sábado, 19 de agosto de 2017

                                              "EL REVOLCÓN DEL GAUCHO OLIVO"...
La historia llega desde muy lejos.....
Tan lejos, que cuentan que se originó en Nápoles (Italia) en el Siglo XVI. Que surgió como un "pasatiempo" de los "tanos" y sin embargo cruzó mares, unió distancias y se volvió una leyenda americana.-
Ya en 1810, luego de las fiestas patrias que se conmemoraban en la Argentina, siempre se anotaba el desafío del "Palo Enjabonado"....Lógico, que pasó al Uruguay y de ahí en más se ha extendido por: Paraguay, Chile, Costa Rica, Ecuador, Venezuela, Colombia, Brasil, etc. etc. Hasta en España, aceptan los desafíos.-
Acá en el Uruguay, ahora, como que se ha olvidado un poco.-
Lo llamaron y le llaman "Palo Enjabonado"; "Palo Ensebado"; "Pau de sebo" (Brasil) y hasta "Cucaña" en varios lugares de Sudamérica.-
Y no es más que un palo "sin nudos", lo más derecho posible, que se planta en forma vertical, previamente "enjabonado". Después, tiene que haber un "valiente" que ayudado de manos y piernas en una "resbalada sola", se anime a trepar hasta lo más alto.-
En algunos lugares le ponen un talego en la parte superior con el dinero que es tomado como premio. En otros casos, como acontecía generalmente en Uruguay, el premio era en efectivo pero, solo trepando hasta lo más alto.-
Allá por el año 1966-67, en el antiguo Local de Ferias "de Sarasola", frente al Molino del Arrozal "33" (Tercera Sección del Departamento de Treinta y Tres) cuando lo tenía Juan Luis Quintela y el colaborador era Utalice Araújo, organizaron una fiesta criolla de jineteadas y al mediodía mientras los paisanos descansaban se les antojó hacer el desafío del "Palo Enjabonado".....
Dicho y hecho. Plantaron el palo para abajo un poco del galpón del Local de Ferias y el tal "Gaucho Olivo", entre varios más, se le "acampó" al desafío y en pocos minutos, era un gato, trepando cuesta arriba.-
Yo era niño y estaba junto a mi padre y no me olvido más, que cuando el paisano logró llegar a la parte superior del palo, éste, se cimbró con el peso y comenzó a crujir de a poquito, hasta que en determinado momento, se quebró al medio y el paisano tras soltar sus manos cuando vio que se caía, precipitó a plomo y se pegó, el "tal porrazo".-
Rebotó, arriba de la gramilla y quedó quietito.....
Ante la gritería, corridas de la gente y de Ruben Lugo, que era Policía y andaba a caballo, mi padre, me encerró en la camioneta para que no viera nada de lo acontecido y fue al lugar para dar una mano si la necesitaban.....
Afortunadamente, "El Gaucho Olivo", que en realidad se llamaba Olivo Olmos y era de la zona de Florida, no se había hecho nada. Un golpe como tantos, un susto de varios y nada más.-
Le echaron agua por arriba, lo recuperaron y por las dudas lo trajeron para la Sala de Auxilios para que lo viera el Dr. Bellistri.-
Por largos años más, Olivo Olmos, continuó por estos pagos vergarenses, bien empilchado, tropeando y domando por las estancias, dejando "los pingos", mansos y de "buena rienda" y según sus palabras: "Los caballos que yo domo puede andar un niño, un viejo, que tese seguro que no van a voltiar a nadie. A más de mansos, quedan como una seda, en la boca".......
Texto: Jorge Muniz.-
Vergara, 19 de agosto del 2017.-

No hay comentarios:

Publicar un comentario