sábado, 28 de enero de 2017

General César Díaz.-
 A 159 AÑOS DEL INICIO DE "LA HECATOMBE DE QUINTEROS"…
               LAS ESPUELAS DE PLATA Y EL CORONEL MÁXIMO TAJES 
El día 1ero de febrero de 1858, a unas dos leguas antes de llegar a Durazno y en dirección a Montevideo, a las “7 y 5 de la tarde”, sobre la cumbre de una cuchilla y al pie de un espinillo, fue fusilado el General “colorado-conservador” César Víctor Díaz Martinez.-


Presidente Gabriel Antonio
Pereira.-

Con su muerte, el gobierno del Presidente Gabriel Antonio Pereira (un masón de extracción colorada, emparentado con el General José Artigas) y la mítica personalidad del fiel ejecutor, que fue el General Anacleto Medina Viera (otro colorado más, hijo de una india charrúa que se llamaba: Petrona Viera) a la sazón, Jefe de las fuerzas constitucionales, empezó a escribir una página de luto, para la historia de este país. Una leyenda donde convergieron los odios, los rencores, y las crueldades, cuyos ribetes macabros, enmarcaron la denominada: “Hecatombe de Quinteros”, con una aureola de venganzas y de pasiones desenfrenadas, que tuvo su primer desquite, con el ya conocido “Sitio de Paysandú” (diciembre de 1864-enero de 1865) y el martirio del General Leandro Gómez, con algunos de sus oficiales y gran parte de sus soldados.-
La Guerra Grande, había culminado el 8 de octubre de 1851, luego de 8 años de enfrentamientos, donde blancos y colorados, con la consiguiente ayuda de potencias aliadas, se enfrentaron con las armas y con la diplomacia, dejando el país sumido en el caos, en el desastre y en la calamidad.-
Sabido es, que se firmó una paz tambaleante, donde una frase irónica pergeñada por los doctores de ocasión y que para nada cuajaba en el alma de los caudillos, encerró en su propio tenor, la línea delgada y frágil del pensamiento: “No habrá vencidos ni vencedores”….
Tarea ardua tratar de resumir este período histórico, que va desde el 8 de octubre de 1851 hasta el 6 de febrero de 1858, cuando en el “Paso del Canelón Grande” (Departamento de Canelones) las fuerzas del gobierno, degollaron al italiano Pedro Daval (Chapalangarra) y cerraron con esta muerte, el ciclo sangriento que había generado la “Hecatombe de Quinteros”.-
Dr. Juan Carlos Gómez.-
"Colorado-Conservador"

Habría mucho para desmenuzar, para escribir y para detallar con el fin de comprender, las causas, el inicio y el proceso, que llevó adelante, la invasión del General César Díaz, el 6 de enero de 1858.-
Y no hay otra manera que exhumarla en ajustada síntesis: 1) Desde la cuartelada del Capitán León de Palleja el 18 de julio de 1853, cuando el ejército de línea, atacó en los festejos patrios a la Guardia Nacional, provocando muertos y heridos; 2) Desde la complacencia del Gobierno de Buenos Aires; 3) Desde el espíritu más profundo del caudillismo oriental- que se negaba a desaparecer- 4) Desde el fracaso de la llamada “Política de Fusión”; 5) Desde la indeferencia hacia el “Pacto de la Unión”, suscrito por los Generales Manuel Oribe y Venancio Flores; 6) Desde las rebeliones (1855-1856) propiciadas por los “colorados-conservadores” (entre ellos, los Dres. José María Muñoz y Juan Carlos Gómez, Vicente Garzón, Isaac de Tezanos, Melchor Pacheco y Obes, César Díaz, Enrique Martínez, Francisco Tajes, León de Palleja – un sevillano, cuyo verdadero nombre era: José Pons y Ojeda-) y el Dr. Fermín Ferreira, quienes habían conformado el “Club de la Defensa”; 7) Desde el encono producido por los destierros hacia Buenos Aires, implantados por el gobierno (entre ellos, claro está, el del General Díaz en diciembre de 1856, el del Coronel Melchor Pacheco y Obes, el del Dr. Juan Carlos Gómez, el de Isaac de Tezanos, entre otros más).-
Disimuladamente, en 1856, el General Venancio Flores, también se había marchado para “Entre Ríos” (República Argentina), poniendo su espada al servicio del gobierno centralista de Buenos Aires, que estaba en manos de los “unitarios” (viejos simpatizantes del Partido Colorado uruguayo).-
El día 2 de enero de 1858, se descubre un complot en Montevideo y son detenidos en la calle Canelones, por la Guardia Nacional, un grupo de italianos vinculados y herederos de la tradición de la Legión Italiana que participó en el “Gobierno de la Defensa” bajo el mando del General José Garibaldi. En el procedimiento mataron a un Guardia Nacional, les capturaron varias armas y sometidos a interrogatorios que fueron, largaron varios datos sobre la futura invasión de César Díaz, mientras que el gobierno, inmediatamente se puso “en guardia” y nombró jefe de sus ejércitos al General Anacleto Medina.-
General Anacleto Medina.-
("El Indio" Medina)
De extracción colorada,
terminó sus días en 1871, junto
a los blancos del
 General Timoteo
Aparicio.-

El General César Díaz, un acérrimo “colorado-conservador” que había comandado la División Oriental en la “Batalla de Caseros” en 1852 (donde tuvo que dimitir Juan Manuel de Rosas) y al finalizar la misma, logró las palmas del generalato, mediante decreto firmado por Urquiza; que había ocupado cargos de Ministro en el Uruguay durante los gobiernos de Giró y de Flores y que estaba bastante allegado a este último; partió desde el puerto de Buenos Aires, al mando de unos 100 hombres (donde una gran porción de ellos, eran italianos que habían combatido en la Defensa, al lado de Garibaldi) con pertrechos escasos y rudimentarios, desembarcando en el viejo “Saladero de Lafone” (hoy, barrio “La Teja”- Montevideo).-
Viajaron en la goleta “Maipú” (proporcionada por el gobierno de Buenos Aires) y protegió el desembarco una fuerza de unos 500 hombres, al mando del Coronel Brígido Silveira (reconocido lancero y caudillo colorado de Minas- Lavalleja), quien se incorporó a Díaz, que esperaba más hombres y más jefes comprometidos en la acción, pero al fin y al cabo, todo se quedó en veremos….Supuestamente, esperaba las incorporaciones de Flores y de Gregorio Suárez, con fuerzas al mando.-
En medio de ese clima enrarecido y donde muy pronto los campos de la patria volverían a regarse con sangre oriental, César Díaz y sus fuerzas marcharon sobre Montevideo, logrando llegar hasta los alrededores de la Plaza Cagancha, donde bajo un tenaz fuego de fusilería fueron rechazados, por fuerzas del General Medina (un colorado combatiendo a otro) sin embargo no se achicó, reunió más adeptos, se puso de acuerdo con su estado mayor y decidió evolucionar hacia el centro del país.-
En los hechos posteriores, mucho habrá de pesar este primer enfrentamiento que provocó entre los defensores, las muertes de un hermano del Dr. Antonio de las Carreras (otro blanco, masón y Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Gabriel Antonio Pereira) y de un sobrino, del propio Presidente Pereira.-
El 14 de enero de 1858, chocaron en “Cagancha” (Departamento de San José) con fuerzas legales al mando del General Lucas Moreno (militar afiliado a los blancos) y la victoria, se la llevaron las fuerzas insurgentes.-
Desde los dos bandos en pugna, los índices acusatorios de maltratos, deguellos y mutilaciones a prisioneros, heridos y muertos, estuvieron a la orden del día. Y mientras los blancos de Lucas Moreno, acusaban la muerte y las mutilaciones del cadáver del hijo de Luis de Herrera ( blanco, masón y Jefe de Policía de Montevideo) que luego también habrá de pesar en el desenlace de los hechos; los colorados por su parte, acusaban al Coronel Dionisio Coronel, jefe de la División Cerro Largo, de permitir que parte de sus hombres, atacaran las carretas que se hallaban a la vanguardia del ejército vencedor y degollar a los oficiales del General Díaz y a los heridos que habían quedado en las mismas.-
 No se daban tregua. Y las bocanadas de aire que soplaban, parecían avivar las fraguas de los instintos bárbaros; caldo de cultivo, donde se retrocedía en el tiempo y se cobraban las cuentas pendientes de la Guerra Grande.-
Y así llegaron al “Paso de Quinteros”, en el río Negro, el día 28 de ese caluroso y terrible mes de enero.-


Con un General Díaz, al cual le seguían unos 600 hombres (dado que algunos más, habían desertado).-
Estaba desencajado, fuera de sí y proclamaba en una de sus cartas: “….Es preciso que corra sangre, porque ella es necesaria, para sellar la revolución y hasta es moral que no se demore el castigo de los criminales”….
El ejército del gobierno al mando del General Anacleto Medina, los oprimía y los acorralaba lentamente, hasta que los derrotó por completo y los hizo rendirse.-
Coronel blanco Bernardino Olid.-
Jefe de la División de Rocha.-

Bajo el mando de este militar colorado, que había rendido su sable al servicio de un “Gobierno de Fusión”, allí estaban los oficiales blancos con sus gentes: Gervasio Burgueño, Francisco Lasala de Oribe (sobrino de los Generales Manuel e Ignacio Oribe), “el vasco” Lesmes de Bastarrica, Dionisio Coronel, Agustín y Basilio Muñoz, Bernardino Olid, Cipriano Cames, Belisario Estomba (que después estaría junto a Leandro Gómez, en Paysandú) y Timoteo Aparicio (que en 1870, sería el jefe y caudillo blanco de la “Revolución de las Lanzas”)…
El día 29 de enero, ya mataron adentro del monte a varios integrantes de las fuerzas sublevadas.-
Y siguió “el lleva y trae”. Con chasques que iban “reventando caballos” hacia la capital y que retornaban desde la urbe, en igual forma. Que garantías de vida; que capitulación de los rebeldes; que salvoconductos otorgados por Medina para que los principales jefes revolucionarios pudieran irse hacia el Brasil; que una supuesta carta de Francisco Lasala para el Dr. Antonio de las Carreras, pidiendo el fusilamiento de los mismos (aprovechándose de que Medina, era analfabeto y se conformaba con lo que le leían); que Consejo de Guerra con los Coroneles blancos, etc etc…
Coronel blanco Francisco Lasala de Oribe.-
Uno de los supuestos instigadores de
la "Hecatombe de Quinteros".-

No olvidemos que aun pendía la venganza por las muertes de los jóvenes de las Carreras de Herrera y del sobrino del Presidente Pereira. Y que de acuerdo a varias versiones, el Ministro de Relaciones (Antonio de las Carreras) había dejado “la mesa servida”, para que el Presidente, diera el visto bueno y firmara la orden de los fusilamientos.-
La suerte estaba echada para César Díaz y camino a Durazno, cuando ya retornaban prisioneros para Montevideo, fue bajado del caballo y sin que a Medina se le moviera un pelo, la soldadesca que mandaba, le robó “a los tirones”: las espuelas de plata, el cinto con el dinero, el sombrero y el poncho (solo se salvó su reloj con cadena de oro y el retrato de su esposa) porque logró entregárselos al Coronel Lesmes de Bastarrica- quien luego los entregó a la viuda del ejecutado- lo amarraron con maneadores y lo fusilaron como al General Manuel Freire (uno de los Treinta y Tres Orientales) y como a los Coroneles Eulalio Martínez y Francisco Tajes.-
Pero no serían las únicas muertes.-
Porque a partir de aquel aciago 1ero de febrero de 1858, habría más y con “diferentes estilos”, fruto de las mentes obnubiladas por los rencores contenidos y enardecidas por los yunques ardientes del salvajismo….
Y es en esta parte del relato, que quiero difundir la biografía de Tajes, dado que una de las calles de la ciudad de Vergara (Departamento de Treinta y Tres)- la que cruza por uno de los laterales de la Plaza “Confraternidad” y por el frente de la Comisaría Seccional, respectivamente, lleva su nombre, desde el año 1891, cuando el Agrimensor Manuel Coronel (casualmente hermano de Dionisio) instituyó el nomenclátor para el floreciente pueblo de “El Parao”.-
Coronel Francisco Tajes.-
"Mártir de Quinteros"

Francisco Tajes López, había nacido en el Cardal (Montevideo) en el año 1810.-
Fue hijo del pulpero gallego Martín Tajes y de María Mercedes López (oriunda de Santa Lucía- Departamento de Canelones).-
En 1830, se alistó como Sargento 2do de la Guardia Nacional. El 24 de octubre de 1833, fue promovido al cargo de Alférez y el día 20 de setiembre de 1834, ascendió al grado de Teniente 1ero.-
De hecho, comenzó simpatizando con el Partido Colorado, pero en 1836, durante la “Batalla de Carpintería”, peleó con el mismo grado, pero del lado de los blancos, del General Manuel Oribe.-
Continuó con ellos, hasta 1843 en que fue ascendido a Teniente Coronel y sin avisar a nadie, ese mismo año se pasó al “Gobierno de la Defensa”.-
Trabó contacto con el Coronel César Díaz, se hizo gran amigo del General José Garibaldi y el día 13 de diciembre de 1844, fue ascendido al rango de Coronel.-
En 1846, conjuntamente con el Coronel Lorenzo Batlle, en Maldonado, tuvieron una larga conversación con el General Rivera, al cual convencieron de que se fuera para el Brasil.-
Desde el 2 de mayo al 2 de junio de 1848, se desempeñó como Jefe Político y de Policía de Montevideo.-
En octubre de 1852, integró la sociedad “Amigos del País” y el día 4 de octubre de 1855, fue uno de los firmantes del manifiesto de la Unión Liberal.-
En diciembre de 1856, fue desterrado a Buenos Aires y empeñó su palabra de acompañar a Díaz, en la revolución propiciada por éste, en el año 1858.-
Luego de asistir impávido al fusilamiento de César Díaz, logró arrebatarle la pistola a uno de los oficiales que lo custodiaba y con ella se disparó dos tiros, sin lograr auto eliminarse. Fue levantado moribundo por sus verdugos, quienes en forma cruel, lo terminaron de “despenar”.-
 El día 2 de febrero de 1858, cuando había llegado con retraso la orden presidencial de suspender los fusilamientos, fueron “pasados por las armas” en la costa del arroyo Tala, los Comandantes: Isidro Caballero, Eugenio Abella, Benigno Islas, Juan José Poyo y Ramón Islas….
Los oficiales fueron “quintados” tomando en cuenta una costumbre de los romanos; mientras que la tropa, que marchaba de a pie, fueron “lanceados, degollados y destripados” (en especial el batallón de italianos) por la División blanca de los Maragatos, al mando del Comandante de Caballería Cipriano Cames, que era oriundo de San José.-
Comandante blanco Cipriano Cames.-
Su división maragata, ultimó
a varios de los italianos revolucionarios.-

Hombre de confianza del General Manuel Oribe, al cual acompañó desde muy joven, en el “Sitio de la Guerra Grande” y que murió víctima del cólera, en su pago natal, un día 25 de enero de 1868.-
El Coronel Francisco Lasala de Oribe, falleció en Montevideo el día 7 de marzo de 1859. Mientras que el Dr. Antonio de las Carreras, murió el día 27 de setiembre de 1868, en el Paraguay, fusilado por orden del Mariscal López y antes de ello, torturado en “el cepo” y encerrado en las hediondas mazmorras paraguayas.-
El General Anacleto Medina Viera, murió lanceado el día 17 de julio de 1871, a manos del Capitán colorado Feliciano Viera, luego de que el Mayor Juan Sabat Simois, le boleara el caballo, en la batalla de “Manantiales de San Juan” en el Departamento de Colonia (donde había nacido) y militando entre las filas blancas del General Timoteo Aparicio. Contaba con 83 años de edad y tenía que sujetarse los párpados con “palitos”, porque se le caían involuntariamente….
Caro precio del destino….Al “Indio Medina”, también la soldadesca colorada le robó: la blusa y el pantalón blanco con franja de oro que tenía puestos, el brillante espadín que portaba, la pistola….y un par de espuelas de plata….
Luego, no conforme con todos los lanzazos que le habían dado, vejaron y ultrajaron su cuerpo. Algunos historiadores comentan que fue semi- enterrado en una fosa cualquiera; mientras que los otros afirman, que luego del ultraje referido, fue enviado a sus familiares cortado en secciones…
Para muchos fue el “cobro de deudas”, a quien se le sindicaba como responsable de todas las ejecuciones habidas desde el “Paso de Quinteros” hasta el “Canelón Grande”.-
Un panteón, en el Cementerio Central de la ciudad de Montevideo, obra del escultor italiano José Livi, guarda en su interior algunos de los cuerpos de los caídos en la acción y el recuerdo intangible de "Los Mártires de Quinteros".-
Hoy, a 159 años de aquel 28 de enero que marcó el comienzo de uno de los episodios más tétricos e hiriente de la historia uruguaya, donde blancos y colorados se acusaron mutuamente por varios años más y aun hoy, al hecho se le toma como bandera del Partido Colorado, no es raro hacerse la idea, de que la “Ley del Talión” (aquella del “ojo por ojo y diente por diente”) estaba en plena vigencia y atravesaba libre y sin apuro, los dilatados campos orientales.-
Las secuelas de la Guerra Grande, hondas cicatrices en los corazones de los orientales, costaron mucho en sanar.-
Y tuvieron que pasar varios años y tuvieron que venir nuevas generaciones, nuevas conciencias, nuevos pensamientos, nuevas ideas, para que de una vez por todas y para siempre, los cantos de la paz y del trabajo, fructificaran, nutrieran y dignificaran “El Sermón de la Montaña”….

(Fuentes: Apuntes varios de Internet; “La Hecatombe de Quinteros vista por un testigo presencial” de Juan Manuel de la Sierra; “Sangre y Barro” de Leonardo Borges; “El Libro de los Linajes” de Ricardo Goldaracena- año 1976- “Diccionario de biografías” del Dr. Fernández Saldanha; “Caudillos, Doctores y Masones” de Mario Dotta Ostria y Revista emitida por “El País”- Batallas que hicieron historia- año 2005).-
Texto: Jorge Muniz.-
Vergara, 28 de enero del 2017.-




2 comentarios:

  1. Tristísima etapa de nuestra historia,de la que yo tenía vagas referencias.Da gran pesadumbre constatar el salvajismo cruel y despiadado que anidaba en las mentes de aquellos personajes.Y que los nombres de muchos de ellos estén reflejados en los nombres de nuestras calles,resulta vergonzante.Gracias Jorge,por tu impecable trabajo.

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