domingo, 4 de diciembre de 2016

VERGARA  Y  SU  COLECTIVIDAD  DE  ITALIANOS….

La llegada del primer italiano al caserío primigenio de “El Parao”, de acuerdo a documentos que obran a la vista, fue el día 28 de mayo de 1893.-
Y tomo esa fecha como referencia, dado que coincide con las compras de 12.800 metros de terreno, que en manzanas separadas adquiriera a “Juca” Vergara, por la suma de 200 pesos, el italiano Carlos Bonelli.-
Un cruza-caminos, con muchos kilómetros entrelazados a sus pies, originario de Potenza (donde había nacido alrededor del año 1843) y que antes de radicarse en “El Parao”, anduvo mucho tiempo por la Argentina. Luego, cruzó al Uruguay y entre varios lugares más, estuvo como alambrador y olero, en el “Rincón de Ramírez” (Departamento de Treinta y Tres).-
Falleció, cuando esto ya era Vergara, en horas de la mañana de un día 23 de agosto de 1917, a los 74 años de edad y afectado por una neumonía.-
Posterior a ese año y cuando el caserío comenzaba a tomar forma, dimensión y color, muchos italianos más, llegaron a radicarse y en ese caso es de rigor nombrar a: Filomena Branchinni (esposa de Bonelli); Carmen y Catalina Bonelli (hijas del matrimonio); José Ramagli (boticario); Josefa Miraglia (su esposa); Juan Bautista (fotógrafo y retratista) y Rosa Ramagli Miraglia (hijos de la pareja);  los hermanos Nicolás (que era sastre) y José (fotógrafo y retratista) Scarano Ramagli; Julio Pucciarelli (albañil); Roque Zito (albañil y carpintero); Lucas Ducatelli (albañil); Leonardo Di Bueno (albañil); Fabio Gonzatti (albañil); Ángel Fattarini (comerciante): Benedicto Pisso (chacarero y fruticultor) y Angel Tomás Marolta (quintero).-
Por si fuera poco, otro italiano radicado en la “Cuchilla de Dionisio” (Cuarta Sección de Treinta y Tres), llegaba en un carro tirado por caballos, ofreciendo su oficios de “mercachifle, relojero y hojalatero”…Éste, era Francisco Faliveni Tedesco (nacido en Curti, un pequeño pueblito aislado y montañoso, allá cerca del Golfo de Salerno).-
Y cuando el caserío ya había tomado su semblanza de pueblo, continuaron llegando al mismo: el Dr. Pedro Sala Consonno (primer médico que se estableció en Vergara); Juan D´Angelo (el que exhibía películas en el “Altillo de Padula”);  Petrucelli (jugador de fútbol del Vergarense F.C., ejecutante de clarinete y Director de la Banda de Música del “Centro Filarmónico”); Bernardo Zito (el primer cura que se estableció en la localidad); Aurelio Giroldi (Conductor de ómnibus, albañil y fruticultor); Francisco Macciello (albañil) y José Moretti Olyate (albañil y quintero).-
Muchas veces me he preguntado acerca del motivo que impulsó a esos hombres y a esas mujeres de otro tiempo, a tomar la determinación de treparse a un barco (con pasajes de “Tercera”), atravesar mares lejanos, y desafiar ingentes tempestades, en busca de un mundo nuevo, con gentes, paisajes y costumbres desconocidas… Donde solo sabían, que faltaban brazos para el trabajo, suponían que había algo de solvencia económica y que más allá de ciertos relumbrones raciales y algunos levantamientos guerreros, reinaba la paz, la concordia y la solidaridad….
Venían de una Italia, que además de conocer las guerras, conocía también en carne propia la disparidad económica, social y cultural que existía entre sus distintas regiones y donde los del Sur (como muchos de los que llegaron a esta localidad), eran los más perjudicados.-
Se elevaron los impuestos decretados por el Gobierno, aumentó la población, decayó la producción artesanal y los minifundios, fueron cada vez menores.-
Los cereales que llegaban de América, se vendían más que los producidos por los campesinos italianos.-
Aumentó la malaria, la pelagra, se vinieron abajo las cosechas con motivo del aumento en los aranceles aduaneros, el gobierno se preocupó en construir más ferrovías y la miseria, fue tomando cuenta de todo.-
Muchos italianos del Sur, terminaron sobreviviendo a base de polenta y de pájaros que cazaban como forma de ingerir proteínas….
Por lo tanto, no les quedó otro remedio que partir con las pocas ropas y enseres que les quedaban, hacia la América del Sur y a trabajar, en lo que viniera….
Muchos de ellos, jamás, retornaron a la tierra italiana ….Para qué?...Si esta Patria Oriental, les había dado trabajo, cobijo, paz y amor….A cambio de un recuerdo que no era grato, que no se iba de la mente, que estrujaba el alma y que les arrancaba lágrimas eternas.-
Francisco Antonio Padula Furiatti, junto a
hijo: Luis Justiniano

          UN PERSONAJE MUY PARTICULAR…

Sin despreciar a ninguno de ellos, entre los italianos e italianas que llegaron a este pago, elijo a uno para hablar de él, por sus datos biográficos, por la popularidad de la cual gozó en el pueblo y porque nunca dejó de lado “la impronta italiana”.-
Dueño de un genio tremendo, trabajador incansable, simpatizante del Partido Nacional, acérrimo enemigo del Comisario José Germán Muiño y el que les ganó a todos en edad, porque murió con casi cien años….Incluso, hasta cuando lo llevaban a enterrar al cementerio de Vergara, dio lugar a otra de las tantas leyendas que atravesó los tiempos y recorrió los caminos sinuosos de la memoria, hasta posar en el nimbo azulado de nuestra generación.-
Es que nadie supo porque no se hablaba ni se miraba siquiera, con Carlos Zito Bonelli (el hijo del italiano Roque) que tenía carpintería y empresa de “Pompas Fúnebres”, frente a su casa.-
Había pedido por favor a los hijos que el día que muriera no lo llevara a enterrar “su enemigo”. Y cuando la luz de sus ojos, comenzó a cerrarse de a poquito, desde el lecho de muerte, con el genio incontenible, tratando de cerrar los puños con sus dedos temblorosos y huesudos, alcanzó a musitar imperativamente: “Qui no mi cheve cuesto…..gringue maledetto”…. Y se apagó definitivamente…
Sin embargo los familiares no le hicieron lugar al pedido del anciano y como no tenían ningún problema con Carlos Zito, contrataron los servicios de éste y lo velaron en la casa. Cuando lo llevaban a enterrar, los dos caballos que cinchaban el carro funerario, al llegar a la Cañada “El Charco” en la mitad del pueblo, camino a la necrópolis de Vergara, comenzaron a relinchar y a pararse de manos desobedeciendo totalmente, las órdenes del cochero, que era Juan Cándido.-
Estaban furiosos y un grupo de comedidos, tuvo que ayudar a desprenderlos…
Seguidamente, consiguieron dos caballos más con Juvenal Fabeiro, que tenía comercio en “La Cuchilla” y carro de reparto de mercaderías por las casas del pueblo.-
La suerte, fue parecida a la anterior. Porque los prendieron a la carroza y tocaron al galope hasta la puerta del cementerio, nerviosos, “testereadores” y fuera de sí.-
Cuando por fin lograron llegar los dolientes y acompañantes, que habían quedado lejos retrasados, los caballos de Fabeiro, desprendidos del carro venían corriendo rumbo a la querencia, bufando y relinchando en una forma por demás extraña….
Ahí la gente del pueblo empezó a comentar por lo bajo:- Esto pasó porque el hombre viejo, no se daba con el “Gringo” Zito…Y ni después de muerto, le perdonó la ofensa que tenía!….
Entonces, aquí y en este momento, surge el nombre de ese personaje tan particular: Francisco Antonio Padula Furiatti.-
Nacido en la ciudad de Potenza, región de Basilicata (Italia), un día 2 de diciembre de 1845, hijo de los esposos italianos: Giussepe Padula y María Luigia Furiatti.-
Un 23 de octubre de 1895, llegó al caserío de “El Parao”.-
Ya estaba casado con la italiana Inés Merlino (también de Potenza), tenía dos o tres hijos por los menos y había estado radicado en el “Paso del Dragón” (Cerro Largo), adonde había llegado, traído (quién sabe de dónde?) por don Plácido Rosas Cabero…
En octubre de 1895, compró a “Juca” Vergara, 1600 metros de terreno, ubicados en la manzana Nro. 20 y en la suma de 63 pesos.-
Dicha manzana, estaba y está circunscripta entre las calles: Jacinto Ruiz, Coronel Marcelo Barreto, Fortunato Jara y Dionisio Coronel.-
Inicialmente, compró la parte que está sobre la calle Marcelo Barreto y allí mandó levantar sus primeras poblaciones (hoy, ubicadas frente a ABITAB Vergara y pertenecientes al Escribano José Luis Cuello y al Sr. Nelson Pintos Antúnez).-
Una vez establecido en el caserío, comenzó a plantar quintas, a criar vacas lecheras, a arar la tierra….Luego puso un comercio y ayudó a su esposa en la crianza de los hijos: Luis Justiniano; Viterbo Rosa; Filomeno Alberto; Felipe Filomeno; Nicolás Vicente; Francisco Ricardo y Santina Justiniana….
Prosperó en sus negocios y el día 28 de diciembre de 1904, compró a Braulio Silvera, parte del terreno que originariamente había pertenecido al Agrimensor Manuel Coronel Muniz y específicamente, el que hace la esquina de las calles Marcelo Barreto y Jacinto Ruiz, donde con el devenir de los años mandaría edificar “El Altillo”.-
El día 1º de diciembre de 1905, Padula, instaló zapatería sobre la calle Marcelo Barreto (donde conocimos viviendo a los esposos: Justino Carbajal y Blanca Oxley) y para mejorar la misma con nueva maquinaria y mercaderías acordes al rubro, el día 9 de setiembre de ese año, viajó a Montevideo acompañado de su hijo Luis, para las compras correspondientes.-
Aprovechando el momento, viajaron a Buenos Aires y visitaron familiares que vivían en Ramos Mejía.-

                               “EL ALTILLO” UN REFERENTE SOCIAL….

En el año 1910 aproximadamente, los italianos albañiles Lucas Ducatelli y Leonardo Di Bueno, comenzaron a pedido de don Francisco, la construcción de “El Altiche”- como él, solía llamarle- en un lugar privilegiado: frente a la Plaza “Confraternidad”.-
Allí está aun. Erguido, solitario y desafiando el paso de muchos vendavales que han surcado el espacio “a todo trapo”. Y sin duda, es uno de los íconos de aquellos años donde los sueños y las esperanzas, caminaban a la par del progreso.-
Cuentan que sus cimientos tienen dos metros de profundidad. Están rellenados con piedras que fueron extraídas del campo de Garate, en los alrededores de Vergara y que una noche, mientras no habían sido rellenados aun, fue puesto en el interior de los mismos, Felipe Padula y dejado allí hasta la madrugada cuando se le retiró, para que no pudiera asistir a un baile.-
Los ladrillos con los cuales fue levantado el edificio, fueron elaborados por el italiano Carlos Bonelli y para alcanzar la parte superior del mismo, eran tirados “al boleo” por varios brazos que se agrupaban en lugares estratégicos.-
La inauguración del “Altillo de Padula”, ubicado en la esquina de las calles Jacinto Ruiz y Coronel Marcelo Barreto, de Vergara, sucedió el día 18 de julio de 1913.-
Hubo actividad musical con la presencia de la orquesta de la casa, integrada por los hermanos Padula Merlino: Santina (que tocaba la pianola o el violín); Francisco (que tocaba el violín); Felipe (que tocaba la flauta); Filomeno (que tocaba el clarinete o la guitarra) y otras guitarras que se alternaban entre: Casiano Bonilla, Justino Carbajal, Jacinta Viera o Magdalena Barone.-
Pero también es de destacar que el Cura Miguel Lacroix Esain (amigo de los Padula) que residía en Treinta y Tres, aprovechó ese momento para dar a conocer un poema de su autoría donde elogiaba al pueblo y al arroyo Parao.-
Lo dicho en líneas anteriores: los sueños y las esperanzas caminaban a la par del progreso…. Y por ello, en la planta baja del altillo se ubicó el comercio de los Padula, bien surtido y con carro de reparto por la zona rural.-
Carnavaleros y murguistas de alma, a partir de 1905 (según está documentado en los libros policiales) y hasta muchos años después, los Padula, el viejo italiano y sus demás coterráneos, animaron y encendieron las luces de la alegría en muchos febreros de aire tibio con olor a malvón…
“Los Loberos”- la murga de los Padula-, “Los Gorriones”- la murga de los Scarano-, el fútbol, los bailes, las quemas de la barrica de alquitrán y de un Judas en el medio de la Plaza, durante la noche de “San Juan”, ciertos disfraces que hasta ahora prevalecen en los carnavales; la Banda de Música del “Centro Filarmónico”; el cine “mudo”; una propuesta de alumbrado público, en el año 1924 y hasta el equilibrista “Jaminson Dick” que se trepó en una bicicleta por encima de un hilo de alambre, hasta la parte superior del “Altillo”, en una noche de febrero de 1934, fueron hechos que no escaparon al contralor y al “ojo clínico” de don Francisco ….El cual, escondido detrás del oficio de zapatero, era el patriarca, el consejero y el catalizador, a la hora de apurar o de serenar los ánimos.-
Su esposa: Inés Merlino, falleció a los 73 años de edad, un día 20 de enero de 1930.-Mientras que él, viudo y con 98 años, falleció un 4 de octubre de 1944.-
Ambos, descansan en el cementerio de Vergara.-
Muy lejos, de aquella Potenza italiana, que un día, entre montañas,“canzonettas” y caminos, los vio perderse para siempre, entre el límpido terciopelo de los horizontes.-

(Investigación realizada por el Escribano José Luis Cuello Núñez y por Jorge Carlos Muniz Cuello).-
Texto: Jorge Muniz
Vergara, 4 de diciembre del 2016.-


Carlos Bonelli y parte de su familia
                                                                       


                             


No hay comentarios:

Publicar un comentario