos, vinieron tres hijos italianos: Pedro Pascual, Antonio Felipe y Nicolás.
En Florida, nació Felicia, en 1877 y luego: Luis, Pedro José y Marcelo.

En el año 1882, falleció el italiano José Fasciolo y María Rosa, poco después, pasó a
convivir con Juan Díaz.
En este caso, no encontré Partida de Casamiento.
A su vez Felicia, como ya lo comenté anteriormente y expuse las fuentes de información,
tuvo dos hijos, en Florida, soltera y de padres desconocidos: Eduardo Casiano Natalio
Fasciolo, nacido en diciembre de 1895 y María Luisa, nacida al parecer en febrero de 1909
y luego adoptada como hija por Juan Díaz y María Rosa.
Vale decir que Felicia, lo tuvo a Eduardo, cuando tenía 18 años y a María Luisa, la habría
tenido, cuando frisaba los 22 años de edad.
No encontré Partida de Nacimiento de María Luisa y me llamó la atención que cuando se
trató de presentar a Dionisio y luego a Marina, ella no compareció en ninguna de las dos
circunstancias.
En la primera, se dijo que estaba enferma, en la segunda, de acuerdo a las expresiones del
mismo Luis Ramos: “.....quedó de ir a reconocerla (Marina) pero se fue dejando y después,
vino la tragedia”......
No estaría registrada María Luisa ?
Tampoco habría sido reconocida judicialmente por Juan y María Rosa?.....
Por ahora, no tengo nada al respecto……
Cuando arribaron a El Oro, Eduardo tenía 6 años y María Luisa, tal vez un año.
La italiana María Rosa, tenía 54 años; Juan Diaz, 47 y Felicia, 25 .
En este sentido, la pareja de Juan y María, adoptaron a María Luisa, como hija “aunque
fuera de boca y no legalmente” …..
Tiburcio, el hermano menor de Juan Díaz, casó en Florida en 1885, con Balvina Britos Oliva
y al año siguiente, aparece poblando en la zona del Avestruz Grande, 5ta. Sección de
Treinta y Tres, donde habría poseído campos…
Dato, sin confirmación.
Según la genealogía, este Díaz, procreó 13 hijos, entre varones y mujeres.
Todos los hijos al igual que los Fasciolo-Rosa y María Luisa Díaz, tuvieron descendencia.
Tres hijas de Tiburcio, se casaron con tres hermanos de Salvador Acosta Gorosito, vecino
mío en Vergara, amigo de confianza de Juan Díaz y ocasional testigo de la tragedia en
1929.
Otro hijo de Tiburcio, (Manuel Mercedes Díaz Britos) fue el padre de los Díaz-Valdez
(Wifredo, el escultor premiado dentro y fuera del país) Manuel Diaz, bisnieto paterno de
Tiburcio, actual cantautor de folklore en la ciudad de Treinta y Tres.
Queda la pregunta: Juan Díaz, tenía contacto con ese hermano que residía en El Avestruz
Grande y que tanto él como su esposa, finaron en la ciudad de Treinta y Tres?...
Por ahí, alguien que lea estas memorias, quizás conozca la respuesta.
NARRACIÓN 5.
En 1929, el Sr. Jefe de Policía de Treinta y Tres, era don Fermín Hontou, hombre de
extracción colorada y de la gente del General Basilisio Saravia y de su hijo el Mayor Ciriaco
Saravia. Aunque padre e hijo, ya habían fallecido, la siembra política que habían dejado a lo
largo de muchos años de militancia, tenía relativa fuerza en el departamento, donde los

blancos, presentaban batalla, pero, para ser Policía y “aspirante a caudillo” había que ser
colorado.
Sin denostar a nadie, escuché varias veces contar la anécdota por la cual el Comisario
Ramón da Rosa, se había erigido como tal.
No me voy a extender en detalles ni en adornos superfluos, para contar que una mañana da
Rosa, estaba carneando en la estancia de su padre, cuando escuchó el ruido de un motor y
al levantar la cabeza, vio que por el camino de acceso a la estancia, venía una “baturé”
asomando, entre la porfiada y espesa polvareda.
Reconoció que era el vehículo del Mayor Ciriaco Saravia, hijo de Basilisio, pariente de da
Rosa y Jefe de Policía del Departamento.
La prosa entre Saravia, que era el único ocupante del vehículo, fue breve y de pocas
palabras: Ché Ramón, te vengo a buscar para darte el grado de Comisario y hacerte
encargado “de tal Seccional”.....
- Pero yo, Ciriaco ?....
- Sí vos. Andá y date un lavado, cámbiate de ropa y vení que te vas conmigo. Me
hace falta un Comisario y vos, sos el indicado……
Palabras más, palabras menos así comenzó el periplo policial de Ramón da Rosa, que con
el tiempo, llegaría a ser Sub Jefe de Policía de Treinta y Tres. Un hombre campechano,
honesto, con cierta cultura para su época que en 1929, era el Comisario de la Segunda
Sección Policial, con asiento en “El Oro”.
Cuando ocurrió la tragedia, da Rosa, al igual que el Subcomisario Martiniano Navas,
andaban en recorridas a caballo por distintos puntos de la Sección.
Quien estaba a cargo de la Seccional era el Escribiente Teótimo Carlos Yelós Plada, quien
revestía jerarquía de Oficial de Policía y además era el encargado de elaborar los partes
policiales y todo el trabajo administrativo. En este caso a pesar de no estar el Comisario, los
partes igual se emitían con su nombre. Era un formalismo de época.
En 1929, el Presidente de la República era Campisteguy y el Ministro del Interior era Juan P.
Fabini. Ellos,como da Rosa y Carlos Yelós, se habían formado dentro del Partido Colorado.
En “El Oro”, el caudillo colorado de peso era Natalio Vergara Rivero, estanciero,
comerciante y en otro tiempo pasado, había sido Juez de Paz, de la Segunda Sección.
Políticamente, la Sección, era bastión colorado, donde Basilisio Saravia, había tenido el
casco de su estancia y una enorme influencia entre la población porque era un hombre de
bien y había ayudado a muchos de diversas maneras, que le retribuyeron acompañándolo
voluntariamente a la guerra y luego de fallecido, le siguieron rindiendo culto a su memoria.
Comentaban que Juan Díaz, había servido con Basilisio en 1904, donde también participó
Juan Adolfo Ramos Beledo “El Zurdo” vecino del Arroyo Corrales del Parao y padre de Luis
Ramos.
No tengo informaciones de cómo era la relación de “El Zurdo” con Juan Díaz.
Se ha dicho insistentemente, que se odiaban y que no podían ni verse.
Sin embargo alguno de los Ramos me ha contado, que ciertos sobrinos de “El Zurdo” a
veces y en viajes de corta distancia eran invitados por Juan Díaz, para que lo acompañaran
en la carreta.
“El Zurdo”, fue hombre de cierta confianza de Basilisio. Estuvo presente en Tupambaé en
1904 y se dice que en el galpón de la estancia de José Lucas, degolló a dos blancos que
estaban heridos.

Era la guerra y el carácter de los hombres que participaron en ella, estaba forjado en un
tiempo bárbaro y resumido en la desnudez de dos palabras MATAR o MORIR….No había
vueltas.
Ramos, ocupaba campos heredados de su abuelo, “el sorianense” Andrés Ramos, antiguo
estanciero y morador de “Corrales del Parao” que fue censado en la zona, en 1836.
Este lugar, estaba un poco distante de los ranchos de Juan Díaz, pero no tanto para gente
de una época, donde estaban muy apegados al caballo como medio de transporte.
Se ha dicho que “El Zurdo” era un hombre bárbaro. Siempre de revólver y cuchillo en la
cintura. Hosco, de mirada esquiva, no le gustaba que nadie le atravesara sus campos sin su
consentimiento y a varios los asustó amenazándolos, con “CURTIRLOS A BALAZOS”....
Caso contrario los amenazaba con la pareja de perros cimarrones que tenía: “EL DOTOR” y
“LA PRINCESA”, que según mi padre, que conoció a “El Zurdo” eran más bravos que él….
Eternamente de pañuelo colorado en su cuello, mirada felina y preparado “a ganar el tirón”,
tuvo varios desencuentros con la Policía de Vergara y en una ocasión, ante un tiroteo donde
él venía con cargueros y contrabando, se le entregó solo al Comisario José Muiño, porque
se conocían del tiempo de la guerra y Muiño, también era de la gente de Basilisio.
Más allá de este mínimo bosquejo sobre un personaje de la zona, reconozco que “El Zurdo”,
era muy amigo de los Batista de la zona de Leoncho, los cuales también eran amigos de
Eduardo Fasciolo.
Esto lo testifica porque tengo una foto que me aportaron, donde aparece “El Zurdo” junto a
Andrés Batista González y un hijo, de este último: Andrés Batista Baudean.
NARRACIÓN 6.
Se ha dicho últimamente, que la tragedia del Arroyo del Oro, habría sido llevada a cabo por
sicarios de José Saravia, quienes terminaron haciendo desaparecer a parte de una familia,
porque José Saravia temía que Juan Díaz, fuera a comentar algo bastante inconveniente,
para esos momentos.
Ya he remarcado que eran tiempos de caudillos del Partido Colorado, que era el partido de
gobierno y que muchos se creían con facultades de mandar en vidas y bienes, solo por
estar cobijados bajo el ala de caudillos o de “caudillejos” de dicho partido.
La geopolítica de esa época, era una madeja bastante llena de enredos y la puja
post-revoluciones con el Partido Nacional, era de hacha y tiza.
Juan Díaz, era colorado y no tengo ninguna información de que hubiera tenido vínculos
políticos o de trabajo con José Saravia.
Es decir, no puedo ni afirmar ni reprobar el tema antedicho, aunque, me llama la atención de
que normalmente “el trabajo de los sicarios” es de que al cumplir con el encargo solicitado
NADIE QUEDA CON VIDA…
Y acá quedó un niño malherido y una niña, que ella misma ha testificado que en la pelea,
recibió una herida superficial de arma blanca, en la espalda.
Ningún vecino habría visto a esos sicarios?
¿Qué les habría ocurrido, qué dejaron atrás a dos niños con vida?....
El cúmulo de evidencias que hay, hace creer que la pelea fue de mañana.

Había “tallarines en labor”. El cuchillo de Eduardo, estaba debajo de la almohada de su
cama. Las puñaladas que sufrieron los protagonistas, estaban bien dirigidas y tenían
carácter letal….
En 1929, los ranchos pobres de la campaña, no tenían heladera. Los tallarines caseros que
se hacían, eran para comerlos en el transcurso del día.
Un hombre de campo, generalmente se coloca el cuchillo en la cintura cuando va a salir
para el campo y no cuando anda trajinando en los alrededores de la casa.
Las puñaladas al estar dirigidas a sitios vitales del cuerpo humano, dejan la pauta
establecida de que la pelea, no fue de noche, cuando la oscuridad, no permite ni ver la
mano que empuña el cuchillo, máxime, cuando la luz de los ranchos era sostenida con
candiles de grasa.
Es obvio, que las puñaladas fueron dadas por hombres jóvenes y me inclino por uno solo,
no más, porque si hubieran sido dos o más, no se habrían encontrado huellas de lucha,
debajo del parral….
Dos sicarios y no más, bastaban para sorprender a una mujer, a un hombre discapacitado y
a un niño, sin dejar signos de lucha. Si hubiera estado presente Juan Díaz, debido a la vejez
prematura que dicen que presentaba, tampoco habría ofrecido tanta resistencia .
Sostengo, que los sicarios atacan por sorpresa, evitando la resistencia de las víctimas.
Acá se nota que HUBO una discusión previa, que subió de tono y que dio paso a las heridas
de arma blanca, demostrando el homicida, por la búsqueda de puntos vitales, que su mente
le indicaba que matara y no que solo se limitará a amenazar verbalmente y con gestos.
Otro hecho de regular importancia, es el de la cuna de Marina, que estaba cribada a
puñaladas…
El protagonista del hecho, quiso expiar una culpa o un manojo de celos, que lo torturaban
sin darle alivio?....
Algo de eso, parece haber sido…..
María y Eduardo, fueron muertos debajo del parral y luego arrastrados hasta el interior de
cada rancho donde estaban a la llegada de la Policía.
Otro detalle que surge, según un fragmento del escrito del Dr. Pisano, es que María estaba
boca arriba y con la ropa levantada sobre su cabeza.
El parte policial argumenta, que “estaba en ropas menores”......
Otra evidencia de que el hecho fue en la mañana; porque es dable pensar, que en el mes
de mayo, con fríos tempraneros, una mujer no iba a estar en ropas menores, haciendo
tallarines…..
Había un invitado para degustar esos tallarines al mediodía? La evidencia, muestra que sí y
que fue el potencial homicida….
El hecho de la ropa levantada por encima de la cabeza, pretende mostrar la falta de
fidelidad hacia un marido o un amante de la víctima…. Es un típico arranque de
resentimiento machista, que no deja lugar a dudas…..
También da para pensar que si Eduardo no portaba su cuchillo, “el ocasional visitante” era
conocido de la casa…..
Otra perla más. El 10 de mayo de 1929, fue un día jueves. Raro, que en campaña se
comieran tallarines. Generalmente, esto se hacía si había una fiesta o en su defecto, para
agasajar a una visita.

Les dejo la reflexión y para mí: había una visita…..
NARRACIÓN 7.
Se ha tocado muchas veces el tema de las disidencias entre Juan Díaz y Luis Ramos,
quienes, según este último llegaron al extremo de negarse el saludo.
Según palabras del propio Luis Ramos, vio al viejo como un hombre al cual no llegó a
conocer a fondo. Al principio dijo que se trataban, pero después, hasta le había parecido
que era un hombre con malas intenciones.
Escuché decir que Díaz no lo quería a Ramos en su casa, porque era hijo de “El Zurdo”,
dato que refutó en cierto modo, porque el viejo sabía desde el inicio, de que estirpe venía
Luis Ramos. Sin embargo, lo aceptó y recién después, vinieron los tiras y aflojes.
Una vez contó Luis Barragán Casal en mi casa, que la animosidad de Diaz, había llegado al
extremo de que una tarde Ramos y Eduardo Fasciolo estaban herrando un caballo en la
periferia de los ranchos y el viejo, como Luis, era el que sujetaba la pata del animal, le hacía
señas a Eduardo, cuando podía, que le pegara con el martillo, en la cabeza a Luis. Lógico,
que eso no se dio, pero demuestra a las claras que la rabia, estaba a flor de piel.
A pesar de que conocí a Luis Ramos, era vecino de mi abuelo Cuello, nunca llegamos a
tratarnos.
Quizás, era poco saludador con quien no tenía amistad, pero lo recuerdo como un hombre
apacible, que pasaba todos los días por casa haciendo los mandados y usaba bombachas
de campo y championes de basquetbol.
Fui bastante conocido de sus hijas e hijos, pero, jamás les pregunté nada y con Luisa, una
de ellas al igual que con su esposo, somos amigos y vecinos de barrio.
Parte del relato que aportaba Ramos era de que estaban para irse, con María, Dionisio y
Marina, a vivir a “El Oro” porque la situación con el viejo Díaz era insostenible. Él, decidió
hacer un viaje “a la costa” para agenciarse unos pesos…..”CUANDO RETORNÉ YA ERA
TARDE”.....
Otro tema que se ha tratado mucho, es el de la fiesta que hubo durante el cumpleaños
Nro.9 de Dionisio y eso ocurrió, el día 8 de mayo de 1929.
Los datos que obtuve, fue de que hubo fiesta, con varios invitados en los ranchos, según
contaba mi madre con pasteles y otros decían que con guitarra y bebidas, al parecer
alcohólicas.
Hubo otros temas donde las víboras que crea el alcohol en las mentes, aprovecharon para
prevalecerse del ambiente que se generó y escribir una página sórdida y no deseada, en
aquella interminable noche campesina.
Marcelo Fasciolo, vivía con su esposa cerca de “Bañado de Oro” y fue invitado para la fiesta
a la cual no llegó, porque se “demoró” en un rancho en “El Oro” seducido por una mujer que
allí vivía…..
En la fiesta, no estaban ni Juan Díaz, ni Quintín Núñez ni Luis Ramos…..
Pero los rumores, recorrieron la zona, primero, filtrados a escondidas y luego, contados sin
pedir secreto a nadie.
Según muchos viejos y viejas de la zona, esa fue la gota que colmó el vaso y detonó la
tragedia.
Una vez más, “el machismo”, se había aprovechado de una familia carenciada y en especial
de una humilde mujer, sin duda que amparándose, en el poder transitorio que brinda el
dinero.

NARRACIÓN 8.
En el año 1978, me prestaron el libro EL SOLAR OLIMAREÑO de Luciano Obaldía
Goyeneche, donde en una de sus páginas, casi al final del mismo transcribe fragmentos de
una carta que en 1967, escribió el Dr. Antonio Pisano, donde se formulan un lote de
preguntas, al parecer sin respuestas, acerca de la tragedia que tanto nos ha ocupado.
Cabe agregar que el Dr. Pisano, que bastante conocía del hecho, cambió varias veces sus
versiones lo que lo llevó a caer en contradicciones y fantasías, con escaso margen de
credibilidad. Tal, como el testimonio escrito por el Maestro Ángel María Luna, que ha sido
tomado en cuenta por varios historiadores e investigadores, a pesar de los errores y
contradicciones que deja al descubierto.
Volviendo al tema de estas narraciones, el dueño del libro que era Clerino Zósimo Correa,
que durante muchos años ejerció como Juez de Paz, en Vergara y en Rincón, hasta
jubilarse, había escrito al pie de la página con bolígrafo azul: “LOS MATÓ UN
CONTRABANDISTA, AL CUAL CONOCÍ”.........
Obvio, que no mencionó nombre ni apellido de ese contrabandista…..Y contrabandistas con
cargueros en la zona, logré contabilizar unos 34 paisanos que se dedicaban a ese oficio…..
Pero, ESE CONTRABANDISTA LOS MATÓ A TODOS?
A JUAN DÍAZ, TAMBIÉN ?......
Muchos años después, allá por el 2014 más o menos, Luis Larronda Fernández, muy amigo
mío y quien me brindó muchas historias de la zona, dado que era un gran memorioso, me
comentó que un anciano lo había llamado a Luis Ramos a su presencia y le había dicho:
“CHÉ, TE ACORDÁS QUE LOS MILICOS DEL ORO, UN DÍA TE JUDIARON, TE ATARON
EN LA PUNTA DE UN MANIADOR Y TE HICIERON ENTRAR A LA LAGUNA A BUSCAR
AL VIEJO DÍAZ. TE ACORDÁS O NO?....
Al responder Ramos que se acordaba, el otro le largó sin preámbulos: “FUI YO QUE LO
MATÉ AL VIEJO Y AHORA QUE TOY PA MORIR TE VIÁ CONTAR COMO FUE”....
“A LOS TRES DÍAS DE LAS MUERTES (el 12 de mayo de 1929) LO ENCONTRÉ EN EL
CAMPO.
YO ANDABA BIEN MONTAO EN UNA YEGUA TOSTADA, ERA DE TARDE, QUISO
DISPARAR PAL MONTE Y LE PLANTÉ EL LAZO.
CON LOS BRAZOS AMARRAOS POR EL LAZO, LO TIRONIÉ CON LA YEGUA, LE
ARRANQUÉ UN GALOPITO Y LO CURTÍ A GOLPES Y A REVOLCONES POR EL SUELO.
LO LLEVÉ ASÍ HASTA LA ORILLA E’ LA LAGUNA. ALLÍ ME BAJÉ Y VÍ QUE TABA
MUERTO PERO PA ASEGURARME MEJOR, ECHÉ MANO AL CUCHILLO Y LE ENCAJÉ
UNA PUÑALADA EN LA PANZA DEL LAO DERECHO.
DESPUÉS LE ATÉ UN TIENTO EN EL PESCUEZO AMARRAO A UNA PIEDRA QUE
CONSEGUÍ Y LO TIRÉ YO SOLO PA DENTRO E’ LA LAGUNA “....
Ahí, apareció la puñalada que mencionaba el Dr. Pisano.
Al escuchar este relato le pregunté a Luis Larronda: ¿Puedo saber quién te contó eso?....
Me respondió textualmente: ¡Sí SEÑOR ! ESO ME LO CONTÓ EL MISMO LUIS
RAMOS…A MÍ Y AL NEGRO JUEZ, QUE ESTABA CONMIGO (Se refería a Elpidio Dinarte
Sosa, alias “El Juez”)........

Bien. Pero tanto Luis Larronda como muchos más, a excepción del Juez de Paz Abelardo
Correa, se murieron convencidos de que el homicida de Eduardo, María y heridor de
Dionisio, había sido Juan Díaz.
Cuando escribí “a excepción” del Juez Correa, aclaro que éste al expedir el Certificado de
Defunción de Juan Díaz, había puesto: FALLECIDO EN MAYO….SE IGNORA FECHA….
En fin, cómo sabía qué Juan Díaz había fallecido en el mes de mayo? Un pajarito, se lo
había contado….
El secreto del contrabandista que había mencionado Clerino Correa, fue tan celosamente
guardado, que estoy seguro que ni el Juez Abelardo Correa, se enteró.
Correa, falleció en 1936 y la identidad del contrabandista aludido, se
conoció muchos años después.
Clerino, murió con 96 años, en la década de 1990 y cuando escribió ese pie de página,
estaba con la letra algo temblorosa…..
Hace dos años atrás, no recuerdo ni día ni mes, una Señora que de niña vivió en el paraje
“La Calavera” Novena Sección de Treinta y Tres, se contactó conmigo para darme la
identidad del contrabandista que había sembrado pánico y muerte en los ranchos de Juan
Díaz.
Deduje pues, que cuando el viejo llegó a los ranchos, retornando de la casa de su amigo
Guillermo, la tragedia ya había sido consumada y el matador se había marchado con rumbo
desconocido.
Era, la otra punta de madeja que me faltaba.
Me reservo las identidades de los dos hombres que mencioné anteriormente y añado que
siempre se dijo que el hecho había sido motivado por celos y desamores con María Luisa.
Por ahora, solo me queda por develar: ¿Quién trasladó a los
niños hasta la casa del Alcalde?
Es parte de la leyenda, que algún día o nunca más, se sabrá a ciencia cierta.
Nos queda la potente luz que irradia el coraje de Dionisio. Más vivo que nunca en nuestra
contemporaneidad y emergiendo consuetudinariamente, desde una ALBORADA
SANGRIENTA, que nos recuerda que en el mundo terrenal, la lucha continúa y está
planteada entre el hombre y la supervivencia.
Jorge Muniz.
Vergara, 26 de abril del 2026.