domingo, 25 de febrero de 2018


                           “EL   SOROCABANA   VERGARENSE”……..
                                                                                                            (6ta. Parte)
Mientras que por la calle Joaquín Suárez, cruzaba Isidro Cecilio Niz, en “el charret” de la UTE, con la escalera sobre el lado derecho y al trote acompasado de un tordillo cruza con “percherón”, los viejos de la rueda de amigos, se preguntaban:- Dónde será el corte de luz?
O de repente es algún  recambio de lamparilla que se quemó en alguna esquina…..
Así se alumbraba Vergara, en la década de 1960 y parte de 1970, con focos en las esquinas o lamparillas que dentro de un receptáculo con forma de campana, pendían sobre las bocacalles.-
Con la vieja sala de máquinas de UTE marchando a pleno, con la toma de agua y el sistema de cañerías, que partía desde el arroyo Parao, para refrigerar  el dele y dele de los motores, que bramaban las 24 horas del día, sin parar….
Allí estaban como entreverados por el tiempo: Ciriaco Pérez, Ramón  González,  “El Negro” Raúl Alvarez, “El Vasco Pepe” Senosiain, “El Negro” Caraballo,  Vicente Cidade al cual le llamaban “Vicente Porto”,  Pedro Cruz, alias “Pedroza”, “El loco” Antonio Brun, “Pitito” Zuluaga, “El Viejo” Luis Cristoforone,  “El Flaco” Alttieri, Luis Suárez,  Víctor García, Mario Peña, “El Flaco” Quintana, Walter Moreno, Oscar Oliz y “Pepe” Acosta que era el administrativo. Después vendría Dardo Senosiain, que terminó siendo Jefe de la UTE, Jesús Santana, “El Rubio” Román, “El Gordo” Pereira,  el capataz  Torres,  José Castro, “El Cuya” Techera,  Rosa Brun y Balcedo.-
Obvio que sin olvidar al primer Jefe de la UTE, en el año 1931, que fue Samuel  Gosweiller, esposo de una hermana del “Coco” Correa.-

                                    LOS  LABERINTOS  DE LA  MEMORIA….

La tardecita entraba puerta adentro con los últimos reflejos de un sol que buscaba su muerte tras la línea azulada del horizonte. Recrudecían los recuerdos y allí se hablaba del brasilero  Manuel Pires “Maneco” con su barba blanca, su espalda doblada por los años y sus ojos buenos. Fue uno de los primeros habitantes del “Paso de Píriz”.  Cosechaba y procesaba el tabaco “en rama”, leía el diario día por medio, atrás del espaldar de su cama, guardaba una lanza “de palometa” que había conocido las montoneras blancas de 1897 y 1904 y murió con "96 pirulos" un 16 de febrero de 1958. Hablaban de Evaristo Martínez, que era chacrero de “Maneco” y una tarde, al parecer sin motivos de ninguna clase, se colgó con un sobeo, de una de las tijeras del rancho que ocupaba en el “Paso de Píriz”, dejando sobre la cama, el chaleco, la plata y el reloj de bolsillo que usaba…..
No faltaban en la rueda tampoco, las historias del brasilero José Avelino Beledo, estanciero en “San Francisco” (Segunda Sección de Treinta y Tres) con su agudeza tremenda de futuro y ciertas excentricidades, como: guardar las libras esterlinas envueltas en cuero de venado, tener prontos el féretro y la cruz de fierro hecha por Gurruchaga en su dormitorio, para el día en que muriera, comer libras de chocolate y tomar “caldo de coruja” (lechuza) - según él-  mezcla de elixires para detener el envejecimiento.-
Hablaban de don Felipe Pereira, cuando hizo dar vuelta un “parejero” que traía para unas pencas en Vergara, porque se le atravesó en el camino una crucera “con mal rumbo”; del primer Concejo Auxiliar que hubo en Vergara, en 1906,  que lo presidía Braulio Silvera y que lo integraban: Edelmiro Silvera, Rudecindo Pereira, José Lucas, Luis Lineras, Irineo Aguilera y Juan Cándido. Por supuesto que no se quedaba atrás la balsa y el bote del “Paso de Píriz”, donde el brasilero Juan Pires (hermano de “Maneco”) tripulaba la balsa y conducía el bote, cuando había necesidad y cobraba “peaje” para el Concejo Auxiliar de Vergara. Si hablamos del “Paso de Píriz”, imposible olvidar a la Maestra más recordada de la Escuela Nro. 51 María Eugenia Rondán de Arnaud “La Yiya”, las pencas en lo de Bairo, los bailes de farol “a mantilla”, en la propia Escuela, la muerte de Alvarez al derrumbársele el brocal del pozo, el boliche de don Ángel Soto, la panadería y “cancha de bochas” de Alberto Barragán, la pelea de los contrabandistas con la Policía de Vergara, en la boca del “Paso de Píriz”, las plantaciones del viejo Nieves Lacuesta y de Lourdes Silva, el Club de Fútbol Armonía,  donde el golero era “El Jefe “ Mombrú y hasta se dieron el lujo de militar en el Liga Regional Vergarense….
Hablaban de los Comisarios: Ramón Santellán, Segundo Oxley, José Muiño, Orfilio Fernández (muerto de una complicación en uno de sus riñones, mientras ejercía el cargo) y Ramón Zabalegui, como celosos cumplidores de la ley y azote permanente de los “malevos y malvivientes” que osaban pasar por esta zona y que ni soñaban con las palizas de rebenque, los baños en el arroyo Parao, las “estaqueadas” en el patio de la Comisaría  y “las esperas” en “el cepo” o “en la barra”, porque en ese tiempo no había calabozos y los mismos Comisarios, se encargaban de administrar policial y judicialmente, la Sección, ya que el Juzgado de don Paulino Sánchez o de Miguel Rocha, estaba emplazado en el paraje “Los Ceibos”.-
Seguía cayendo la tardecita inexorablemente.-
Con las primeras luces que se encendían en los viejos faroles esquineros de la UTE, pasaba Apolinario Techera “El Negro Polilla”, montando un oscuro como “un rancho de grande”, marca de la estancia de don Mauricio Zuluaga, borracho por unanimidad, “de lao a lao” y a los gritos:- Viva los colorauuuuussss….carajo!!... Iva los colorauuuusss....carajo!!
Parecía un monito, trepado arriba de semejante matungo y hacía malabares para no caerse del apero….
Decía mi padre:- Este pobre  negro, es hijo de Gil Techera con una negra- viene a ser hermano por padre de “Juan Tierra”-  y fue criao con Ulpiano Núñez, que era administrador de “La Catumbera” y de “El Altillo”, cuando mandaban los Astiz. "El viejo" Núñez, que había andado con los colorados en 1904, le enterraba cada palizas a este pobre negro, que lo deshizo todito. Por eso es que cuando anda de a pie, camina como la langosta, todito atravesao. Dicen que una vuelta de tan acobardao que estaba de las palizas del viejo, se metió pa dentro de un bañao y el viejo Ulpiano, como era gordo y no podía entrar a caballo  de afuera del plantío lo sentenciaba al pobre “Negro ” con un puñal de plata y oro en la mano…… Si los habré visto pasar a los dos por la casa de mis viejos en el Sarandí Grande, en el carruaje que tenía don Ulpiano, rumbo a “El Altillo”……De lejos se sentía la gritería del viejo con los caballos y “El Polilla” venía en “la puntera”, porque era el que le abría y le cerraba las porteras y le cambiaba de caballos en el trayecto y aun así, el viejo los pasaba en la trenza a los matungos y al “Polilla” también!!....
Ya entrada la noche, la reunión propendía a exaltar las “benzeduras” de doña Eulogia Olmos, del gallego Manuel Rodriguez, que además era carnicero, de la china Eduviges Cruz, de “La Tonga”- que se llamaba Mauricia Fernández-,  de doña Petrona Fleitas “La negra vieja Briola” (mano derecha del Dr. Juan Carlos Sciallero) y de su hija Élida Álvarez, conocida por “La Negrita”, vecina y muy amiga de mi abuelo Adramantino Cuello…..Seguían las historias, mientras se esperaba la llegada del coche de Empresa ONDA S.A. y saltaban a la luz, recuerdos  de don Fermín Olivera, cuando intentó volar de arriba de su rancho, provisto de unas alas “de palma” y cayó en el fondo del terreno, arriba de un ortigal; del “Chico Galletero” y de Paulino Rodríguez Soto,  cuando les dieron una paliza los “terristas “ de 1935, porque querían saber donde estaban escondidos Palmiro Fernández y “El Querido” Gigena; de “El Loco” Aparicio Moreno, cuando salió a la revolución de 1935, “en pelo” en un caballo gateado, con un fusil que no tenía gatillo y vivando a los gritos a José Pedro Zuluaga (que era uno de los caudillos del gobierno);  de la pelea de “Gabrielito” Guerra siendo Sub Comisario de Policía a los tiros adentro de la Comisaría de Vergara con Luis Padula, porque le había dado una “cachetada” a don Francisco (el italiano viejo que estaba preso en “la cuadra”); del circo PENSADO HNOS. y de un león que se les escapó rumbo al Tacuarí y nunca más lo encontraron;  de doña Amalia Silva, en cuyo rancho Macario Silva y “El Lobo Marino”, velaron un gato barcino muy querido que tenían, con féretro propio, velas , dolientes y entierro en el fondo del terreno;  de Avelino Freire, que era carpintero, herrero y tuvo una tahona donde hoy es el comercio de “Marito” Bresque;  de los carreros con caballos: Leonardo Fernández, “Don Gallo”, Paulino Carneiro, “El Tartamudo” Teófilo Rodriguez,  Martires Alza y Sabás Cela;  de los periodistas: Juan Paseyro y Monegal, Delfín Diez, José Fariña,  Julio González Soubes, León García y Jacinto Cabrera; de los bailes en lo de Justino Cándido “El Patita” ; de las hermanas “Cachila” (que era mujer de “El Patita”) y de Juana Píriz (que era mujer de Blas Barrios- peón de campo de los Zito, en “La Guacha”  y luego peón de campo en el Arrozal 33); de “El Chancho” Armando, que vivía en un galpón de don Ubaldo Zuluaga y había volado en 1954, con el piloto y acróbata aéreo Carlos Alejo Rodriguez;  de “Seu Mora”, que se llamaba Indalécio Moura, había nacido en Camacuá (Brasil), fue esclavo , tocaba acordeón de “dos hileras”, cantaba y murió dicen que “con más de 100 años” arriba; del “Ronco” Presa que era timbero y que cuando alguno salía con “las alas cortadas de la timba”, él, decía- Síiii….chillá nomás!; del “Rengo” Cándido, que también se llamaba Justino, que hacía de cobrador de entradas en el “Parque Vergarense” y en Carnaval, se disfrazaba de “burrito”; del viejo Brígido Muiño que era jubilado de Guarda Aduanero, que mentaba que había ido a la guerra con los colorados en 1904 y que había hecho una cocina rústica en su rancho, con piedras que había sacado de un nicho del “cementerio viejo”. Era novio de una hermana de Luis Larronda y hacía arroz con leche y le mandaba de regalo a la novia y ella, no lo comía porque con solo saber que aquello era cocinado sobre las piedras sacadas de un cementerio,  “se le daba vuelta el estómago y hacía las del zorro”……….de Arué Presa (hermano de “El Ronco”) que jugaba al fútbol en Vergarense FC y en un choque que tuvo con otro contrario, cuando sus compañeros lo levantaron del suelo, notaron que tenía un cuchillo entre short y camiseta deportiva….Le preguntaron:- Y éste cuchillo??....Él, “pescareta” y nervioso como era, les contestó casi que de corrido:- Es pa sumírselo al “Portugués” Falcón!   Que casualmente y en ese partido, era uno de los contrarios…..


                                           “DOS  CUARTAS  DE  GUASCA”…….

-          “Lo bueno, se vende como bueno”…..
Ése, era uno de los tantos slogans que tenía Constancio María Islas Salaverry cuando remataba en sus locales de ferias ganaderas…..
Fue nuestro vecino en el barrio de “El Centro” y tanto Mariel como yo, nos criamos en su casona de la calle Joaquin Suárez, entre Jacinto Ruiz y Coronel Francisco Tajes, de Vergara, donde hoy reside con su familia, el Sr. Silvano Melgarejo.-
Era el padrino de bautismo y de confirmación de Mariel, tenía la estancia “Los Arroyitos”, había sido criado en campos de Lavalleja y se había forjado un lugar en la vida, a fuerza de trabajo,  dedicación y experiencia.-
Tanto su esposa Adelita Martínez (que era de “María Albina”) como sus hijos: Dardo, Álvaro  “El Flecha” o “El Loco Alvarito” y “Maricucha” (que en realidad se llamaba María Juana) eran como familiares nuestros y nos aguantaban todo tipo de impertinencias propias de la edad.-
Constancio, era un tipo bien puesto, campero, prolijo, se hacía respetar sin levantar la voz, siempre me llevaba a campaña, me decía “Jorge María” y recuerdo que usaba pañuelo de cuello (aunque anduviera de pantalón corrido) y un puñal, con el mango surtido de caballitos dibujados en blanco y celeste……A pesar de esa característica que narro, Constancio, era colorado de alma….
Muy amigo de papá,  con el cual, se daban tratamiento de “compadres”,  hicieron viajes juntos a Lavalleja (a la estancia de los Salaverry)  y a veces tiraban algunas manos, al “golfo”y "al monte" también……Porque a Constancio, le gustaban los naipes y jugaba por plata, si la ocasión se le cuadraba.-
Tenía mucho de camino andado y varios viejos pícaros de la campaña, lo llamaban por el mote de: “La Lechuza”, porque decían que se había comido toditos “los cascarudos” (se referían a los viejos de plata, que lo único que sabían era solo amontonar capitales). No se daban gustos de ninguna clase y el día que “estiraban la pata”, los parientes se peleaban a muerte  por el capital, lo dilapidaban en poco tiempo, con autos caros, mujeres “de lujo” y casas en la playa…..
Una mañana de ésas, estaba Constancio en el comercio de casa y llegó “El Paraguay” Antonio Coito, que era uno de sus peones, en “Los Arroyitos”.-
Fue Constancio y lo mandó a la Junta Local (hoy, Municipio de Vergara) a pagarle las patentes de los carros y sulkys que tenía en la estancia. De allá volvió “El Paraguay” con el cuento de que le había dicho José Francisco Pereira das Neves, que era el Secretario de la oficina, que todavía no habían empezado con las cobranzas.-
Al parecer Constancio no andaba bien de carácter y llamativamente, porque no era de contestar mal a nadie, le dijo a “El Paraguay”:- Deben de estar cobrando sí, lo que pasa es que ustedes no quieren hacer nada……
Sorpresivamente, el otro, que ya había tenido tremenda pelea a cuchillo con Tiburcio Arismendi, en el “Rincón de Ramírez” y se hablaba de que era hombre de coraje y de respeto, se le vino por arriba a Constancio, lo manoteó del pañuelo y se llevó la diestra al cuchillo que tenía en la cintura…..
Papá, saltó el mostrador con su proverbial agilidad y se interpuso entre ambos:
 - Pará “Paraguay”, atendé que vos sos un hombre con familia y no estás para ir a parar preso…..Atendé, dejá ese cuchillo y soltalo al compadre…..
-          Bueno, “Negrito” (conocido es que a papá, le decían “El Negro” Antúnez)  lo viá´cer por vos carajo, que te conozco de gurí….Pero el patrón jué un atrevido con decirme lo que me dijo y me retó como que yo juera negro chico……
Los dos hombres se separaron, Islas, reconoció que había estado mal,  hablaron entre ellos y se terminaron pidiendo disculpas mutuamente……
Pero el caso que quiero relatarles, lo escuché de boca del mismo Constancio Islas.-
Andaban en la camioneta azul doble cabina que tenía , por el “Rincón de Ramírez”, viendo unas haciendas para rematar en la pista del local de Sarasola y el camino estaba feo (con los barrizales propios de la zona y de un tiempo pasado) y en determinado momento, la camioneta se les quedó atascada.-
Cerca, había una casa y decidieron ir hasta la misma a ver si conseguían un tractor, una yunta de bueyes o un caballo “cinchador”, que pudiera sacar la camioneta.-
Serían más o menos las dos de la tarde, de un mes invernal y golpearon las manos y tras el griterío de los perros que habían quedado en la casa salió una mujer joven, espantando perros y dando la mano:- Cómo le va doña?......Muy bien y uté, bien gracias…..
-          Señora, su marido no anda por aquí?……
-          No, don…..Mire mi marido salió con mijo pa la chacra….Ayá tán ellos (y la mujer señaló dos figuras que se veían a cierta distancia, al parecer detrás de unos bueyes)…..
-          Y usté no sabe si su esposo tiene algo con qué cinchar la camioneta, que agarramos bruto peludo…
-          Tiene sí don, con que cinchar….Si tenemo dos yunta de gueye ques con las quel ara y cincha el rastrón…..Pero vaya tranquilo nomá y hable con él, vaya por aquí por este camino don, porque yo se bien que tiene dos unta de gueye  y dos cuartas de guasca, que con eso le garanto que le saca la camioneta del barrial………Porque mire don, que son fuertaza y buena, las dos cuartas de guasca que tiene mi marido……
Decía Constancio después:- Agaché la cabeza y me reí a escondidas pa que la mujer no me fuera a ver…..

                                                                                             (Fin de la 6ta. Parte)

                                                                                       Jorge Carlos Muniz Cuello
                                                                                       Vergara, 25 de febrero del 2018.-
                                                                                        

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