domingo, 26 de abril de 2026

 




ALBORADA SANGRIENTA
INICIO
Desde 1929 a la fecha, se ha transitado mucho e indistintamente, por las espesas tinieblas
que dejó la Tragedia del Arroyo del Oro como por la senda augural y eterna que nos legó
Dionisio Díaz.
A lo largo del tiempo historiadores, investigadores, ensayistas, narradores, poetas,
dramaturgos y actores de cine, asistidos muchas veces por estudiosos del psicoanálisis y
de la criminología, han abordado el tema que nos ocupa, buscando sin cesar la forma de
clarificar ciertos detalles que componen la real dimensión del hecho.
Las conclusiones no han sido positivas en su totalidad y por ende, aún se necesitan muchas
respuestas para un caso que cautivó y cautiva, mentes y corazones a través de los tiempos
y sigue teniendo relevancia a la par de sus propios enigmas.
Mi encuentro primigenio con el tema, fue el de un escolar, común y corriente, de corta edad,
sumamente inquieto por aprender historias que generaban los entornos de la década de
1960, cuando en Vergara, pueblo del departamento de Treinta y Tres, sólo se accedía a las
noticias de la radio o de aquellos que viajaban a otros lugares, porque ni soñar que se
pudieran ver programas de televisión.
Nuestro pasatiempo intelectual era el de leer todo lo que cayera en nuestras manos y
escuchar aquel rosario de historias cuasi leyendas, que parecían reverdecer épocas
pasadas y alimentaban favorablemente la llama de vida, que campeaba en los labios y en
las mentes, de nuestros ancestros.
Eran historias contadas con el corazón.
Se elegían las tardecitas de frío o las horas tempranas de la noche, luego del cese de
actividades diarias y allí, con el mate amargo como denominador común, los oyentes,
éramos ojos y oídos, para quien llevaba la voz cantante. Con orden y respeto, se levantaba
la mano para formular una pregunta que casi siempre, nos dejaba una respuesta
satisfactoria.
Esos momentos hasta solemnes diría yo, a medida que fuimos creciendo despertó la
creatividad y la curiosidad en nuestro intelecto tomando la senda del saber, ambicionando
conocer qué había más allá del horizonte y generando un campo fértil, donde los valores,
morales, espirituales y éticos, forjaron la normal convivencia con nuestros similares.
Mi madre nos contaba la historia oficial, por decir así, acerca de la Tragedia del Arroyo del
Oro.
Agregaba en sus dichos que tanto ella como mis tíos, habían conocido personalmente a
Juan Díaz, el abuelo de Dionisio y al hijastro de éste, Marcelo Fasciolo Rosa, quienes en la
década de 1920, desempeñaban funciones de carreros, circulando con carretas con
bueyes, hacia o desde Vergara.
Tanto Fasciolo como Juan Diaz, eran amigos de mi abuelo materno: María Salomé Cuello
Das Neves “Adramantino” quien para ese tiempo, junto a la familia, vivían en el paraje Bajo
Hondo, a la vera derecha del camino que unía Treinta con Vergara y a 10 kilómetros del
pueblo antedicho.
Mi madre y mi tía, nacidas en 1922 y 1921 respectivamente, con sus memorias de niñas,
recordaban a un Fasciolo, joven, buen mozo, guapo y que le encantaba conversar
contrastando con un Juan Díaz, callado, muy reflexivo, cabeza gacha de palabras básicas
para comunicarse, pero muy respetuoso, comedido y solidario. Curtido de intemperie en el
camino y a pesar de sus 70 años, su piel y sus manos callosas, acusaban el deterioro de

veranos y pamperos vividos, volviendo su andar más lento y su estructura esquelética, con
el espinazo algo doblado hacia la tierra.
Muchas veces que pernoctó en la casa de mi abuelo, lo veían en las tardecitas, luego de
liberar los bueyes y acondicionar la carreta, sentado al costado de un fuego, tomando mate
y mirando en silencio la muerte del crepúsculo.
Contaba mi madre, que hasta ellos había llegado la versión de que el viejo Díaz, se había
venido de Florida, porque sobre su lomo, pesaba la muerte de un socio de la carreta que se
le quiso avivar y se le quedó con un dinero que no le correspondía. Al parecer, el viejo,
obligado por las circunstancias de reclamar su parte y no poder obtenerla, empuñó el hacha
de mano que usaba en la carreta y le desarmó la vida al antiguo socio.
Al parecer no hubo intervención policial y don Juan, quizás amenazado por los familiares del
occiso, vaya a saberse, decidió cambiar de lugar y se vino para El Oro, en 1902, con su
esposa italiana, cuatro de sus hijastros, algunos nacidos en Italia, su hijastra Felicia, nacida
oriental y los dos hijos de ésta: Eduardo y María Luisa.
Aclaro en este acto, que en reportaje brindado por Marina Ramos, al Canal 5 el día 22 de
julio del 2014, al referirse a Felicia como familiar, utilizó estas palabras en un fragmento de
la entrevista: “ELLA ERA LA MADRE DE MI MADRE….VENÍA A SER MI ABUELA”........
También se decía en el ambiente campesino de la época, donde las madres solteras sufrían
escarnios sociales, que la medida adoptada por Díaz, de cambiarse de pago obedecía
también al tema de que en suelo
desconocido, el “lavado de culpas” del homicidio y la madre soltera, iban a ser más
soportables….
A pesar de ello, el mundo rural amplio en amistades, abundante en prosas fogoneras, rígido
en valores morales y espirituales, “ejemplarizante” en castigos corporales y cerrado con
candado y siete llaves el nido familiar de cada rancho, filtraba sus goteras más ocultas, que
pasaban por el tamiz del silencio y se comentaban a escondidas para no mancillar el honor.
Esa sociedad netamente campesina, tutelada por la Santa Iglesia Católica, con una fuerte
impronta “machista”, ocultó y trató de borrar vestigios de muchos errores cometidos, porque
temían de sobremanera a los castigos de Dios y se convencían fácilmente que con el solo
hecho de contar la verdad, se volvían pasibles no solo de que los flagelara un vendaval
Divino sino que también, a que los llenaran de estigmas los índices y las bocas de los
tribunales terrenales.
En ese ambiente rural, donde la palabra dada era un documento, donde la honra se resolvía
a tajo de cuchillo o a bramido de revólver, donde los ideales partidarios se lavaban con
sangre y los silencios pactados, quedaban encerrados en una tumba oscura y fría, se
desarrolló la tragedia del Arroyo del Oro.
Quien de antemano no comprenda estas premisas, es lógico que no va a entender lo
medular del asunto y las suposiciones que emita, jamás podrán ser de recibo.
PRIMERA CONSIDERACIÓN
Durante muchos años, fui tomando fragmentos del hecho en cuestión, que me los
entregaron distintas personas de mis zonas de influencias, entre ellos mis abuelos
maternos, mi madre, mis tíos y una pléyade de amigos de distintas edades y de diferentes
estatus sociales, que dicho sea, cuando comencé con mis primeros balbuceos históricos,
me pidieron que diera mi versión del caso, entre tantas más.
Sinceramente, nunca estuvo en mis planes escribir algo, ya fuera un ensayo o una
narración sobre Dionisio Diaz y el entorno que rodeó su muerte.

A pesar de todo el material acumulado, no quería insistir con algo que está muy trillado,
con algo que a cierta gente le molesta y a otros lisa y llanamente ya los tiene aburridos,
dado que persiste la versión oficial y como que ya no hay más informaciones que conocer
porque muchos autores han desplegado abundantemente sus rescates, han enunciado
suposiciones dudosas y no se puede obviar que quienes conocían realmente lo ocurrido,
silenciaron sus voces, evadieron a los que preguntaban y se llevaron los datos a la tumba.
Con el paso del tiempo, fui observando que múltiples versiones aparecidas en la prensa o
en diferentes libros, además de no ser de recibo, tendían a herir susceptibilidades y a
brindar nombres, donde la ética que conservo en mis alforjas me lleva a pedir permiso a los
familiares, para divulgar esas informaciones.
Cada escritor, historiador, poeta, etc. sabe o percibe que el dar nombres y apellidos en
todos los casos que se narran, conlleva a responsabilidades que muchas veces no están
avaladas por documentos. Y en este caso puntual se deben de usar suposiciones y datos
anónimos porque los documentos, dejan poco o nada de campo para poder maniobrar.
En suma, cada quien que haya abordado el tema de Dionisio, que lo haya hecho con
seriedad y con tranquilidad de conciencia, porque al fin y al cabo, ese procedimiento es útil
para todos nosotros, no sólo afirma un concepto en el tiempo sino que amplía el espectro de
acción, que se le entrega al futuro lector.
Decidí por fin, escribir estas memorias y suposiciones, ya que percibo que el tema lejos de
ver un ramalazo de luz, está viendo un temporal de oscuridades. Y quiero dar una mano.
Sin criticar a nadie, sin inventar datos, sin buscar discusiones estériles y sin crucificar a
ningún protagonista, porque ésa es mi manera de trabajar y de conducirme en la vida.
Los errores del pasado y el honor de cada familia y de sus descendientes, se merecen el
mayor de mis respetos y mis más sinceras consideraciones.
SEGUNDA CONSIDERACIÓN.
Personalmente conocí a Luis Ramos; a Víctor Prigue; a Carlos Yelós Plada; a Manuel
Olmos; a Fortunato Ramos; a Salvador Acosta Gorosito; a casi todos los hermanos
Vergara-Gigena; a varios de los Núñez-Fasciolo; y con mi esposa, hemos tratado a Marina e
incluso en el año 2011, nos sacamos una foto con ella en el monolito que está en El Oro.
Muchos de los descendientes de estos apellidos que he nombrado, son mis amigos y
algunos de ellos viven en Vergara.
Para todos, mi sincero respeto.
Debo decirles que en compañía de mi esposa, hicimos dos viajes a las taperas de Dionisio y
esos viajes por adentro del monte, con salida y llegada al pueblo, atravesando dos cañadas
y tres alambrados, me dieron también el espaldarazo para que un día dejara mis apuntes
plasmados en el papel.
Y acá los dejo, para que nuevas generaciones que les interese el tema, puedan edificar una
verdadera construcción sobre cimientos que pretender ser firmes.
TERCERA CONSIDERACIÓN
No pretendo escribir ni un libro ni un ensayo.
Tampoco soy dueño de LA VERDAD ABSOLUTA. Solo espero sembrar en paz para que la
cosecha sea generosa y útil.

Adelante pues y que la Divina Providencia, brinde luz y paz a todos los partícipes directos, a
todos los testigos y a los hombres de letras, dramaturgos y cineastas que ya partieron hacia
otro plano.
NARRACIÓN 1.
(Aclaro que voy a brindar algunos nombres de informantes y que ordenadamente voy a
darle vuelo y sentido a alguna que otra suposición).
Siempre se ha escrito y se ha divulgado desde nuestra generación escolar de la década de
1960, que Dionisio, herido “ de una puñalada penetrante en el vientre, otra leve en la ingle y
otra en la muñeca” según comunicó el Comisario da Rosa a sus superiores, trasladó en
brazos a su hermanita, durante cinco kilómetros.
No sólo eso. Además, tuvo evisceración de cierta parte del intestino grueso, la cual vendó
con un trozo de trapo y esperó oculto gran parte de la noche. Salió de madrugada, atravesó
parte de monte natural, cañadas y alambrados; en una palabra, sin desfallecer nunca.
COMENTARIO: Para la ciencia es algo inexplicable, que una puñalada penetrante en el
abdomen, no haya provocado por lo menos ni hemorragia interna o externa ni tampoco un
dolor insoportable, que a decir verdad no habría podido dar un paso, siquiera.
Una puñalada penetrante, para quienes estudiamos Enfermería y vimos casos en el
Hospital Regional de Treinta y Tres, no sólo provoca sangrado y dolor intolerable; puede
afectar bazo, estómago, diafragma, hígado e intestinos.
Se considera una Emergencia y se resuelve en el Block Quirúrgico, instaurando además
suero fisiológico y volúmenes de sangre……
También este tipo de herida, muchas veces es preámbulo de una peritonitis o de una
infección generalizada (sepsis) eventos con alta tasa de mortalidad; mucho más grave
cuando hay una evisceración (salida del intestino al exterior).
La peritonitis, por lo general se declara en menos de seis horas…..
Para la ciencia médica: Lisa y llanamente, Dionisio, no pudo haber trasladado a su
hermanita y mucho menos caminar cinco kilómetros.
Para la religión católica: Se produjo un milagro e ignorando herida grave y dolor, caminó
todo el trayecto y salvó la vida de Marina.
Bien. Tengo la información que Dionisio, una vez en el rancho del Alcalde Adelaido
González, le fue cambiado el vendaje porque estaba tinto en sangre. Según las expresiones
del dueño de casa al quitar la venda cayeron encima de la mesa, donde había ubicado a
Dionisio “un lote como de gusanitos, iguales a los que quedan cuando se mecha un
queso”..........Ni más ni menos que estos “gusanitos” eran vestigios del epiplón mayor, tejido
que recubre gran parte de la cavidad abdominal y que demuestra a las claras la gravedad
de la puñalada.
Llama la atención que el Alcalde no acompañó al niño a la Comisaría…..”Deje don Lalo, que
yo voy solo”- habría dicho DionisioO en suma, fue un relato fabricado para tratar de enredar la verdad?....Deja mucho que
desear, si se piensa en el dolor, en la fatiga y en la desazón que el niño experimentaba.

Ordenando los tantos para una segura comprensión lectora, atendiendo el parte policial del
Comisario da Rosa, donde expresa que Dionisio compareció a la hora 11 en la Comisaría,
luego de haber estado en la casa de Lalo González, surge el primer indicio de que la pelea
no fue el día 9 en horas de la noche y sí, el día 10, en horas de la mañana.
Las graves heridas que presentaba Dionisio en su abdomen, no le habrían permitido pasar
la noche y salir de mañana para iniciar el trayecto. Son muchas horas…..
Y es real que la hemorragia interna o externa, como la infección que se le habría declarado,
lo habría matado en los ranchos de la familia.
Tengo el dato, de que llegó moribundo a la casa de Lalo González y que trasladado a la
Comisaría, falleció en el interior de ésta, a poco de haber llegado.
Cuando concurrieron a El Oro, procedentes de Vergara, el Juez de Paz, el Médico y los
testigos, primero se dirigieron a los ranchos y recién, después, próximo a la hora 17,
llegaron a la Comisaría para atender a Dionisio…..
Y ante dichas y desdichas de testigos presenciales, lo más raro del caso fue que no se
ordenó el traslado inmediato a Treinta y Tres. Estaban con el auto parado frente a la puerta
de la Comisaría y el chófer disponible….
Me contaba Domingo Rial Guerra, que el Dr. José Gorosito Tanco, quien también ejercía la
medicina en Vergara en 1929, varias veces le había comentado que Dionisio había fallecido
de peritonitis, a consecuencia de las puñaladas y de la evisceración del intestino grueso. No
dijo o al menos Rial Guerra no lo manifestaba, en que lugar se habría producido el deceso.
Recordemos que el Dr. Gorosito en su calidad de poeta gauchesco, escribió el poema “Gurí
Guapo”, donde pone de manifiesto sus dotes poéticos y su exquisita sensibilidad.
La suposición de que el niño, falleció en la Comisaría, poco después de haber ingresado a
la misma, parece ganar terreno, con los detalles antes expuestos.
También es dable anotar que el día 11 de mayo, cuando por fin fue trasladado a Treinta y
Tres, en el auto de Parra, que manejaba Víctor Prigue, Yelós, lo llevaba envuelto en un
poncho, casi oculto el rostro del niño y ¡oh casualidad!.....constató que había dejado de
respirar justo en el límite de las Seccionales Segunda y Once.
Al parecer no dieron cuenta a nadie. No lo llevaron a la presencia de un médico para que
constatara el deceso.
Simplemente, pararon frente al cementerio de la ciudad de Treinta y Tres y allí lo bajó Yelós,
acompañado de Parra y de Prigue, lo depositaron en la pieza donde hacían las autopsias y
donde trabajaba el Médico Forense Dr. Bañales…
Cómo qué ya todo estaba convenido de antemano?.....
Por último, quiero dejar aclarado que no es mi voluntad interceder o desplazar el Vía Crucis,
que hizo Dionisio, llevando en brazos a su hermanita, ya que eso está instalado en el
ideario popular y debe de ser respetado y venerado por más que transcurran los tiempos y
surjan una o más versiones en contrario.
Como creyente, no eludo los milagros propiciados por Dios.
Como enfermero e investigador de la historia, tampoco puedo eludir las premisas de la
ciencia.

Solo doy los testimonios que he recogido a lo largo de muchos años, con el fin de que
puedan encajar las piezas de este “rompecabezas”.
NARRACIÓN 2.
Policías y vecinos, no dudaron en que el homicida, se trataba de Juan Díaz.
Sus desencuentros familiares con Eduardo y con María Luisa; su tirria contra Luis Ramos;
las intervenciones policiales de las cuales fue objeto y sus manifestaciones a Salvador
Acosta, en Vergara de que iba a tramitar Porte de Armas, por sentirse perseguido y a
Eustaquia Fernández de Larronda, que era empleada del hotel de Claussen y le curaba la
famosa mordedura del perro, con pomada de árnica, adquirida en una de las farmacias del
pueblo, le manifestaba “MI CASA ES UN PUTERO VIVO” y que en cualquier momento iba a
tomar una decisión letal, lo condenaron desde el inicio e involuntariamente fue esclavo de
sus palabras.
Todo el mundo sabía que el viejo mascullaba amenazas a su familia e incluso, me contó
Salustiano Azambullo que era Policía de la época, que una mañana el viejo Díaz, había
venido a Vergara y fue a comprar una camisa de abrigo y una bombacha de campo a la
tienda de José Larrambebere y que cuando el dependiente le entregó el paquete con lo
solicitado, dijo; “AURA SÍ CARAJO, TENGO CON QUE ME CUEZAN LA MORTAJA”....
Con estos testimonios y el boca a boca de varias leguas a la redonda, la autoridad no tuvo
inconvenientes en señalar como el homicida, desde el primer instante que tomaron
conocimiento del caso.
Hace varios años atrás, mi gran amigo “Pepe” Vergara, hijo de Natalio Vergara, vecino y
amigo de la familia Díaz, me contó que el viejo Juan, hacía dos o tres días que no estaba en
sus ranchos. Andaba de visita por la casa de su amigo y vecino Porfirio Guillermo Araújo (se
aclara que “Guillermo” es apellido) y que retornó el día 10 de mayo, en horas de la mañana
y que posiblemente, al enterarse o ver el “desorden” que había quedado del festejo de
cumpleaños de Dionisio, “EXPLOTÓ Y LOS LIQUIDÓ A TODOS”......
Ésa, fue la creencia general y muchos, se largaron a la captura DEL DELINCUENTE- como
escribió la autoridad policial, en uno de sus partes……
Ahora: ¿Quién trasladó a Dionisio y a Marina, al rancho del Alcalde González?.... Importante
pregunta….
He recibido dos versiones al respecto: Una, de que fue el mismo Juan Díaz, que lo acostó y
le vendó las heridas a Dionisio, eso explicaría las manchas de sangre que aparecieron en el
colchón que estaba en el suelo y que inmediatamente, decidió llevarlos a lo del Alcalde,
porque intuyó de plano, que si iba a la Comisaría, no se escapaba de quedar preso como
principal inculpado……
Con González había amistad de años y sabía que de la casa de éste, escapaba
fácilmente…. De la Comisaría, ni pensar….
Al retornar a los ranchos, desensilló presurosamente, largó el caballo y se perdió monte
adentro, como una fiera perseguida….

La otra versión, me indica que quien había vendado a Dionisio y luego hizo el traslado de
los niños hasta lo de Adelaido González, fue el homicida de María y de Eduardo y por
supuesto quien hirió a Dionisio…Después al igual que Juan Díaz, se esfumó en el
horizonte….
Y acá, subrayo…..QUIÉN MATÓ A EDUARDO, MARÍA E HIRIÓ DE MUERTE A DIONISIO,
NO FUE JUAN DÍAZ.
Ese tema lo analizo y lo explico en los relatos que continúan…
NARRACIÓN 3.
La noticia de que Juan Díaz, andaba vagando por los campos de la zona, se convirtió en
una especie de psicosis colectiva.
Lo veían por todos lados. Se habían formado piquetes de vecinos, entre los cuales por
ejemplo estaba Quintín Núñez, el padre de Dionisio y esposo de Felicia Fasciolo, hijastra
del fugitivo; estaba Marcelo Fasciolo, hermano de Felicia y también hijastro de Díaz; estaba
Luis Ramos, el padre de Marina, algunos de los hermanos de Luis; estaban dos hijos de
Natalio Vergara, quienes colaboraban con la Policía de El Oro, que unida a la de la Primera
Sección Rural, a la de la Cuarta y a la de la Novena, batían pajonales, montes, registraban
con anuencia judicial, distintos hogares, sin embargo los resultados eran negativos…..
Cuando ocurrió la tragedia dos personas que quedaron desvinculadas de toda sospecha,
fueron Quintín Núñez, que estaba trabajando en una estancia del Rincón de Ramírez junto
a su familia y Luis Ramos, que andaba “para la costa” con su amigo Santos Barreto, a
efectos de cumplir con las tareas del contrabando en cargueros, que era una forma de
ganarse la vida.
Posteriormente, en el transcurso de la búsqueda de Juan Díaz, ambos participaron de la
misma.
Contaba Genaro Vaz Gabriel, que había sido Policía en El Oro, en ese tiempo, que una
tarde, dos días después de los asesinatos,le habían ordenado a otro Policía y a él, que esa
noche cumplieran un servicio de ronda en los ranchos de Díaz.
Llegaron al lugar de tardecita, fueron hasta uno de los ranchos, comprobaron que no había
nadie y como la puerta estaba abierta, la cerraron y la aseguraron con varias vueltas de
alambre entre el marco y el agujero, que había dejado la falta del pomo.
Como hacía frío, metieron los caballos juntos para adentro del monte, previniendo que no
fueran a relinchar si estaban separados, se envolvieron en los ponchos y sin querer se
durmieron.
Con los primeros rayos de sol, se despertaron y concurrieron hasta los ranchos,
constatando que el que le habían dejado la puerta atada con alambre, ésta, estaba abierta y
una que entraron al interior sobre una mesa allí existente, había un trozo de galleta San
Ramón, con secuelas inconfundibles de que una persona, había estado comiéndola.
No les quedó dudas, de que Juan Díaz, andaba en la zona y tal vez que por las noches,se
ocultaba al abrigo de sus ranchos
Llama la atención que gente conocedora de la zona, no pudieran detectar su presencia. Y
no digo por estos dos Policías, sino por los restantes que lo buscaban, quienes además de
ser probadamente camperos, conocían cada recoveco existente en los montes, pajonales y
campos.

Luego se conoce que el día 6 de setiembre, Asunción Barreto, un vecino de la zona,
encuentra el cadáver del viejo Díaz, constatándose que tenía un trozo de tiento atado en su
pescuezo el cual a su vez estaba atado a una piedra, que servía para fondearlo en la laguna
donde se encontraba, sita en el Arroyo del Oro y a dos cuadras de los ranchos.
El cuerpo vino a flote, porque el tiento luego de estar varios meses debajo del agua se
pudrió y reventó.
A pesar de que el cadáver estaba bastante descompuesto, el Dr. Pisano, constató que tenía
una puñalada debajo de las costillas, del lado derecho……
Imposible, de que fuera un suicidio como muchos pretendieron…
Alguien comentó a su familia: “YO SABÍA BIEN QUE ESE HIJUNAGRAMPUTA ESTABA EN
EL FONDO E’ LA LAGUNA !”
Este hombre que pronunció esta frase cargada de mucha cólera, fue, quien le dio muerte a
Juan Díaz y es muy probable, que vivió el resto de sus días convencido de que el homicida
de Eduardo, de María y heridor de Dionisio, había sido el viejo Díaz.
En el transcurso de estas narraciones iré explicando el verdadero trasfondo de esta
tragedia, oscuro e intrincado, capturado en una red de inventos de toda clase y tamaño.
El hombre que pronunció la frase, murió muchos años después del hecho y era uno de los
tantos que cuando se tocaba el tema del evento, los cortaba de raíz: "ACÁ NO SE HABLA
DE ESO”.....
Pero todos los mortales, tienen su “Tendón de Aquiles” y la ancianidad los va aflojando.
Ésa, fue una de las puntas de la madeja….
NARRACIÓN 4.
Trato de poner en orden mis narraciones, ya que el tema, siempre lo manejé “de cabeza” sin
grabadores y sin apuntes, vanidad aparte,valiéndome de una memoria prodigiosa.
Los últimos datos que he recabado de las genealogías de Internet, me han demostrado y
esto ya lo mencioné anteriormente, que Juan Díaz, esposa, hijastros y nietos, diría,
refiriéndome a Eduardo y a María Luisa, llegaron a El Oro, en febrero de 1902.
Por ahí alguno que otro investigador, han escrito y han dicho, que se sabía poco y nada del
núcleo familiar.
Por el contrario, muy pocos, se detuvieron a estudiarlo, como que sólo importaban la sangre
vertida y los dos puñales homicidas.
Juan de Dios Díaz Hernández, había nacido en Montevideo, en 1855.
Era hijo de los inmigrantes “canarios” al parecer de Tenerife: Mariano Ðíaz Guerra y Teresa
Hernández Méndez, quienes habían contraído matrimonio en la ciudad de Montevideo, en el
año 1854.
El matrimonio, tuvo tres hijos: María Benancia, Juan de Dios y Tiburcio, quien nació en 1861
en el departamento de Florida, lo que confirma que Mariano Díaz y su familia se habían
mudado para ese departamento, donde Juan Díaz se crió y comenzó sus primeras armas
como carrero.
En cuanto a la esposa de Juan, llamada María Verónica Rosa Scorza, habría llegado a
Florida, procedente de la Liguria en Italia, entre 1870 y 1877, en compañía de su esposo
José Fasciolo, con quien había contraído enlace en Italia, en febrero de 1864.
Con ellos, vinieron tres hijos italianos: Pedro Pascual, Antonio Felipe y Nicolás.
En Florida, nació Felicia, en 1877 y luego: Luis, Pedro José y Marcelo.

En el año 1882, falleció el italiano José Fasciolo y María Rosa, poco después, pasó a
convivir con Juan Díaz.
En este caso, no encontré Partida de Casamiento.
A su vez Felicia, como ya lo comenté anteriormente y expuse las fuentes de información,
tuvo dos hijos, en Florida, soltera y de padres desconocidos: Eduardo Casiano Natalio
Fasciolo, nacido en diciembre de 1895 y María Luisa, nacida al parecer en febrero de 1909
y luego adoptada como hija por Juan Díaz y María Rosa.
Vale decir que Felicia, lo tuvo a Eduardo, cuando tenía 18 años y a María Luisa, la habría
tenido, cuando frisaba los 22 años de edad.
No encontré Partida de Nacimiento de María Luisa y me llamó la atención que cuando se
trató de presentar a Dionisio y luego a Marina, ella no compareció en ninguna de las dos
circunstancias.
En la primera, se dijo que estaba enferma, en la segunda, de acuerdo a las expresiones del
mismo Luis Ramos: “.....quedó de ir a reconocerla (Marina) pero se fue dejando y después,
vino la tragedia”......
No estaría registrada María Luisa ?
Tampoco habría sido reconocida judicialmente por Juan y María Rosa?.....
Por ahora, no tengo nada al respecto……
Cuando arribaron a El Oro, Eduardo tenía 6 años y María Luisa, tal vez un año.
La italiana María Rosa, tenía 54 años; Juan Diaz, 47 y Felicia, 25 .
En este sentido, la pareja de Juan y María, adoptaron a María Luisa, como hija “aunque
fuera de boca y no legalmente” …..
Tiburcio, el hermano menor de Juan Díaz, casó en Florida en 1885, con Balvina Britos Oliva
y al año siguiente, aparece poblando en la zona del Avestruz Grande, 5ta. Sección de
Treinta y Tres, donde habría poseído campos…
Dato, sin confirmación.
Según la genealogía, este Díaz, procreó 13 hijos, entre varones y mujeres.
Todos los hijos al igual que los Fasciolo-Rosa y María Luisa Díaz, tuvieron descendencia.
Tres hijas de Tiburcio, se casaron con tres hermanos de Salvador Acosta Gorosito, vecino
mío en Vergara, amigo de confianza de Juan Díaz y ocasional testigo de la tragedia en
1929.
Otro hijo de Tiburcio, (Manuel Mercedes Díaz Britos) fue el padre de los Díaz-Valdez
(Wifredo, el escultor premiado dentro y fuera del país) Manuel Diaz, bisnieto paterno de
Tiburcio, actual cantautor de folklore en la ciudad de Treinta y Tres.
Queda la pregunta: Juan Díaz, tenía contacto con ese hermano que residía en El Avestruz
Grande y que tanto él como su esposa, finaron en la ciudad de Treinta y Tres?...
Por ahí, alguien que lea estas memorias, quizás conozca la respuesta.
NARRACIÓN 5.
En 1929, el Sr. Jefe de Policía de Treinta y Tres, era don Fermín Hontou, hombre de
extracción colorada y de la gente del General Basilisio Saravia y de su hijo el Mayor Ciriaco
Saravia. Aunque padre e hijo, ya habían fallecido, la siembra política que habían dejado a lo
largo de muchos años de militancia, tenía relativa fuerza en el departamento, donde los

blancos, presentaban batalla, pero, para ser Policía y “aspirante a caudillo” había que ser
colorado.
Sin denostar a nadie, escuché varias veces contar la anécdota por la cual el Comisario
Ramón da Rosa, se había erigido como tal.
No me voy a extender en detalles ni en adornos superfluos, para contar que una mañana da
Rosa, estaba carneando en la estancia de su padre, cuando escuchó el ruido de un motor y
al levantar la cabeza, vio que por el camino de acceso a la estancia, venía una “baturé”
asomando, entre la porfiada y espesa polvareda.
Reconoció que era el vehículo del Mayor Ciriaco Saravia, hijo de Basilisio, pariente de da
Rosa y Jefe de Policía del Departamento.
La prosa entre Saravia, que era el único ocupante del vehículo, fue breve y de pocas
palabras: Ché Ramón, te vengo a buscar para darte el grado de Comisario y hacerte
encargado “de tal Seccional”.....
- Pero yo, Ciriaco ?....
- Sí vos. Andá y date un lavado, cámbiate de ropa y vení que te vas conmigo. Me
hace falta un Comisario y vos, sos el indicado……
Palabras más, palabras menos así comenzó el periplo policial de Ramón da Rosa, que con
el tiempo, llegaría a ser Sub Jefe de Policía de Treinta y Tres. Un hombre campechano,
honesto, con cierta cultura para su época que en 1929, era el Comisario de la Segunda
Sección Policial, con asiento en “El Oro”.
Cuando ocurrió la tragedia, da Rosa, al igual que el Subcomisario Martiniano Navas,
andaban en recorridas a caballo por distintos puntos de la Sección.
Quien estaba a cargo de la Seccional era el Escribiente Teótimo Carlos Yelós Plada, quien
revestía jerarquía de Oficial de Policía y además era el encargado de elaborar los partes
policiales y todo el trabajo administrativo. En este caso a pesar de no estar el Comisario, los
partes igual se emitían con su nombre. Era un formalismo de época.
En 1929, el Presidente de la República era Campisteguy y el Ministro del Interior era Juan P.
Fabini. Ellos,como da Rosa y Carlos Yelós, se habían formado dentro del Partido Colorado.
En “El Oro”, el caudillo colorado de peso era Natalio Vergara Rivero, estanciero,
comerciante y en otro tiempo pasado, había sido Juez de Paz, de la Segunda Sección.
Políticamente, la Sección, era bastión colorado, donde Basilisio Saravia, había tenido el
casco de su estancia y una enorme influencia entre la población porque era un hombre de
bien y había ayudado a muchos de diversas maneras, que le retribuyeron acompañándolo
voluntariamente a la guerra y luego de fallecido, le siguieron rindiendo culto a su memoria.
Comentaban que Juan Díaz, había servido con Basilisio en 1904, donde también participó
Juan Adolfo Ramos Beledo “El Zurdo” vecino del Arroyo Corrales del Parao y padre de Luis
Ramos.
No tengo informaciones de cómo era la relación de “El Zurdo” con Juan Díaz.
Se ha dicho insistentemente, que se odiaban y que no podían ni verse.
Sin embargo alguno de los Ramos me ha contado, que ciertos sobrinos de “El Zurdo” a
veces y en viajes de corta distancia eran invitados por Juan Díaz, para que lo acompañaran
en la carreta.
“El Zurdo”, fue hombre de cierta confianza de Basilisio. Estuvo presente en Tupambaé en
1904 y se dice que en el galpón de la estancia de José Lucas, degolló a dos blancos que
estaban heridos.

Era la guerra y el carácter de los hombres que participaron en ella, estaba forjado en un
tiempo bárbaro y resumido en la desnudez de dos palabras MATAR o MORIR….No había
vueltas.
Ramos, ocupaba campos heredados de su abuelo, “el sorianense” Andrés Ramos, antiguo
estanciero y morador de “Corrales del Parao” que fue censado en la zona, en 1836.
Este lugar, estaba un poco distante de los ranchos de Juan Díaz, pero no tanto para gente
de una época, donde estaban muy apegados al caballo como medio de transporte.
Se ha dicho que “El Zurdo” era un hombre bárbaro. Siempre de revólver y cuchillo en la
cintura. Hosco, de mirada esquiva, no le gustaba que nadie le atravesara sus campos sin su
consentimiento y a varios los asustó amenazándolos, con “CURTIRLOS A BALAZOS”....
Caso contrario los amenazaba con la pareja de perros cimarrones que tenía: “EL DOTOR” y
“LA PRINCESA”, que según mi padre, que conoció a “El Zurdo” eran más bravos que él….
Eternamente de pañuelo colorado en su cuello, mirada felina y preparado “a ganar el tirón”,
tuvo varios desencuentros con la Policía de Vergara y en una ocasión, ante un tiroteo donde
él venía con cargueros y contrabando, se le entregó solo al Comisario José Muiño, porque
se conocían del tiempo de la guerra y Muiño, también era de la gente de Basilisio.
Más allá de este mínimo bosquejo sobre un personaje de la zona, reconozco que “El Zurdo”,
era muy amigo de los Batista de la zona de Leoncho, los cuales también eran amigos de
Eduardo Fasciolo.
Esto lo testifica porque tengo una foto que me aportaron, donde aparece “El Zurdo” junto a
Andrés Batista González y un hijo, de este último: Andrés Batista Baudean.
NARRACIÓN 6.
Se ha dicho últimamente, que la tragedia del Arroyo del Oro, habría sido llevada a cabo por
sicarios de José Saravia, quienes terminaron haciendo desaparecer a parte de una familia,
porque José Saravia temía que Juan Díaz, fuera a comentar algo bastante inconveniente,
para esos momentos.
Ya he remarcado que eran tiempos de caudillos del Partido Colorado, que era el partido de
gobierno y que muchos se creían con facultades de mandar en vidas y bienes, solo por
estar cobijados bajo el ala de caudillos o de “caudillejos” de dicho partido.
La geopolítica de esa época, era una madeja bastante llena de enredos y la puja
post-revoluciones con el Partido Nacional, era de hacha y tiza.
Juan Díaz, era colorado y no tengo ninguna información de que hubiera tenido vínculos
políticos o de trabajo con José Saravia.
Es decir, no puedo ni afirmar ni reprobar el tema antedicho, aunque, me llama la atención de
que normalmente “el trabajo de los sicarios” es de que al cumplir con el encargo solicitado
NADIE QUEDA CON VIDA…
Y acá quedó un niño malherido y una niña, que ella misma ha testificado que en la pelea,
recibió una herida superficial de arma blanca, en la espalda.
Ningún vecino habría visto a esos sicarios?
¿Qué les habría ocurrido, qué dejaron atrás a dos niños con vida?....
El cúmulo de evidencias que hay, hace creer que la pelea fue de mañana.

Había “tallarines en labor”. El cuchillo de Eduardo, estaba debajo de la almohada de su
cama. Las puñaladas que sufrieron los protagonistas, estaban bien dirigidas y tenían
carácter letal….
En 1929, los ranchos pobres de la campaña, no tenían heladera. Los tallarines caseros que
se hacían, eran para comerlos en el transcurso del día.
Un hombre de campo, generalmente se coloca el cuchillo en la cintura cuando va a salir
para el campo y no cuando anda trajinando en los alrededores de la casa.
Las puñaladas al estar dirigidas a sitios vitales del cuerpo humano, dejan la pauta
establecida de que la pelea, no fue de noche, cuando la oscuridad, no permite ni ver la
mano que empuña el cuchillo, máxime, cuando la luz de los ranchos era sostenida con
candiles de grasa.
Es obvio, que las puñaladas fueron dadas por hombres jóvenes y me inclino por uno solo,
no más, porque si hubieran sido dos o más, no se habrían encontrado huellas de lucha,
debajo del parral….
Dos sicarios y no más, bastaban para sorprender a una mujer, a un hombre discapacitado y
a un niño, sin dejar signos de lucha. Si hubiera estado presente Juan Díaz, debido a la vejez
prematura que dicen que presentaba, tampoco habría ofrecido tanta resistencia .
Sostengo, que los sicarios atacan por sorpresa, evitando la resistencia de las víctimas.
Acá se nota que HUBO una discusión previa, que subió de tono y que dio paso a las heridas
de arma blanca, demostrando el homicida, por la búsqueda de puntos vitales, que su mente
le indicaba que matara y no que solo se limitará a amenazar verbalmente y con gestos.
Otro hecho de regular importancia, es el de la cuna de Marina, que estaba cribada a
puñaladas…
El protagonista del hecho, quiso expiar una culpa o un manojo de celos, que lo torturaban
sin darle alivio?....
Algo de eso, parece haber sido…..
María y Eduardo, fueron muertos debajo del parral y luego arrastrados hasta el interior de
cada rancho donde estaban a la llegada de la Policía.
Otro detalle que surge, según un fragmento del escrito del Dr. Pisano, es que María estaba
boca arriba y con la ropa levantada sobre su cabeza.
El parte policial argumenta, que “estaba en ropas menores”......
Otra evidencia de que el hecho fue en la mañana; porque es dable pensar, que en el mes
de mayo, con fríos tempraneros, una mujer no iba a estar en ropas menores, haciendo
tallarines…..
Había un invitado para degustar esos tallarines al mediodía? La evidencia, muestra que sí y
que fue el potencial homicida….
El hecho de la ropa levantada por encima de la cabeza, pretende mostrar la falta de
fidelidad hacia un marido o un amante de la víctima…. Es un típico arranque de
resentimiento machista, que no deja lugar a dudas…..
También da para pensar que si Eduardo no portaba su cuchillo, “el ocasional visitante” era
conocido de la casa…..
Otra perla más. El 10 de mayo de 1929, fue un día jueves. Raro, que en campaña se
comieran tallarines. Generalmente, esto se hacía si había una fiesta o en su defecto, para
agasajar a una visita.

Les dejo la reflexión y para mí: había una visita…..
NARRACIÓN 7.
Se ha tocado muchas veces el tema de las disidencias entre Juan Díaz y Luis Ramos,
quienes, según este último llegaron al extremo de negarse el saludo.
Según palabras del propio Luis Ramos, vio al viejo como un hombre al cual no llegó a
conocer a fondo. Al principio dijo que se trataban, pero después, hasta le había parecido
que era un hombre con malas intenciones.
Escuché decir que Díaz no lo quería a Ramos en su casa, porque era hijo de “El Zurdo”,
dato que refutó en cierto modo, porque el viejo sabía desde el inicio, de que estirpe venía
Luis Ramos. Sin embargo, lo aceptó y recién después, vinieron los tiras y aflojes.
Una vez contó Luis Barragán Casal en mi casa, que la animosidad de Diaz, había llegado al
extremo de que una tarde Ramos y Eduardo Fasciolo estaban herrando un caballo en la
periferia de los ranchos y el viejo, como Luis, era el que sujetaba la pata del animal, le hacía
señas a Eduardo, cuando podía, que le pegara con el martillo, en la cabeza a Luis. Lógico,
que eso no se dio, pero demuestra a las claras que la rabia, estaba a flor de piel.
A pesar de que conocí a Luis Ramos, era vecino de mi abuelo Cuello, nunca llegamos a
tratarnos.
Quizás, era poco saludador con quien no tenía amistad, pero lo recuerdo como un hombre
apacible, que pasaba todos los días por casa haciendo los mandados y usaba bombachas
de campo y championes de basquetbol.
Fui bastante conocido de sus hijas e hijos, pero, jamás les pregunté nada y con Luisa, una
de ellas al igual que con su esposo, somos amigos y vecinos de barrio.
Parte del relato que aportaba Ramos era de que estaban para irse, con María, Dionisio y
Marina, a vivir a “El Oro” porque la situación con el viejo Díaz era insostenible. Él, decidió
hacer un viaje “a la costa” para agenciarse unos pesos…..”CUANDO RETORNÉ YA ERA
TARDE”.....
Otro tema que se ha tratado mucho, es el de la fiesta que hubo durante el cumpleaños
Nro.9 de Dionisio y eso ocurrió, el día 8 de mayo de 1929.
Los datos que obtuve, fue de que hubo fiesta, con varios invitados en los ranchos, según
contaba mi madre con pasteles y otros decían que con guitarra y bebidas, al parecer
alcohólicas.
Hubo otros temas donde las víboras que crea el alcohol en las mentes, aprovecharon para
prevalecerse del ambiente que se generó y escribir una página sórdida y no deseada, en
aquella interminable noche campesina.
Marcelo Fasciolo, vivía con su esposa cerca de “Bañado de Oro” y fue invitado para la fiesta
a la cual no llegó, porque se “demoró” en un rancho en “El Oro” seducido por una mujer que
allí vivía…..
En la fiesta, no estaban ni Juan Díaz, ni Quintín Núñez ni Luis Ramos…..
Pero los rumores, recorrieron la zona, primero, filtrados a escondidas y luego, contados sin
pedir secreto a nadie.
Según muchos viejos y viejas de la zona, esa fue la gota que colmó el vaso y detonó la
tragedia.
Una vez más, “el machismo”, se había aprovechado de una familia carenciada y en especial
de una humilde mujer, sin duda que amparándose, en el poder transitorio que brinda el
dinero.

NARRACIÓN 8.
En el año 1978, me prestaron el libro EL SOLAR OLIMAREÑO de Luciano Obaldía
Goyeneche, donde en una de sus páginas, casi al final del mismo transcribe fragmentos de
una carta que en 1967, escribió el Dr. Antonio Pisano, donde se formulan un lote de
preguntas, al parecer sin respuestas, acerca de la tragedia que tanto nos ha ocupado.
Cabe agregar que el Dr. Pisano, que bastante conocía del hecho, cambió varias veces sus
versiones lo que lo llevó a caer en contradicciones y fantasías, con escaso margen de
credibilidad. Tal, como el testimonio escrito por el Maestro Ángel María Luna, que ha sido
tomado en cuenta por varios historiadores e investigadores, a pesar de los errores y
contradicciones que deja al descubierto.
Volviendo al tema de estas narraciones, el dueño del libro que era Clerino Zósimo Correa,
que durante muchos años ejerció como Juez de Paz, en Vergara y en Rincón, hasta
jubilarse, había escrito al pie de la página con bolígrafo azul: “LOS MATÓ UN
CONTRABANDISTA, AL CUAL CONOCÍ”.........
Obvio, que no mencionó nombre ni apellido de ese contrabandista…..Y contrabandistas con
cargueros en la zona, logré contabilizar unos 34 paisanos que se dedicaban a ese oficio…..
Pero, ESE CONTRABANDISTA LOS MATÓ A TODOS?
A JUAN DÍAZ, TAMBIÉN ?......
Muchos años después, allá por el 2014 más o menos, Luis Larronda Fernández, muy amigo
mío y quien me brindó muchas historias de la zona, dado que era un gran memorioso, me
comentó que un anciano lo había llamado a Luis Ramos a su presencia y le había dicho:
“CHÉ, TE ACORDÁS QUE LOS MILICOS DEL ORO, UN DÍA TE JUDIARON, TE ATARON
EN LA PUNTA DE UN MANIADOR Y TE HICIERON ENTRAR A LA LAGUNA A BUSCAR
AL VIEJO DÍAZ. TE ACORDÁS O NO?....
Al responder Ramos que se acordaba, el otro le largó sin preámbulos: “FUI YO QUE LO
MATÉ AL VIEJO Y AHORA QUE TOY PA MORIR TE VIÁ CONTAR COMO FUE”....
“A LOS TRES DÍAS DE LAS MUERTES (el 12 de mayo de 1929) LO ENCONTRÉ EN EL
CAMPO.
YO ANDABA BIEN MONTAO EN UNA YEGUA TOSTADA, ERA DE TARDE, QUISO
DISPARAR PAL MONTE Y LE PLANTÉ EL LAZO.
CON LOS BRAZOS AMARRAOS POR EL LAZO, LO TIRONIÉ CON LA YEGUA, LE
ARRANQUÉ UN GALOPITO Y LO CURTÍ A GOLPES Y A REVOLCONES POR EL SUELO.
LO LLEVÉ ASÍ HASTA LA ORILLA E’ LA LAGUNA. ALLÍ ME BAJÉ Y VÍ QUE TABA
MUERTO PERO PA ASEGURARME MEJOR, ECHÉ MANO AL CUCHILLO Y LE ENCAJÉ
UNA PUÑALADA EN LA PANZA DEL LAO DERECHO.
DESPUÉS LE ATÉ UN TIENTO EN EL PESCUEZO AMARRAO A UNA PIEDRA QUE
CONSEGUÍ Y LO TIRÉ YO SOLO PA DENTRO E’ LA LAGUNA “....
Ahí, apareció la puñalada que mencionaba el Dr. Pisano.
Al escuchar este relato le pregunté a Luis Larronda: ¿Puedo saber quién te contó eso?....
Me respondió textualmente: ¡Sí SEÑOR ! ESO ME LO CONTÓ EL MISMO LUIS
RAMOS…A MÍ Y AL NEGRO JUEZ, QUE ESTABA CONMIGO (Se refería a Elpidio Dinarte
Sosa, alias “El Juez”)........

Bien. Pero tanto Luis Larronda como muchos más, a excepción del Juez de Paz Abelardo
Correa, se murieron convencidos de que el homicida de Eduardo, María y heridor de
Dionisio, había sido Juan Díaz.
Cuando escribí “a excepción” del Juez Correa, aclaro que éste al expedir el Certificado de
Defunción de Juan Díaz, había puesto: FALLECIDO EN MAYO….SE IGNORA FECHA….
En fin, cómo sabía qué Juan Díaz había fallecido en el mes de mayo? Un pajarito, se lo
había contado….
El secreto del contrabandista que había mencionado Clerino Correa, fue tan celosamente
guardado, que estoy seguro que ni el Juez Abelardo Correa, se enteró.
Correa, falleció en 1936 y la identidad del contrabandista aludido, se
conoció muchos años después.
Clerino, murió con 96 años, en la década de 1990 y cuando escribió ese pie de página,
estaba con la letra algo temblorosa…..
Hace dos años atrás, no recuerdo ni día ni mes, una Señora que de niña vivió en el paraje
“La Calavera” Novena Sección de Treinta y Tres, se contactó conmigo para darme la
identidad del contrabandista que había sembrado pánico y muerte en los ranchos de Juan
Díaz.
Deduje pues, que cuando el viejo llegó a los ranchos, retornando de la casa de su amigo
Guillermo, la tragedia ya había sido consumada y el matador se había marchado con rumbo
desconocido.
Era, la otra punta de madeja que me faltaba.
Me reservo las identidades de los dos hombres que mencioné anteriormente y añado que
siempre se dijo que el hecho había sido motivado por celos y desamores con María Luisa.
Por ahora, solo me queda por develar: ¿Quién trasladó a los
niños hasta la casa del Alcalde?
Es parte de la leyenda, que algún día o nunca más, se sabrá a ciencia cierta.
Nos queda la potente luz que irradia el coraje de Dionisio. Más vivo que nunca en nuestra
contemporaneidad y emergiendo consuetudinariamente, desde una ALBORADA
SANGRIENTA, que nos recuerda que en el mundo terrenal, la lucha continúa y está
planteada entre el hombre y la supervivencia.
Jorge Muniz.
Vergara, 26 de abril del 2026.


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