martes, 10 de enero de 2017

Antonio Galarza, de divisa y de pañuelo blanco.-
UNA  HISTORIA  QUE  LOS  LIBROS  NO CONTARON......
Todo comenzó cuando en los primeros meses del año 1904, una noche oscura, llegó a caballo, hasta un humilde rancho de la campaña de María Albina (7ma. Sección de Treinta y Tres), un forastero, quien luego de conversar unas pocas palabras con el dueño de casa (don Andrés Belós), desensilló, soltó el flete y después rápidamente, se ocultó en un monte de espadañas.-
Allí cerca discurre el arroyo Corrales, límite entre Treinta y Tres y Lavalleja. Y al día de hoy, aun se pueden apreciar los vestigios del rancho y consecuentemente, el monte de espadañas, también.-
Don Andrés Belós, que era de filiación blanca, vivía en ese lugar, entregado a las tareas propias del campo y de la época, en compañía de la esposa y cinco hijos varones, ya mozos.-
A partir de esa noche y durante al menos 20 sucesivas, entregaba una olla con comida, a uno de los hijos, quien previamente había sido impuesto de la orden tajante:- Andá hasta el montecito y li entregás esto al hombre que tá guarecido, pa que coma...Callao la boca nomás....Que desto..no se pregunta ni se prosea nada !!
Ni la esposa, ni los hijos, jamás preguntaron nada...
A la vigésima noche, don Belós, le dijo al hijo que le tocaba "el turno" de trasladar la comida hasta el monte:- -Mijo..nu es preciso yevar la comida hoy....El hombre que taba aí se jué !!!
Como al principio de la historia, nadie de la casa se animó a preguntar nada. Muchos menos, comentar lo que habían visto....
Pasaron los meses y sobre los campos del Uruguay, se desató el espiral sangriento de la revolución de 1904.-
Los hijos de Belós, se fueron con el ejército blanco de Aparicio Saravia, mientras los dos viejos se quedaban haciéndole custodia al rancho, a las pocas reses y caballos que tenían, a sus años que ya comenzaban a pesar sobre las espaldas ...y a sus propios sufrimientos, que unidos, eran más llevaderos....
Y así transcurrió la revolución de 1904.-
Con el epílogo de Masoller, la muerte del General Aparicio Saravia y la Paz de Aceguá, el día 24 de setiembre de 1904, cuando Basilio Muñoz, a cargo de un ejército desmoralizado, sin rumbo y que le costaba acatar las nueva jerarquía de mando, se vio obligado a pactar.-
Poco después de la Paz de Aceguá, cuando los revolucionarios volvían a sus lares de origen y los gubernistas, guarnecían los puntos estratégicos, antes del día 9 de octubre de 1904, cuando se llevó a cabo el desarme en Nico Pérez (Florida), unos 40 hombres si acaso, del ejército blanco, al mando de Antonio Galarza, Oficial blanco de la División Treinta y Tres, que había estado en la legendaria "Carga de Arbolito" en 1897, decidieron sin motivo conocido, tomar por asalto a dicho Pueblo.-
Al toque de un clarín, la gente de Galarza, cargó a galope de caballo y a los tiros, ingresando al Pueblo por la zona norte del mismo y llegando hasta la propia plaza principal.-
Un fuego granizado de parte de la Compañía colorada "de línea" que guarnecía la localidad, respondió inmediatamente a la agresión, desde tres puntos situados estratégicamente; cayendo muertos de los dos bandos, huyendo otros revolucionarios por la calle que habían ingresado y los menos, fueron allí mismo acorralados y reducidos a prisión.-
Sin conocer que suerte les esperaba, uno de los prisioneros blancos fue llevado hasta donde estaban tres Oficiales del ejército colorado, sentados detrás de un improvisado escritorio, conformado por tablas y dos barricas de madera, vacías.-
 Ejército blanco en "Nico Pérez". Foto del día 30 de marzo de 1903.-
Cuando el hombre, vio el panorama que se le ofrecía delante de sus ojos y con la solemnidad con la que lo estaban tratando los Oficiales del Gobierno, se dijo para sus adentros:- A pesar de la paz...Creo que esta guelta sí que no hay escape...O termino preso o termino degollao......
Uno de los militares, abrió un libro de apuntes sobre la mesa, tomó un lapicero de pluma y levantando la vista lo enfrentó al prisionero, mientras su voz de barítono, retumbaba en el recinto:
- Cómo te llamás ?
-Luciano Belós, señor....
-De dónde sos ?....
Y en ese momento, otro de los Oficiales colorados que se hallaba en el recinto y escuchaba atento las preguntas y respuestas sucedidas, quebró el hielo de su silencio y dijo:- Alto !!!...Como dijiste que te llamás ??...
-Luciano Belós ....señor ....
- Y qué sos de Andrés Belós ??..
- Soy hijo...señor....
Entonces, el hombre dijo:- Andrés Belós...un gran amigo mío....Ese hombre me dio un lugar en su propiedad, cuando tuve problemas en Treinta y Tres, por ser colorado y tuve que huir a caballo, para que no me limpiaran.....Y vos y tus hermanos, me llevaban comida al monte, donde yo me había escondido....Cómo me voy a olvidar de eso, hermano....
Sabés una cosa, agarrá un caballo ensillado de esos que están ahí afuera y te vás ahora mismo de aquí...Quedás libre, pero con una condición....De aquí, te vas para la casa de tu padre y tené mucho cuidado con lo que hacés. Porque si volvés a empuñar un arma a favor de los blancos, capaz que yo no estoy para salvarte el pellejo y vos sabés bien, como es la cosa...Montá nomás y andate !!
Belós, que no salía de su asombro, le estrechó la mano al uniformado y solo atinó a decirle: - Gracia don...
De inmediato, sin despedirse de los demás y sin hacer ninguna pregunta, Belós, trató de perderse puerta afuera, sin saber siquiera el apellido de su ocasional salvador.-
Poco después, se perdía campo afuera de galope tendido, en un pingo brioso y bien aperado, con destino al rancho de sus viejos....
Dable es acotar, que Luciano Belós contó muchas veces este relato a sus amigos, mientras desarrollaba su vida de peón rural, de tropero o de carrero de carreta con bueyes, allá en sus dominios natales de la zona de María Albina (7ma. Sección del Departamento de Treinta y Tres).- 
Anciano ya y jubilado, con la característica de andar siempre calzando botas de goma, se vino a vivir a Villa Sara, donde falleció, cuando promediaba la década de 1970.-

(Recopilado de la versión oral contada por: Daniel Denis)-
Texto: Jorge Carlos Muniz Cuello
Vergara, 10 de enero del 2017.-




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